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Crónica: Primavera Club - Madrid (26/11/2010)

26/11/2010, Madrid
9.0
9
Neu! Club, Charada, El Sol, Caracol y C.B.A., varios aforos
Precio: varios precios

Con resaca evidente en las caras de los que tuvimos la indecencia de ver a Holy Fuck la noche antes, comenzaba la tercera jornada maratoniana de festival. A las cinco de la tarde comenzó en La Boite, no sabemos cuanta gente se acerco a ver los conciertos pero merecen un digno aplauso.

La expectación con Rubik había sido incrementada con su actuación del día antes en Nasti, así que tocó ser precavido y no ir con la hora pegada a su segunda actuación madrileña. Mi idea iba hacía la idea de que no me sorprenderían tanto como decían, pero no porque no me fuera a parecier una actuación sobresaliente, sino porque ya la esperaba de antemano. La realidad fue cierto y me sorprendieron mucho. Su pop preciosista, detallado y cuidado gana numerosos enteros en vivo, aportando más matices a su ya de por si buen trabajo de estudio. Pero no todo quedó ahí, porque cuando quisieron sonaron a Mercury Rev pero también sonaron a post-rock, a rock alternativo e incluso con algún punto muy ruidoso. Sin duda alguna son uno de los nombres priopios del festival.

Luego, otros que cosecharon buenas críticas la jornada previa. Una vez más, en una sala notablemente más pequeña y desprovista de buena visibilidad, a la que no es conveniente llegar (como yo) con el concierto empezado. El concierto de Rural Alberta Advantage fue de menos a más, con cierto pasotismo de la gente que terminó abandonando el aforo casi completo con el que comenzaron. Su sonido fue bueno en vivo, pero se puede decir que necesitan de algún matiz extra en su directo, como en disco podemos escuchar. Menos mal que su batería es una auténtica maquina a los tambores, porque ni él ni ella se bastarían por si solos para defender las canciones.

La tercera actuación de la yincana de jornada estuvo en Caracol, de la mano del punk agradablemente revisitado de Cornflakes, padres de la escena punkcore de Barcelona y más concretamente de toda el movimiento que trajo el sello Bcore. No entiendo que un grupo así no atraiga gente en exceso y si Wavves, y está vez no vale decir que ya los verás otro día (porque está reunión promete ser exclusiva) ni que no pegasen (han tocado hasta en Benicassim, si no me equivoco). El caso que dicho esto hay que reconocer que mereció la pena verles por su legado, pero no por su discurso actual, que demostró que están fuera de forma. Consiguieron hacer sonar mal la casi siempre infalible sala Caracol y al acabar nos fuimos con alegría a ver a Tweak Bird.

Con la ayuda de la línea 3 de Metro, llegamos a tiempo del stoner divertido de estos hermanos, que probablemente serán uno de los mejores recuerdos de este Primavera Club. la verdad que la sesión de decibelios directamente heredados de Black Sabbath fue una cura de oídos perfecta, así como una etílica y sudorosa demostración de fuerza y precisión. Es increíble lo bien que consiguen llenar la sala con sólo batería y guitarra (theremin simultáneo a esta en ocasiones) en una actuación que se aprovechó perfectamente de las cualidades sonoras de El Sol. Una pena que algún desalmado se dedicase a tirar agua a su batería, porque más bien había sido para haberle sacado a hombros al susodicho percusionista.

Ahora con muchas prisas nos acercamos a ver que tal se les daba a Jim Jones Revue en la sala Caracol, ya que el día previo había sufrido problemas de aforo considerables. Llegar justo con "High Horse" fue una perfecta visión de la historia, con una sala Caracol a punto del lleno y con unos bailes en las primeras filas de los que no tuvimos en Rock Kitchen. Jim por fin estuvo en su salsa, lanzando miraditas a la gente y poniendo un calor agradable en nuestra querida sala. Es una pena que cuando la gente más se estaba animando el concierto llegó a su hora de finalización, porque pudo ser fácilmente la ocasión con más baile rocanrolero de la historia de Primavera Club.

El último checkpoint era el Círculo de Bellas Artes, punto de encuentro final para todos los que veníamos del resto de salas. Tuvimos la suerte de solamente permanecer una hora en la cola pasando frío, porque al menos conseguimos entrar justo para cuando Holy Fuck comenzaban su segundo concierto madrileño. El resto tuvo menos suerte, llegó apenas unos minutos más tarde pero no pudo dar cuenta de lo que ocurrió en el Círculo de Bellas Artes. Es necesario que para el año que viene se incluya un espacio paralelo de música nocturna y festiva para los que no quieren disfrutar los conciertos y sólo tomarse la última copa, porque al final molestan al que se interesa por ver todos los conciertos posibles.

Lo de Holy Fuck esta vez no pudo ser disfrutado en un lugar cercano, con la consiguiente pérdida de calidad de sonido en mis oídos. Una pena, porque su actuación volvió a ser sobresaliente con esa soberbia mezcla de ritmo y ruido electrónico. Esta vez no dejaron que hubiese demasiada invasión final, pero se puede decir que ya tienen hits como para que la Sala de Columnas del Círculo de Bellas Artes se venga abajo. Un valor seguro para futuras visitas.