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Crónica: Primavera Sound - Barcelona (30/05/2014)

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SLOWDIVE
Slowdive
Avalyn
Catch the Breeze
Crazy for You
Machine Gun
Blue Skied an' Clear
Souvlaki Space Station
When the Sun Hits
She Calls
Golden Hair (Syd Barrett)


PIXIES

Bone Machine
Wave of Mutilation
U-Mass
Gouge Away
Bagboy
Caribou
Crackity Jones
Magdalena 318
Velouria
Ed Is Dead
Indie Cindy
Nimrod's Son
La La Love You
Greens and Blues
Brick Is Red
Hey
Mr. Grieves
Here Comes Your Man
Isla de Encanta
What Goes Boom
I've Been Tired
Monkey Gone to Heaven
Debaser
Vamos
Where Is My Mind?


SLINT
For Dinner...
Breadcrumb Trail
Nosferatu Man
Pam
Glenn
Washer
Don, Aman
Ron
Good Morning, Captain

El viernes fue una jornada marcada por la lluvia. Marcó parte de los conciertos del parque por la mañana y también marcó nuestro primer acercamiento al Fòrum justo a tiempo para Drive-By Truckers. Alguien ahí arriba no es nada amigo de la música de los de Athens, ya que la cosa duró exactamente de principio a fin de su recital. Patterson Hood y compañía desgranaban con buen sonido (y esto lo digo porque desde la zona de comida se distinguían perfectamente los temas) un cancionero que quizá tuvo demasiadas paradas en su momento actual, cosas de una alineación siempre evolucionando, por decirlo suavemente. Y lo hicieron ante, claro, poco público dispuesto a calarse hasta los huesos al principio de una larguísima jornada.

Casi rezamos para que escampara de cara a Loop y de hecho lo hizo, así que lo mismo hay que replantearse esto de la fe. Para qué lo vamos a negar, estos pioneros del revival fuzz británico en los 90 están mayorcitos y sobre el escenario seguramente no puedan competir con el ímpetu de las generaciones actuales, pero se notaron las tablas en la solidez de su propuesta que quizá hoy no suene muy original pero resulta perfecta para dejarse llevar. Lo contrario tenemos que decir de lo que vimos de Speedy Ortiz. Tienen buenas canciones pero hay algo peligroso en esa mezcla de amateurismo y alt-rock de radiofórmula y es que la cosa hace aguas por un lado y por el otro. Los temas lentos tampoco ayudan.

SON LOS 90

La primera parada obligadísima del día era Slowdive. Confieso que era escéptico respecto a la capacidad de enganche de este concierto. Dentro del shoegaze, ellos juegan con una languidez mayor que otros y tenía serias dudas de que me mantuvieran en vilo todo el minutaje. Pues ese magma etéreo, esos muros de guitarras, esa dualidad entre Neal Halstead y la encantadora Rachel Goswell y por qué no, también ese sobrio telón con el logo de la banda que servía como punto de fuga, dieron paso al anochecer en una experiencia de lo más sugestiva. Y eso en un escenario grande y pese a que se dejaron deliberadamente algún "hit" por el camino. No sé qué recorrido tendrá la reunión pero a buen seguro que verles una vez en sala merecería la pena.

A darse la vuelta tocaba, como si la zona Llevant, bautizada por casi todo asistente ya como "Zona Mordor", fuera un microcosmos noventero y pasáramos de UK a USA para ver ahora a los Pixies. La suya era una actuación temida por motivos diferentes. Muchos, entre los que no me encuentro, recelan de su nuevo cancionero. Quizá por ser festival, quizá porque ya han pasado esa fiebre de tocar todas las nuevas, no hubo excesivo peso de "Indie Cindy" en el setlist y lo que hubo fue intercalado de forma razonablemente inteligente con antiguos hits. Como se ha demostrado en las sucesivas giras de reunión, el repertorio de los de Boston les permite además bucear en sus discos sacando a relucir por supuesto el hit más claro y también temas menos evidentes. A destacar el emotivo momento en que se cedió el protagonismo a David Lovering para interpretar su "La La Love You" o la exhibición ruidística de Santiago en "Vamos".

Pixies pueden ser una banda disfuncional, pero quizá ahora que Kim ha decidido quitarse del medio, lo sean menos. En este sentido, toca aplaudir la labor de Paz Lenchantin, tan encantadora como Deal, más comedida que Shattuck y que cumplió bien a bajo y coros. Puede que no sea lo mismo, pero seguramente es una balsa de aceite para la banda. De hecho vimos a una banda solvente despachando historia del indie-rock en un entorno en el que si algo falló, fue seguramente un público excesivamente estático. Parece que el pogo ha muerto y ahora sólo se lleva canturrear "Monkey Gone to Heaven" y "Where is my Mind?". Una pena.

 

RUIDO A DIFERENTES REVOLUCIONES

Corriendo tocó ir hacia Slint. Era fácil, se podía seguir el nítido y atronador sonido ya según nos acercábamos por el antiguo ATP. Lo que nos encontramos fue algo mágico. Vistos otros casos similares, nos sorprende como una banda con tantísimo periodo de inactividad pueda retomar su cancionero con tal entrega y solemnidad. Impresionante tanto el buen hacer de los músicos como el respeto del público en los momentos lentos (algo que generalmente fue vital en todos los grandes del post-rock que tocaron este año en el ATP), en los desarrollos slowcore o en los momentos de spoken-word. Si me abstengo de calificarlo de "actuación del festival" simplemente es por no haberla contemplado en su totalidad y por tanto no haber sido capaz de meterme del todo en la experiencia.

Para el final nos dejábamos una selección de variopinto ruido. Primero pudimos comprobar como Deafheaven estaban metiendo ruido a tope en el Pitchfork, merced del retraso acumulado en ese escenario. Cada uno tiene sus valoraciones sobre la banda, pero de su directo no hay nada malo que decir. Pero empezaban al lado Kvelertak, con un show arrollador que encantó a muchos y dejó al descubierto lo que no nos cansamos de repetir. En el Primavera hace falta punk y metal. Es decir, hace falta más allá de los hypes de la temporada. Porque Kvelertak tampoco hicieron nada del otro mundo, pero aún así triunfaron seguramente por su posición desmarcada en el cartel. Punk-rock con derivas más thrasheras que black (etiqueta que seguramente arrastran por eso de ser noruegos), todo en una mezcla muy garrula para bien y monótona, para mal. Cuando la mayoría de su set alcance el gancho melódico que sí tienen alguno de sus hits entonces sí, serán una fiesta por todo lo alto.

Puede que ambas formaciones compartan público, pero lo de Jesu a continuación en el mismo escenario no cuajó. Y no por, como alguno se queja, el hecho de que su música vaya tan pregrabada (cosas del proyecto) sino por un sonido con el que su música, que de por sí pide paciencia, sonaba excesivamente igual en las diferentes canciones. Sus melodías no brillaron, la catarsis no se gestó, lo podemos llamar como queramos pero ahí no hubo comunión. No es que fuera difícil entregarse al headbanging continuo, pero claro, se trataba ya de que el espectador pusiera casi más de su parte que el propio Justin. Esos problemillas con el Windows Media al comienzo del concierto tampoco contribuyeron a crear clima.

Tras recuperarnos un poco del bajón con los ritmos rotos de Factory Floor (nada nuevo en el panorama rave, pero muy efectivo), el fin de fiesta freak lo tuvimos con Wolf Eyes, indefinible performance del ruido. Una de esas actuaciones que no sabes si tomarte en serio o no, pero que al menos te desafían algunos conceptos escénicos. Y así, tras una jornada muy ruidosa, quedábamos vistos para la sentencia del sábado.

 

FOTOS: Primavera Sound, Eric Pamies


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