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Crónica: NOS Primavera Sound - Oporto (08/06/2017)

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Tras muchos años de dar cuenta de la edición barcelonesa del Primavera Sound, era hora ya de hacer lo propio con la de Oporto. Que el hermano pequeño portugués es una versión con el mismo gusto pero en formato más cómodo, era un secreto a voces que pudimos confirmar ampliamente. La experiencia de NOS Primavera Sound pasa por eliminar gran parte del desgaste físico que caracteriza a Barcelona, gracias a un idílico entorno boscoso en el Parque da Cidade, laderas que permiten descansar (incluso reparten bolsas de picnic con manteles para dicho menester) y cuatro escenarios muy próximos entre sí. En resumen, notamos en NOS Primavera Sound la marca Primavera, pero también un carácter lo suficientemente distintivo como para que haya quien se plantee asistir a ambos festivales.

 

NOS PRIMAVERA SOUND, SOBRESALIENTE EN ORGANIZACIÓN

La buena organización en Oporto destaca sobre todo por una genial colaboración con la ciudad. Se elaboran folletos junto al consorcio de transportes sobre como llegar al festival, las paradas de autobús incorporan carteles indicativos para llegar al festival, en el aeropuerto había un puesto de información del festival y hasta dentro del recinto había una caseta para comprar el billete del shuttle-bus que lleva de vuelta al centro. Sentimos que, mientras en Barcelona el Primavera Sound es un evento más en una gran metrópolis, en Oporto los detalles están más mimados. Dentro del recinto, si tenemos que destacar alguna diferencia, sería que en las barras (en este caso patrocinadas por la local cerveza Super Bock) la gente hace rigurosas colas en vez de agolparse. No podemos decir que sean muy eficientes en cuanto a rapidez, pero son ordenadas.

El festival cuenta con los 4 escenarios citados. Los dos principales son el NOS (con su singular torre luminosa que se mueve al ritmo de la música) y el Super Bock, en laderas contiguas y separadas únicamente por árboles. Estos dos eran los únicos abiertos el jueves. Adentrándose un poco hacia arriba en el bosque el viernes descubriríamos el anfiteatro natural que es el Palco. (anteriormente ATP). Al estar tan cerca, una pequeña pega es que se mezcla el sonido con el Super Bock, aunque generalmente solo ocurre en los silencios. Finalmente, tenemos el Pitchfork, único escenario de asfalto y el elegido para cerrar las jornadas, congregando a la gente cerca de la salida. Cabe comentar también que el miércoles el festival comenzó con conciertos y dj sets en varias salas céntricas, destacando la programación del Hard Club, institución del rock en la ciudad, donde pudimos ver propuestas tan diferentes como la irreverencia de Las Bistecs o la clase electro-rnb de Jessy Lanza.


MÚSICA POR ENCIMA DE ESCENAS

El jueves ya pudimos apreciar como los locales se toman el festival en serio. Desde primera hora, el lleno era bastante notable y tanto la propuesta onírica de los pujantes Cigarettes After Sex como el choque de música anglosajona y portuguesa de Rodrigo Leao & Scott Matthew contaron con muy buena asistencia, muy alejada de la imagen de los conciertos iniciales del PS Barcelona que suelen ser sólo para fans muy madrugadores. Y eso que es difícil atraer a la gente desde primera hora de la tarde para un cartel que va desde lo ambiental al rap oscuro o la electrónica de masas, pero queda claro en sucesiones de artistas de tan diverso pelaje como estos, que el modelo Primavera ha calado, también en Porto.

Miguel, al que muchos tildan de "nuevo Prince", con su visión musical vitalista y festiva se hizo con el público del NOS. Lo que más nos chirriaba era que Arab Strap tocasen a continuación en un escenario grande (el jueves tan sólo había dos escenarios operativos y alternos) con una propuesta que tira más bien al sadcore. Pues los escoceses fueron bien acogidos y eso que cargaron mucho las tintas en el post-rock adornado con violines y spoken word. La parte final sí que ahondó más en los ritmos electrónicos, ofreciendo una sensación de zozobra estilística, de la que salieron no obstante, triunfadores.

Y eso que estaban en un sandwhich curioso, pues a continuación Run The Jewels se demostraron como una de las actuaciones más esperadas del festival. Con sus características manos tanto en atrezzo gigante como en pantalla, Killer Mike y El-P hicieron las delicias de sus muchos fans sobre todo con los temas de su segundo disco, que eclipsa tanto al debut como a su lanzamiento más reciente. Quizá su propuesta en disco no tenga demasiada trayectoria ya, pero han hecho historia acercando hip-hop a las masas y haciendo posible que hablar de respetar a las mujeres o mentar al "proletariado" en un festival de rock, no vaya reñido con la diversión.



Después, Flying Lotus apareció en formato solo tras una pantalla de motivos psicodélicos. Su propuesta fue interesante desde el punto de vista electrónico pero claro, a años luz de lo desempeñado en su último disco repleto de sonoridades jazz, "You're Dead!", por mucho que pinchara en el ocaso de su actuación su hit con Kendrick Lamar. Son muchos años reivindicando su presencia en el festival y nos quedamos con las ganas de verle hacer algo más orgánico. Y de la electrónica vaporosa de Lotus, el festival cerró con el espectáculo de Justice; potente, visual, plagado de hits y amplificadores de cartón, aunque a los hijos de los 90 nos parece que esto se lo llevamos viendo hacer toda la vida a gente que aún sigue en el redil como Daft Punk y Chemical Brothers.

Fue una exitosa jornada inicial, pero para qué nos vamos a engañar; echamos de menos más escenarios y alternativas. Había ganas ya de viernes.