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Crónica: Riff Truckers, The - Bilbao (20/08/2011)

20/08/2011, Bilbao
8.0
8
Bilborock, Casi lleno a medio lleno
Precio: Gratis

Qué mejor forma de comenzar la Aste Nagusia que con conciertos. Aún pese a la gran bajada de nivel de las fiestas bilbainas, algunos no las entendemos sin música en directo. Alguna cosilla en txosnas y muy poco en los escenarios grandes, junto a la cada vez más necesaria iniciativa privada nos levantan algo el ánimo pero este año el bacalao se cortó en la iglesia de la Encarnación, vaya que si. Si no que se lo digan a los gernikeses The Riff Truckers que consiguieron llenar la sala y mover al público como nadie lo hiciera en toda la semana que estaba por venir.

Esta banda de colisión vasco-americana está en un gran momento y a cada directo ganan más adeptos con su rock n roll de aires tanto punk como blues, una especie de Clutch patrios mucho más fiesteros y alcohólicos. Y es que, si vaqueros, gorras americanas o camisas de franela les acompañan, por encima de todo es el whiskey el que baña todo. También las gargantas del público de las primeras filas al que, también esta vez su cantante regó con este anciano brebaje. Público entregado como decimos que cabeceaba, daba palmas o levantaba las manos a voluntad del carismático frontman y sus auténticas pintas de redneck. Todo un espectáculo rematado por la ya frecuente colaboración de Eneko MobyDick para dar aún más potencia a sus guitarras y el fin de fiesta on su gran pequeño éxito, "Johnny Whiskey".

Casi como el día y la noche, cuando llegó el turno de Ornamento y Delito, no sólo el público estaba mucho menos entregado (a decir verdad tampoco es que su oscura sátira se preste mucho al desenfreno) sino también la sala bastante vacía. Y mira que son probablemente la banda con más predicamento de todas a nivel estatal; afincados en Madrid, con una sólida discografía detrás, un contrato con un sello indie potente... pero supongo que Bilbao demostró una vez más su condición de ciudad muy rockera y nada indie. Nada achacable a la banda, que musicalmente desplegó muy bien esas influencias desde el after-punk y el kraut hasta el indie-rock de los 90, ese ruidismo, esos ritmos marciales, esas voces muy poco domesticadas y por supuesto esas magníficas letras que se salen de la mediocridad reinante en la escena. Y temas con nombre propio como "Extrarradio", "Canción de la muerte" o "Madrid". Y como amantes de las fiestas, no perdieron oportunidad para criticar algún que otro vicio de la Aste Nagusia, fieles a su idiosincrasia.