/Crónicas///

Crónica: Lagwagon - Madrid (21/07/2017)

21/07/2017, Madrid
9.0
Joey Cape, Chris Flippin, Chris Rest, Joe Raposo, Dave Raun
9
Sala But, Lleno
Precio: 25 euros
http://feiticeira.org/

Ahora que los fans del punk de California echan de menos a No Use For a Name, son Lagwagon quienes desde 2008 -principalmente en festivales- han ido viajando con cierta asiduidad al otro lado del charco. Y aunque de la terna de grupos del cartel sólo Face to Face “estrenaban” nuevo disco (“Protection” fue editado en marzo del año pasado), este tipo de conciertos podría resumirse en lo que ya se han convertido las giras de grupos clásicos que no lanzan nuevos trabajos o lo hacen puntualmente tras varios años de parón creativo: una fiesta del recuerdo colectivo… con la incertidumbre sobre el estado de forma de sus protagonistas.

El primer rótulo al fondo del escenario refrescaba la memoria a los seguidores del género en España: punk rock andaluz desde 1998. Los jerezanos G.A.S. Drummers han sobrevivido al auge y caída en popularidad del hardcore melódico y su receta ha sido complicadamente sencilla. Buceando entre referentes, han amarrado al sonido de sus últimas obras influencias de Hüsker Dü, Samiam o Propagandhi, coloreando así su patrón de canciones sin descuidar la rítmica. Por otro lado, el firme y preciso armazón construido por la experiencia de su trayectoria sostiene su puesta en escena con una madurez que nada tiene que envidiar a los grupos de fuera. Apelando, pues, al comentado espíritu nostálgico, rescataron sin complejos su “hardcore pastillero” (ej.: “Missing Bullets” de su ópera prima “Proud To Be Nothing”) para mezclarlo en su particular batidora de estribillos emocionales y positivos. La evolución de su sonido no se proyectó de forma tan evidente porque incluso los minutos finales, seleccionados de su último disco del 2013 (“Red Carpet”, “Phoenix”, “We Got The Light”), se contagiaron del tono general perdiendo los pequeños matices frente a la descarga desatada.

Con Face to Face asistimos al primer capítulo de una intensa “batalla” de bajos entre las dos bandas foráneas -aunque Scott Shiflet pinza y puntea con pasión, era una guerra perdida frente a Joe Raposo, pieza clave del sonido de Lagwagon en directo-. Pero la gran novedad en el grupo liderado por Trever Keith era el reemplazo en la guitarra de Chad Yaro por Dennis Hill. Sin ninguna certeza sobre su capacidad en el estudio, cumplió en el directo con creces (regaló una instantánea sublime al lanzarse con su instrumento sobre el público). Con un setlist marcado por cartas ganadoras procedentes de su particular trío de ases -los álbumes “Don't Turn Away” (1992), “Big Choice” (1995) y “Face to Face” (1996)-, sonaron “You Lied”,  “You've Done Nothing”, “Ordinary”, “I Won't Lie Down” o “Blind”. Antes de terminar con “It's Not Over” y “Disconnected”, imbricaron entre medias y con mimo las nuevas canciones (“Bent But Not Broken”, “I Won't Say I'm Sorry”, “Double Crossed” y “Say What You Want”), tarea facilitada por el regreso al sonido primigenio que atesoran la terna de discos antes citados.

Los grupos no estaban sonando nada mal y sólo faltaba el principal reclamo: Lagwagon. Y es que si hay algo en el rock que genere temor en bandas y público es la traslación del estudio al directo. En el caso del punk/hardcore, doble escollo, porque la colisión de guitarras distorsionadas a gran volumen puede resultar en amorfo batiburrillo. Sumemos además los aleatorios factores ‘acústica’ y ‘posición dentro del recinto’ en la ecuación. En el caso que nos ocupa, no sólo el sonido variaría en función de escasos metros de distancia, sino que el micro de Joey Cape sufrió, tras media docena de temas, un suave filtrado de intensidad que desplazó sus melodías tras las capas generadas por las cuerdas de bajo y guitarras. Detalle sin trascendencia ante lo realmente importante: el grupo destila una actitud sobresaliente en el escenario tras 27 años de trayectoria.

Transcurrido el primer cuarto de hora, cualquiera diría que el reloj se había detenido en 1996 y asistíamos a la gira de “Hoss” (tras arrancar con “Island Of Shame”, encadenaron 5 temas de este disco – clásicos como “Violins” y “Sleep”-  y más tarde ejecutarían “Rifle” y “Sick”). Pero la irrupción de “Western Settlements” de su último álbum (“Hang”, 2014), recordó al público que, a pesar de los tambaleos creativos y posterior hiato discográfico entre aquel año 96 y 2002, Joey Cape encontró los resortes de vuelta a la inspiración que han evitado un declive prematuro de la banda. En lo extra-musical, no fallaron algún soliloquio de Cape sobre el paso del tiempo, continuos guiños entre los músicos (esos piques llenos de ironía entre el gigantón Chris Flippin y el pequeño cantante) y libertad absoluta para que la gente se lanzara desde el escenario o surcara en volandas las primeras filas sobre la cabezas de los demás. Y así transcurrió el repertorio, entre el tributo al glorioso pasado de “Trashed” (“Coffee and Cigarettes”, “Give It Back”), calambres de tristeza al recordar a compañeros caídos (“Heartbreaking Music”), riffs metálicos y amargos para reflejar la épica (“The Cog in the Machine”), golosinas espitosas (“Alien 8”, “After You My Friend”), hasta alcanzar el último pildorazo de humor ácido con “Razor Burn”. Conclusión: la nostalgia, actualizada y bien celebrada, perdura más y mejor. 

Fotos por Robbie Ramone