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Crónica: Wombat Fest - Durango (18/04/2015)

18/04/2015, Durango
8.0
8
Plateruena Antzokia, 3/4
Precio: 17 / 30 bono
http://feiticeira.org/

El segundo día, el Wombat Fest comenzaba unas horas más tarde y siendo sábado, aquello auguraba quizá mayor afluencia de público. Aunque también eran menos bandas y no estamos seguros a día de hoy si una banda estadounidense como Russian Circles lleva más gente o menos que una de aquí como Toundra.

La cosa quedó prácticamente en tablas y de nuevo contamos con una sala bien poblada para ver abrir la noche a Jaundone, banda local apropiadísima para el festival cuyo estilo podemos resumir como una mezcla de los propios Toundra y Russian Circles. Post-rock con sus oscilaciones de calma y tormenta de los primeros y los marcados tiempos con cabezonas embestidas de los segundos. La originalidad brilla por su ausencia, cierto, pero con pocos meses como banda tienen un directo de un nivel impecable y eso que les hemos visto en mejores situaciones en sala pequeña.

Pero para directo mil y una veces ratificado, el de los madrileños Jardín de la Croix, baluarte del rock matemático y progresivo y absolutos reyes del fingertapping. Ya con nuevo bajista, pudimos comprobar como éste está perfectamente acoplado en el cuarteto y tiene tanto protagonismo como el resto dentro de esa tormenta de rayos gamma que recrean. Nos va cada vez costando más diferenciar temas entre su cancionero, en parte porque casi todo raya al mismo nivel, pero el calificativo de "tocones" se lo llevarán a la tumba.

Y ya nos metíamos en aguas internacionales con los Helms Alee, desde Seattle. Se trata de una banda curiosa, desde su composición de trío, hasta por qué no señalarlo, que dos terceras partes sean femeninas y por último, que los tres miembros tengan su rol vocal. Sus composiciones no son menos curiosas y en ellas caben ecos del rock progresivo, el postmetal, posthardcore y rock alternativo en general. Del berreo a las voces más melódicas, que en directo fueron quizá su punto flaco, sonaron atronadores con el runrun de fondo de toda la escena de Savanah pero una mayor amplitud que a mí me gusta comparar con la de Baroness. Quizá no el mejor directo del festival, pero sí una de las propuestas más sugerentes, por abierta y aún no vista por estos lares.

Ya sólo quedaban Russian Circles y desde luego si hay que reconocer algo al Wombat Fest es que para los cabezas de cartel han apostado por valores seguros. Más que contrastado es el arrollador directo del trío de Chicago, un carrusel de subidas y bajadas con muchas atmósferas que terminan desembocando en clímax que dislocan al headbanger más heavy del lugar. Gravísimos bajos, ensoñadoras guitarras y baterías que combinan precisión cirujana con pegada troglodita. Y todo ello envuelto en una atmósfera de irrealidad con unas luces que dejan al trío en especie de penumbra celestial, casi lo justo para ver que hay gente tocando ahí arriba, pero que lo importante es dejarse llevar por esos alargados y vertiginosos viajes que van recreando.

El set podríamos decir que más que equilibrado, se enfocó bastante a sus primeros discos, cosa de agradecer. Que a estas alturas suenen temas de su debut, en el que ni siquiera estaba aún su bajista actual Brian Cook, parece un acto de generosidad. En cualquier caso, fue toda una bendición esa redentora "1977" que demostró como, aunque a veces puedan tender a la repetición, algunos de sus nuevos temas en directo pueden brillar igual o más que los clásicos. Tan sólo echamos en falta algo de nitidez melódica pues a veces pesaba mucho la gravedad de los ritmos y no tanto esas cristalinas melodías de guitarra que les son tan características.

Al contrario que con Toundra, que se explayaron el día previo, echamos en falta un poco más de minutaje en el concierto de Russian Circles, aunque es cierto que con estos estilos es mejor dejar con ganas que pasarse de rosca. Y qué mejor que dejarnos con la agitación de "Youngblood", uno de esos temas con los que nos engancharon hace ya 7 años cuando les descubrimos en una Edaska comiéndose a These Arms Are Snakes nada menos. En definitiva, un cierre en lo alto para un festival al que auguramos un gran futuro.

 

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