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Crónica: Primavera Sound - Barcelona (26/05/2011)

SUICIDE

Ghost Rider

Rocket USA

Cheree

Johnny

Girl

Frankie Teardrop

Che

 

Dream Baby Dream

Si el día anterior había tenido como protagonista al Poble Espanyol y al cartel de “Aforo Completo”, en esta ocasión la noticia central venía de la mano de las tarjetas del festival. En esta edición se había implantado un sistema revolucionario para pagar cualquier tipo de transacción (reserva del Auditori, pago en barras, etc), cosa que funcionó bien en la jornada previa pero que falló cuando se fue a utilizar en el Parc del Fórum. Esto conllevó que se terminase aceptando dinero en metálico, no sólo el jueves sino durante el resto de festival, y que por otro lado la gente se olvidara un poco de beber y más de escuchar.

 

REVERB EN LA PLAYA

Pero el día comenzó lejos del Fórum, en la Barceloneta, donde disfrutamos de una de las siempre bienvenidas actividades paralelas del festival, que invadían la ciudad de música. Aquí estaba el bus de Red Bull, parado en el paseo de la playa. Aquí, tras los últimos coletazos de languidez folk-pop de La Familia del Árbol, Atleta llegaban para darnos la dosis de psicodelia instrumental desde lo alto del mastodonte metálico de color azul. Qué mejor escenario para realzar las poses de guitar hero de Jaume Pantaleón, aunque hiciera algo más difícil disfrutar por otro lado del estilo tocando la batería de Jose Roselló. Dieron rienda suelta a su hipnosis a base de pedal de efectos y conquistaron a más de un turista despistado que andaba en busca del sol barcelonés. (Raúl)

 

RADIANTE SOL PATRIO

Tocaba después metro al Fórum y confiar en que las colas no nos jugaran una mala pasada. Según entrábamos a toda prisa pillamos a Toundra comenzando su actuación en el nuevo y espectacular escenario Pitchfork. Los madrileños, calentaron el ambiente de lo lindo a primera hora haciendo a muchos moverse a base de temas de su (II) y algo del primero. E incluso se trajeron una vez más a Barcelona a su orquesta particular con gente de Emerge y Adrift para finiquitar con elegancia de teclados, cello y acústica una actuación que les demuestra cada vez más reforzados y menos encasillados en el nicho del post-rock instrumental. (Raúl)

Parece que por la cosa de tener un horario temprano no fue un premio, pero el reconocimiento a un grupazo tan inmenso como son estos gallegos en todo un escenario San Miguel es digno de aplauso. Otra cosa es que ni la susodicha hora ni el propio escenario beneficiara demasiado su habitualmente incontestable directo, ya que eligieron un repertorio muy de seis de la tarde y lo ejecutaron correctamente pero sin la habitual fuerza y garra, también debido a que el público andaba con poca gana de jarana aún. ¿Habría sido mejor a altas horas de la noche en algún escenario más pequeño? Pues seguramente si, pero allí estuvieron aguantando el calor con esa actitud encantadora y ruidosa por la que tanto les queremos, aunque no siempre den conciertos redondos. (Ricardo)

 

ALUCINADO ATARDECER

En el Ray-Ban, Sanae Yamada al teclado y Rippley Johnson a la guitarra, el psicodélico Moon Duo comenzó a soltar una a una sus bombas de fuzz guitarrero e hipnosis kraut con bases rítmicas pregrabadas. En poco tiempo, se han convertido en un proyecto paralelo de Wooden Shjips a una nueva encarnación de Johnson más directa e incluso bailable y su colección de temas, engarzados por un hilo común de ruidismo de aire retro, no defraudó. (Raúl)

Seguidamente, Of Montreal ofrecieron en el San Mguel la propuesta más glam de todo Primavera Sound 2011 (con permiso de Sufjan Stevens), o al menos de todas las que vimos. Capas, lentejuelas, calzas, maquillaje... los de Kevin Barnes, vestido de duque libertino o algo parecido, se presentaron sobre el escenario como una especie de ópera barroca que tuviera puesta todos los ojos en el Bowie ‘Stardust’ y en Marc Bolan. Sonaron divertidos desde un principio, gracias a las extravagancias de la puesta en escena y al teatrillo que se marcaron en plan pelea de lucha libre mexicana; cosa que suplió las carencias de los temas de sus últimos dos discos por otra parte. Eso sí, cuando picotearon sobre Hissing Fauna, Are You the Destroyer?, todo el mundo bailó. (Yuri)

Media hora más tarde, en el acogedor escenario Jägermeister, desplegaban Ducktails su pop-rock de aires psicodélicos al lado del mar. Su propuesta sencilla puso el lado más amable de un Primavera marcado por grupos experimentales, un agradable punto y seguido en el ajetreo primaveral. (Raúl)

Y a la misma hora, en el ATP, Seefeel ofrecían un concierto que tiraba íntegramente por la creación de atmósfera y cierta propensión hacia lo abstracto; justo lo que buscaban en sus trabajos de los noventa, a medio camino entre el shoegaze, el post-rock y la electrónica, y siguen explorando ahora en su regreso. Lo malo es que lo que funcionaba en disco en directo se nos antojó algo soso y reiterativo, o al menos nosotros no supimos entrar en el juego. O quizá es que no deberíamos haber pensado que iban a basar su actuación en Quique cuando tienen nuevo (y regular) disco... (Yuri)

En esta edición de Primavera Sound había unos cuantos nombres relacionados con el hip hop en todas sus vertientes, pero la propuesta de Big Boi era sin duda la más mayoritaria y pura de todas. El miembro de Outkast hizo sonar temas propios entremezclados unos con otros en plan medley pero sobre todo centrándose en "Sir Lucious Left Foot: The Son of Chico Dusty", con piezas tan redondas y bien ejecutadas como "General Patton" o "Shutterbugg", pero también con recuerdos a hits como "Miss Jackson". Habría sido más bonito que hubiese venido con banda, puesto que el haber visto gente verdaderamente tocando es siempre de agradecer, pero con todo y con eso demostró que es un peso pesado del hip hop más amable y repleto de bases gordas. Además, si no hubiese estado todo tan pensado al dedillo se habría ganado algo más, como demostró la demasiado perfecta sincronización con los videoclips de las pantallas. (Ricardo)

LA RABIA DE LA MADUREZ

Uno de los grandes conciertos del Jueves, y que no tuvo tanta afluencia como debiera debido probablemente a su actuación en el FIB del año pasado, fue el de John Lydon y sus renovados Public Image Ltd en el Llevant. Al igual que la mayoría de las glorias de la hornada fundacional del post-punk y de la no wave de las muchas que asistían este año al festival, ofrecieron un concierto intenso tanto en distorsión y actitud como, en su caso, capacidad integradora entre el rock y la electrónica. Sobre un escenario adornado apenas con el logo de la banda y unas redes sobre un falso muro, comenzaron, como no podría ser de otra manera, con “Public Image”, que puso en alerta al público, para seguir con una retahíla de cohetes de similar alcance como “(This Is Not) A Love Song”, “Death Disco”, “Religion” o “Flowers of Romance”.

Lydon estuvo efectivo, bajo férrea gabardina negra, con sus bruscos gestos y sus frecuentes tragos de whisky, pero tuvo que combatir en protagonismo con el multiinstrumentista Lu Edmonds, que cambiando continuamente de guitarra a mandolina o banjo eléctricos puso en evidencia a todos con respecto a versatilidad y presencia escénica. Hacia la mitad, la banda osciló hacia su vertiente electrónica y pop con la intromisión de las programaciones en temas como “Warrior”, “Disappointed” o “Rise”, ya en bises. Fue al terminar ésta cuando nos marchamos, habiéndose convertido lo que comenzó como un concierto de punk en toda una rave. (Yuri)

Mientras P.I.L. aún lanzaban sus últimas balas post-punk, Oneohtrix Point Never proponía un trance electrónico y psicodélico. Ambientes envolventes para interiorizar y alternar la abstracción reflejada de las pantallas con algún que otro momento de cerrar los ojos. Y es que el músico estadounidense de origen ruso se presentó sólo ante un portátil, que por cierto le jugó alguna mala pasada quedándose trabado. Un respiro dentro de la vorágine. (Raúl)

Y poco después, comprobábamos que lo de Grinderman no se queda en el capricho de Nick Cave de hacer un poco de ruido en estudio para desahogarse de los Bad Seeds y sus múltiples proyectos. Ya que en directo, o al menos lo que vivimos en el San Miguel esa noche de Jueves, lo suyo fue un pelotazo de puro ROCK orquestado por cuatro tipos duros curtidos a lo largo de décadas de escenarios. Y eso quedó claro desde casi un comienzo, ya que al poco de aparecer Cave ya había tirado la guitarra y el micro, bajaba hasta las vallas y se aupaba sobre las primera fila para seguir cantando, más bien gritando. Esto lo hizo varias veces, mientras Martyn P. Casey y Jim Sclavunos permanecían impasibles arriba y Warren Ellis se volvía loco a las maracas y al platillo, perfecto complemento a Cave en los momentos de mayor éxtasis.

Sonido sucio, quizá algo difuso en algunas zonas de un aforo tan grande, para poco más de una hora en las que destacaron trallazos como “Worm Tamer”, “Get It On”, “Heathen Child”, “No Pussy Blues”, o el momento de calma de “Palaces of Moctezuma”. Los lobos viejos aún aúllan a la luna, y de qué manera.

Durante el concierto, Nick Cave no había parado de insistir con que fuéramos una vez acabaran ellos a ver a Suicide en el Ray-Ban; situación que se repitió al día siguiente cuando el propio Jarvis Cocker preguntó a su amplísimo público quién había ido a ver a Martin Rev y Alan Vega. Y merecía la pena hacerles caso, ya que, más allá del colegueo entre bandas, la actuación de Suicide era a todas luces histórica, debido a los amplios períodos de inactividad del dúo, a la avanzada edad de Vega, setentón ya, y a la reinterpretación íntegra de su debut que iban a ofrecer esa noche del Viernes. Así que acudimos a un escenario sobre el que únicamente había un sintetizador, una caja de ritmos, un estrado y un micro. Toda una declaración de principios de cuando demostraron en aquel lejano 1977 que mediante la electrónica podían ser más punks que nadie.

Subió un técnico, los presentó y encendió la caja, de la que salió el mismo beat programado que han usado durante décadas y que retumbó en nuestras entrañas como si fuera el corazón del infierno. Y al poco subió la pareja, de apariencia retrofuturista y sin más miramientos arrancaron con “Ghost Rider”: Rev golpeando más que tocando las teclas, y Vega, estático debido a los achaques de la edad, pero todo presencia, cantando como le parecía y lo que le parecía. El volumen de los graves de los aparatos hacía temblar todo a varias filas del escenario y hacia a veces difícil diferenciar si estaban con “Rocket USA” o ya habían llegado a la definitiva “Frankie Teardrop”, pero aquí, al igual que con otros perros viejos convocados, lo que contaba era la actitud y dejar por los suelos a todos sus imitadores. Unos cincuenta minutos de apocalipsis después, se despidieron y volvieron con “Dream Baby Dream”, de su segundo disco. Ruido necesario. (Yuri)

Por otra parte, la vertiente hip hop underground tenía dos nombres en Primavera Sound y con Das Racist se llevó un revés importante. No se si decir que estuvieron mal, pero sí algo insulsos. Odd Future se estaban llevando todas las miradas previas por lo incendiario de su directo, pero en el estudio deberían contentar mucho más la banda que nos ocupa. Al final se cumplió que los segundos arrasaron y estos primeros simplemente nos aburrieron, lo que no deja de ser curioso es que en el Ray Ban Unplugged estuvieron mucho mejor. Quizás son una banda de distancias cortas, quién sabe. (Ricardo)

 

ELECTICISMO NOCTURNO

Seguramente el concierto más polémico de toda la edición, lo cierto es que la fama de Salem les precedía. A una época de conciertos bochornosos parece que le seguía una temporada, la actual, más alejada de los excesos y seria sobre el escenario. Bueno, en el Parc del Fòrum hubo un poco de todo. Los dos primeros temas con su teclista rapeando con un estilo digamos muy de andar por casa o cantar en la ducha indignaron a muchos que se fueron en tropel y a otros que silbaron. Aquello no tenía sentido y además apenas se oían las atmosféricas bases debido al alto volumen vocal, por lo que decidimos esperar a ver si la cosa mejoraba y afortunadamente lo hizo. El resto del repertorio, con la voz femenina y etérea al frente ganó muchos enteros y como no, “Redlights” fue el punto álgido. Invadido el escenario de humo, dicen las malas lenguas que la chica hizo un playback que querían tapar, transcurrió el resto del concierto que también dejó algún momento para la voz del guitarrista, el cual también cumplió con creces. Al final bien pero en general, nos quedamos con el disco. (Raúl)

Llegamos, tras terminar tal fantasmagórica experiencia, al final del concierto de The Flaming Lips, prácticamente para verlos bajarse de un escenario plagado de aparatos y chicas orientales vestidas de colegiala. Viendo que estas continuaban encima, esperamos suponiendo que aún no habían llegado los bises y así fue: volvieron de nuevo a subir Wayne Coyne y compañía y entregaron dos de sus máximos éxitos: una pletórica “Race for the Price” y una emotiva “Do You Realize?”, ante una pantalla semicircular que proyectaba toda clase de imágenes psicodélica y la cara de Coyne desde una cámara situada en su micro. Quizá el cantante sea demasiado ególatra y peque de exceso de verborrea en un concierto completo, pero para el tiempo que estuvimos, no importó demasiado. (Yuri)

De Lüger hemos hablado mucho porque precisamente los hemos visto muchas veces, pero es que sin duda lo merecen. Si estás en un festival como Primavera Sound pasando de Salem o The Flaming Lips para decidir volver a acercarte a verlos es porque hay algo especial en su propuesta y en la manera que suenan. Porque ese kraut de su primera referencia ya se queda corto y ya su sonido trasciende mucho más a otras muchas etiquetas: al spacerock, a la psicodelia y hasta el puro rock 70’s. Hay muchos grupos de su estilo en todo el mundo, pero ninguno suena como ellos, así que ya les podemos decir que Lüger suenan cada vez más a Lüger.

De vuelta al Llevant. Para El Guincho, el concierto de Primavera Sound no era un evento cualquiera y la verdad que las novedades que aportó a su tradicional show de presentación de Pop Negro fueron muy bienvenidas. Aparte del repaso al disco con piezas tan redondas y divertidas como "Muerte Midi" o "Novias", así como clásicos tropicalistas ("Kalise" sobre todo), se sacó de la mano un espectáculo entre cutre y divertido que estuvo de lo más resultón. Siguiendo un poco la estela de su exitoso videoclip "Bombay" se rodeo de unas cuantas mujeres (digamos que entre bailarinas y actrices) que pululaban por el escenario con coreografias que iban desde el simple morreo lésbico hasta peleas de almohadas masivas, mientras otras dos coristas que completaban muy bien la voz de Pablo. Mereció la pena volver a verle sólo por todo esto. (Ricardo)

Más efectivos en disco que en directo se revelaron Suuns, cuya propuesta quedó lastrada por un concierto excesivamente largo para la escasa variedad. Monotonía rítmica post-punk, bajos y bombos machacones, alguna melodía vocal indie y en general, poca sorpresa. Los momentos que rozaban el efecto hipnótico del kraut, se colocan entre lo mejor de un concierto anodino. (Raúl)

Y ya el fin de fiesta de la jornada corría a cargo del autentico maestro del mashup (arte de mezclar partes de otras canciones para formar una nueva) Girl Talk, que comenzó y coronó su gira europea de 24 horas (viajó desde EEUU hasta Barcelona y se volvió al dia siguiente con su multitudinaria gira) en el escenario Llevant del festival. Para que nos pongamos en situación estamos hablando de un dj que no utiliza discos para mezclar y que su virtud en vivo radica en lanzar partes de otras canciones en el momento adecuado y con el gusto apropiado. Por si esto fuera poca dificultad no es un tipo que se concentre en su trabajo sino que permanece constantemente bailando y moviéndose alrededor de la treintena larga de personas que invita al inicio de su actuación a subir al escenario. Pura energía para todos en lo que habría sido simplemente perfecto como cierre de festival.

Los mashup que nos trajo Girl Talk fue por los derroteros esperados de mezclar rapeos con cualquier tipo de bases (desde Radiohead o Pixies a Rage Against The Machine pasando por clásicos ochenteros). En el resultado podemos diferenciar claramente entre los que coreaban estribillos sin valorar las irreverentes mezclas o los que valorabamos el buen gusto e intuición a la hora de crear nuevos y festivos temas. Nos dio el amanecer por primera y última vez en esta edición 2011, así que ya sólo por eso, todos guardarán buen recuerdo de su sesión. (Ricardo)