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Crónica: NOS Primavera Sound - Oporto (10/06/2017)

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El sábado no fallamos a la cita con la única artista española del festival, la barcelonesa Nùria Graham. Fue un agradable aperitivo que nos hizo pensar que estaría bien algo más presencia de bandas españolas en Porto. Tampoco excesiva, que no se trata de colonización cultural sino de intercambio. Y a buen seguro que formaciones ya veteranas como Berri Txarrak o Triángulo de Amor Bizarro, que tocaban en la edición barcelonesa, hubieran sido muy bien recibidas por el público portugués también.

El relevo se lo tomaban en el escenario principal Evols, que sonaban muy bien, pero estábamos más interesados por la única propuesta africanista del festival, Songhoy Blues, con su blues-rock del desierto en la onda de unos Tinariwen que afortunadamente, han abierto la brecha occidental a este tipo de propuestas en los últimos años. Graves y rocosos pero bailongos y festivos se mostraron tremendamente agradecidos por estar ahí y la apreciación pareció ser mutua.

Seguíamos un poco en la senda de la música de raíz con Elza Soares, estrella de la música brasileña que no por casualidad reinó en su franja sin ningún solape. Vamos, que no nos quedó más remedio que verla pese a desconocer su cancionero y no nos arrepentimos de ello, porque más que un concierto clásico fue algo bastante bizarro maridando bossanova y samba con el jazz más enrarecido e incluso derivando en momentos de pura performance. Por no hablar del surrealista trono en el que se encaramaba esta particular diva que se notaba muy querida por la parroquia local. No me extrañaría que para más de uno ése fuera el concierto más especial del festival.


PALCO., EL LUGAR A ESTAR

Mientras tanto comenzaban Wand en el Palco. a destilar una psicodelia entendida de una forma muy abierta, desde ecos a Pink Floyd a coqueteos con el rock alternativo más concreto y el noise, para finalizar reinterpretando el "Cinnamon Girl" de Neil Young. Les siguieron The Growlers en el escenario grande, una banda que en poco tiempo ha crecido bastante y en ese proceso su música ha derivado del garaje surfero y despreocupado de los inicios a algo más elaborado pero no necesariamente mejor: una suerte de rock psicodélico embebido de ambientes funk que tiene sus momentos, pero que también cae en la monotonía. De esto último nos iban a librar Shellac, con un concierto con pocas sorpresas y orientado a ese último disco, "Excellent Italian Greyhound", que ya tiene 10 años con la tontería.

Lo del valor seguro cansa repetirlo, pero es que es así y en Oporto no tuvimos la tentación de irnos a ver otro concierto más exclusivo. Bien es cierto que solapaban un rato con Sampha y con Mitski, pero honestamente, no son rivales. A esta última llegamos a verla un poco y generó buena impresión como diva de un sonido rock alternativo que parece venir directamente de los 90 de Liz Phair y Weezer. Pero pronto hubo que volver a la fiesta del ruido alienante que había preparado Death Grips. En ocasiones uno no sabe si este invento de Zach Hill es una genialidad o una tomadura de pelo, pero desde luego ver a un montón de chavales intentando reproducir los caóticos raps, tanto en mensaje como en estilo de MC Ride, bajo una tonelada de ruido industrial y reverb, tiene su aquel. Atmosferas opresivas y distorsión de la realidad, pero al final ni su escurridizo estilo se libra de que son los singles como "Get Got" y "I've Seen Footage" lo que la gente más celebra.

Hasta última hora estuvimos con la pena de no ver a Japandroids. Los dos temas iniciales vieron a King y Prowse peleándose con el sonido y la cosa no pintaba gloriosa, así que nos dolió menos lo que ya estaba planeado: dejarles para ver a The Make-Up soulerizar el Palco. con la teatralidad de un Ian Svenonius que pasó casi más tiempo levantado por el público soltando discursos que cantando sobre el escenario. Un poco excesivo puede ser, sobre todo porque provoca que mires o a la banda (que tampoco daba gran juego, trajes rosas aparte) o al propio Svenonius. Era un bolo de los de conectar o no. Quienes lo consiguieron, bailaron, cantaron y rieron de las ocurrencias del cantante, pero es de recibo reconocer que otros muchos huyeron o por lo menos se pusieron a salvo del frontman, abandonando las primeras filas. Y esto nos sirve para trazar uno de los mayores problemas del NOS Primavera Sound, que son escasos: que, con sus cuatro escenarios, todos bastante generosos en tamaño, se echa en falta uno más recogido para las propuestas más de culto.

 

ANTI-FIN DE FIESTA

Todo estaba listo ya para comenzar el show de Aphex Twin, un prolongado recital en el que como era de esperar el irlandés hizo sonar lo que le dió la gana con un show basado en multiples pantallas con un concepto ingenioso y mordaz. Dada la moda de los festivales de intercalar en las pantallas imágenes de la gente más estupenda del público, Twin se dedicó a hacer lo mismo pero distorsionándoles hasta hacerles casi irreconocibles. Todo esto por supuesto acompañado de pasajes ambientales repletos de glitches. Cuando sonaba algún patrón rítmico más estable la gente intentaba venirse arriba pero el artista enseguida lo sofocaba. Y es que pese a concesiones al arena-rock como esos lasers verdes, es curioso papel el de Aphex Twin como cabeza de cartel electrónico en un mundo, el de los festivales, cada vez más plagado por la EDM.

Pero no todo era IDM a esas horas de la noche puesto que Against Me! tenían el dudoso placer de ser la banda de guitarras que cerraría el festival. Puedo decir que se me hizo grato escuchar punk-rock melódico en un Primavera Sound, pero también raro porque cualquiera podía notar que ese público no era el de la banda de Florida, sino más bien gente rebotada de la incomodidad de Aphex Twin. La banda estuvo muy bien, aunque el setlist, basado en sus dos últimos discos, esto es, en la nueva etapa sobre todo temática, abierta tras la transición de Laura Jane Grace, pudo estar bastante mejor elegido, incluso ciñéndonos a esta misma etapa.

Para terminar de enrarecer el fin de fiesta y ya sin solape ninguno, teníamos después a Tycho, formación de electrónica contemplativa que tampoco satisfizo del todo las ansias fiesteras de muchos. Personalmente no es que empaticemos mucho con este tipo de necesidades, pero cuando montas un festival de masas de este estilo, sabes que parte del público quiere terminar bastante más arriba. En resumen, que el cabeza de cartel del sábado fuera el menos comercial, unido a estas decisiones de concentrar al público en un solo escenario para ver punk-rock primero y electro-post-rock después, propició un final un tanto extraño a un festival entre el notable alto y el sobresaliente.

 

CONCLUSIONES Y LEVES PEROS

En definitiva NOS Primavera Sound 2017 se reveló como un festival de lo más agradable, que huye del modelo agobiante y fiestero. Un evento que demuestra que se puede congregar miles de personas en un entorno natural sin que éste se vea perjudicado. Podemos afirmar que el estado del Parque da Cidade era el sábado más o menos el mismo que el jueves a su hora de apertura, de modo que el trabajo de limpieza, unido a la política de vaso reciclable, hacen una gran labor.

Como aspectos a mejorar, la distribución de los horarios ha parecido algo caótica, con momentos de cuellos de botella esperados al derivar todo el público del escenario principal al otro único escenario donde se programaba algo o momentos raros como los artistas elegidos para el citado cierre y sin solapes. Y aunque como españoles siempre resaltemos lo positivo del festival portugués frente al barcelonés, NOS Primavera Sound también tiene cosas que aprender de su hermano mayor. Por ejemplo, es una pena que en el de Porto no esté permitido llevar tu propia comida. Que haya buena oferta de restauración no es excusa, todo el mundo debería tener opción de comer lo que él elige en un festival que se celebra en un espacio público. El festival también se beneficiaría, sin llegar a los extremos del de Barcelona, de más escenarios que permitan experiencias más cercanas y eliminar el efecto "ahora voy a donde toca el siguiente".

Pero vaya por delante que el NOS Primavera Sound 2017 es un modelo de festival muy envidiable