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Crónica: Bigott - Sevilla (07/03/2012)

07/03/2012, Sevilla
8.0
8
Malandar, Lleno
Precio: 12 €

http://feiticeira.org/

Bastante gente esperando a las puertas de Malandar antes de la apertura y llenazo absoluto fue el cómputo cuantitativo de la primera actuación de Bigott en la capital andaluza tras año y medio de ausencia, exactamente desde Nocturama 2010. Algo que no extraña, vistas las simpatías que el excéntrico zaragozano destila en el público gracias a su peculiar forma de actuar y ver la vida y a sus personalísimas composiciones.

Tras el habitual despiste con respecto a la hora de comienzo (21.30-22.00, según la fuente) no fue hasta las esperables 22.30 que el sexteto subió al escenario. Nos llamó la atención la presencia de dos teclistas, amén del habitual sintetizador de Clarín, que nos presagió una riqueza de matices sintéticos y rítmicos acordes a la cierta querencia por el pop bailable que destila el notable último trabajo del artista, ‘The Orinal Soundtrack’.

Pero empezaron de forma tranquila, en su vertiente más folk, con la teclista entonando una melodía con voz de soprano y Borja sin despegarse de la guitarra y con una actitud más acorde a la del cantautor tradicional. Pero a la tercera o cuarta canción ya dejó el instrumento y se lanzó con su característico baile. Era el momento que todos estaban esperando, y en lo que se cifra la verdadera esencia de un concierto de Bigott.

Su quinto álbum se llevó el peso de la velada, levantando al público en los momentos de éxtasis electrónico como “God Is Gay” y su nuevo hit “Cannibal Dinner”, o en temas de folk-rock acelerado como “Tree Gone Motion” o la infalible “Flying Zirkus”; donde, como decíamos, el protagonista dio rienda suelta a sus contorsiones y expresiones exageradas que hicieron las delicias de la gente. Y aunque tamaña fiesta propició que se oyera un alto murmullo constante, se hizo el silencio ante las baladas “Turkey Moon”, “Bar Bacharach”, “Oh, Clarín” y “My My Love”.

No fue hasta casi el final que nos dimos cuenta que ninguno de los seis, ni siquiera el líder, se había dirigido al público en ningún momento; bastándose con sonrisas y miradas cómplices y su idiosincrasia gestual. Y es que no hizo falta, si tienes una presencia que funciona tan bien y, sobre todo, cuentas ya con pequeños clásicos como “She Is My Man”, “Sparkle Motion” o “Afrodita Carambolo”.

Hacia los cincuenta minutos, salieron prematuramente para seguidamente ofrecer un extenso bis en que interpretaron algunas de las anteriores más una extendida “Dead Mum Walking” plagada de distorsión, con la que prácticamente cerraron la noche echando el resto. Se despidieron de nuevo sin una palabra pero con las mejores de las sonrisas, dejando al público plenamente satisfecho, aunque, por poner alguna pega, yo eché en falta el "Vaporcito". Quizá por ello, cuando nos íbamos, mucha gente clamaba por un segundo bis. En todo caso, genio y figura.

 



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