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Crónica: Za! - Barcelona (26/04/2013)

26/04/2013, Barcelona
9.9
Spazzfrica Ehd y Papa Dupau
10
Apolo, 3/4
Precio: 8/10/12

Cuando conocí a los Za! en Sao Paulo, poco antes de que actuaran en el Sónar 2012, conocía y respetaba su trabajo porque era inexplicable, inclasificable, espontáneo y al mismo tiempo calculado y transmitía energía, mucha energía. Hoy, un año y un Wanananai (nombre de su nuevo y autoproducido disco) después, voy más allá: son la voz de la vanguardia, al menos en la escena del rock independiente, que en su caso lo es sin paliativos. 

Mi primera imagen fue verles leer la revista Bravo y apañarse un breve ensayo en la habitación de su hotel. Aún no los había visto en directo, que fue lo que me hizo acabar de interiorizar (al lado de unos diez brasileños en el público) su salvajismo extraterrestre, matemático y visceral en todo su esplendor. 

Me dijeron algo que me quedó marcado sobre la música experimental europea con respecto a la brasileña o a lo latino en general. Según uno de ellos, creo que era Edu, nosotros nos solemos tomar lo experimental “muy en serio” y en países como Brasil “lo traen más calentito”. Sólo hay que ver las letras y sonidos de la Tropicalia y sus periféricos para constatarlo. En cualquier caso, me recuerdan aquella frase cantando y repitiendo vasilones (pronúnciese a lo cubano), “dime quién lo trae caliente” como discurso principal de uno de sus nuevos temas. Eso en un disco que te droga con un absurdo pero creíble y apasionante compuesto de punk, post-hardcore, kraut-rock, jazz, acentos latinos y un aroma Buena Vista Social Club, con paseos por el trip-hop y todo eso por poner palabras a lo impalabrable y pudiendo cada oyente añadir lo que le dé la real o republicana gana.

Van a su bola estos Za!. Mientras el debate sobre si cantar en castellano, inglés o catalán se repite en bucle entre el indie patrio, a ellos lo que les preocupa son los bucles de sonido, repetir sus voces con toda variedad de distorsiones y velocidades y electrizar con un eterno juego de loops que te lleva hasta el trance haciéndote creer que son treinta y no dos personas quienes juegan a ese viaje extraterrestre con guitarras, enloquecida batería, teclados, (ahora un poco más de) sintes, vientos y cualquier juguetito que se les ponga por delante. Les preocupan las palmas y el flow. Hasta el punto de que el debate del idioma se lo pasan por la cuerda y lo que cantan son onomatopeyas, palabras semiinventadas, expresiones o nombres repetidos también hasta la saciedad. Creo sinceramente que Wanananai debería de ser tomado muy en cuenta en las listas de los discos del año y no hablo de los discos nacionales. Es una auténtica revolución, un revolcón, una sacudida y un trance.

Pese a no tomarse en serio a ellos mismos, los Za! son una cosa muy seria. Y, pese a su apuesta salvaje e instintiva, con campo abierto a la imaginación, el trabajo y el cálculo matemático (tal vez a lo que más me recuerda el nuevo disco de Za! es a la interpretación del math-rock de los Battles, dicho sea de paso desde mi desconocimiento del género). Pero lo difícil no siempre es innovar, sino innovar y transmitir al mismo tiempo.

Wanananai lo consigue, pero el concierto de presentación (que es a lo que había venido a escribir, ustedes me perdonarán) fue el perfecto colofón. Ya la antesala apuntaba maneras: una gincana musical que recorría todos los rincones de la sala antes de llegar al escenario y a los Za!. Destacadísimo el recital de Esperit!, en el que Mau de Les Aus tocó guitarra y batería al mismo tiempo. Si la música fuera una cuestión de crear puestos de trabajo esta gente tan polivalente que se vale tanto de los loops y delays para reproducir lo que acaba de tocar mientras toca otro instrumento serían el blanco de la ira de los sindicatos.

Por suerte, al menos en el plano creativo, ése no es el debate y dos personas pueden hacerte vibrar sobre el escenario tanto o más que una orquesta sinfónica. Despidiendo desde el palco al acústico total (esto es, a pelo, a capela, sin altavoz ni micros) de Mujeres en el medio de la sala, Za! arrancó con, seguramente, el inicio de concierto más bestia de toda mi vida. La magia de “Súbeme el monitor”, con sus vientos y su creciente añadido de capas, el flow de la voz distorsionada y rapeada me poseyó enseguida y me devolvió un poco a Brasil, aunque más bien me hizo sentir buceando en una caipirinha con jengibre que flota en una nave espacial con luces lilas y verdes, paredes de terciopelo y una jungla desordenada esparcida por una habitación llena de condones usados por cyborgs alienígenas. No sé, algo tropical, extraterrestre, robótico y animal al mismo tiempo. La hostia. La ayaguasca debe ser algo parecido a la posesión infernal y celestial de esta gente, que me sacudieron por dentro con el sabrosón latino de “Calentito”, título que dice mucho de ellos, si bien también hay algo de la frialdad industrial y alemana en su sonido, de un modo inexplicablemente simultáneo. 

Toco un rato, lo grabo, lo reproduzco y aprovecho que mientras suena el loop estoy medio desocupado para saltar y bailar medio poseído en medio del escenario. Toco la batería (Edu) lo mismo en el escenario que arrastrado por la pista y aporreando los platos contra el suelo, perseguido por mi compañero (Pau) con su trompeta. Una locura de juego entrópico (pérmitanme Nueva Vulcano el préstamo de la expresión usada como título de ese disco legendario) y desatado. No costaba ver a espectadores  con los ojos cerrados sacudirse descontrolados y sonrientes, poseídos por la descarga Za!. Al final, un “Tueste Natural” que suena a bombo tecno con delirios ultrapunk –después de una revisión de temas de discos anteriores y una curiosa versión de "Loser" de Beck- y todos los teloneros de esa especie de gincana (además de Mujeres y Esperit, Guillamino y Negro) subiendo al escenario para un cierre tras el cual la sonrisa y la sensación son los de haber asistido a algo muy grande. De una banda muy grande. Ya mismo vendrá Pitchfork a contárnoslo y nos lo acabaremos creyendo. Aunque a ellos seguramente les importe muy poco.

 

FOTOS: GERMÁN ARANDA