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Crónica: Wave Pictures, The - Sevilla (08/04/2011)

08/04/2011, Sevilla
7.8
David Tattersall, Franic Rozycki, Jonny "Huddersfield" Helm
8
Fanatic, Casi vacío
Precio: 10/12 €
http://feiticeira.org/

Improvisada sobre la marcha fue la actuación de The Wave Pictures en Sevilla el pasado 8 de Abril. Debida a la cancelación del Vinalopop de Elche, donde iban a tocar los británicos en un principio, los chicos de Acuarela Records aprovecharon para montar en pocos días esta fecha en la capital hispalense y otra en Valladolid. Jugada difícil, que podría no salirles bien debido a lo apresurado del anuncio, pero también a la creciente oferta musical simultánea de la ciudad y a la situación de la sala Fanatic.

Y es que, por un lado, teníamos a McEnroe y Trisfe tocando a la misma hora en una sala tan estratégica como Malandar, y a The Sea & Cake junto a Marina Gallardo en todo un Teatro Central; y por otro, la mala ubicación de Fanatic, en un polígono industrial bastante alejado de los circuitos musicales habituales de la ciudad. Así que, con pocas esperanzas en lo contrario y a pesar de lo queridos que son estos ingleses por estos lares, al llegar al fantasmagórico polígono Hytasa, ya con veinte minutos de retraso, vimos que apenas una quincena de personas languidecían entre el stand de perritos calientes y la nave industrial que alberga a la sala, y que absolutamente a nadie le había dado por entrar. Y todo aderezado con las trompetas de alguna banda que ensayaba por los alrededores para la Semana Santa. Sí, la noche parecía que iba a ser larga, y aún no había llegado siguiera la primera telonera.

Maud the Moth llegó desde Madrid por fin sobre las once y a las y media empezó (hora y treinta después de la apertura de puertas), sola y sin batería ni bajo, su acompañamiento habitual. La joven teclista se las arregló de manera valiente con su pop tenso y de arrebatos souleros, aunque la verdad es que ni la hora ni el lugar la acompañaban. Aún así, aguantó con entereza y simpatía unos veinticinco minutos y el (escasísimo) público le dio su beneplácito. Mejor creo que lo tuvieron Microondas, que con su propuesta de indie pop canónico pero adornado con programaciones y hasta theremin, consiguieron mover algo más al personal en una actuación de similar duración.

Ya a las doce y media, por fin, subieron al escenario el trío londinense, tras llegar poco antes en su furgoneta. Es curioso el seguimiento de estos ingleses en nuestro país, que supongo será debido a su constante presencia entre nuestros escenarios; cosa que esta nueva y extensa gira no hace sino confirmar. Pero aún así, para entonces éramos treinta y tantos en una sala de buen tamaño, o lo que es lo mismo, había zonas de vacío de varios metros cuadrados que harían palidecer a cualquiera sobre las tablas. Ellos le quitaron gravedad al asunto admitiendo que el día anterior en Granada no hubo nadie en la sala, y que así había espacio suficiente para que todos bailásemos a gusto.

A lo que íbamos, venían presentando “Beer in the Breakers”, onceavo álbum de una banda surgida a finales de los noventa, que debutó autoeditándose en 2003 y acostumbrada a la rutina de nuevo LP al año. David Tattersall y los suyos basaron su repertorio en temas de este nuevo trabajo y en los más representativos de los otros tres álbumes que tienen a partir de “Instant Coffee Baby” (2008), quizá su disco 'clásico' y el que posee sus canciones más conocidas: “Strange Fruit for David”, “Leave the Scene Behind Me” y, sobre todo, “I Love You Like a Madman”, ya en bises para las delicias del puñado de fans que bailaban al ritmo de su indie rock contagioso.

Y es que la banda aceptó en seguida lo, digamos, precario de la actuación, y se lo tomó con buen carácter y con ganas de pasarlo bien junto a sus fieles. Con una mezcla de profesionalidad, actitud indie y receptividad, preguntaron varias veces qué canción tocaban a continuación, no recordándola David de primeras en una ocasión o equivocándose y volviendo a empezar en otra. El bajista Franic Rozycki, por otra parte, se mostró más distante que su parlanchín compañero, mirando hacia el fondo de la sala, aunque siempre con más tranquilidad que arrogancia. Pero el gran showman de la noche fue, sin duda, el bateria Jonny “Huddersfield” Helm, una especie de ídolo para los fans que salió un par de veces con su graciosa pose mirando al techo a entonar temas del elocuente EP “Jonny Helm Sings”.

De esta forma, a lo tonto, vencieron a la adversidad: la actuación se prolongó su buena hora y veinte e incluso regalaron un generoso bis. Esto no hace más que demostrar que, si hay buena intención por parte del grupo y del público, no hace falta llenar una sala para salir victorioso. Al menos yo tuve mejor impresión que en otras ocasiones a las que había acudido a salas más grandes y abarrotadas. Y la gente que se agrupó al borde del escenario después del bolo a comprarles discos y camisetas, o a hacerse fotos con ellos en cualquier rincón de la sala, seguro que opinaba lo mismo.