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Crónica: Cult, The - Madrid (30/06/2007)

30/06/2007, Madrid
8.0
Ian Astbury, Billy Duffy, John Tempesta, Mike Dimkitch, Chris Wyse
8
La Riviera, Casi Lleno
Precio: 37 €

Horse Nation
Nirvana
Spiritwalker
Electric Ocean
Fire woman
In the clouds
The Witch
Wonderland
Star (acústica)
Revolution(acústica)
Rain
I Assassin
Phoenix
Rise
Wild flower
Love removal machine

-bises-
Eddie
She Sells Sanctuary

La última vez que ví a The Cult fue allá por el 2001 en Edimburgo. La verdad es que en aquella ocasión me acerqué más al festival por Marilyn Manson y Linkin Park. Como ha cambiado la cosa, cuando después de las fenomenales críticas y batallitas que he tenido que soportar por el concierto del año pasado en La Riviera, se decide uno a pagar nada más y nada menos que 37 euros del ala, por ver a una banda que ahora sí, se cuenta entre mis favoritas.

La cosa no empezó bien. Se suponía que a la nueve habría teloneros, y bien digo lo de que se suponía, porque al final fue sólo eso, un se suponía. Con media hora de adelanto empezó al final el bolo. Entre tanto me pude entretener con las pintas de los técnicos de sonidos: una especie de Bunbury venido a menos y un friki con camisa de flores y melena Tamariz. Parecía todo muy profesional, pero al final fue todo lo contrario. Hubo muchos problemas de sonido y desde mi posición a Astbury, aunque se notaba que estaba cantando muy bien, no estaba bien ecualizado. Se escuchaba demasiado la música y demasiado poco a él. Con todo, desde el primer tema “Horse Nation”, se vieron claramente dos cosas: Astbury canta como le da la gana, y como el Curro Romero de los conciertos que está hecho, en esta ocasión a La Riviera nos toco la china y Astbury decidió no moverse lo más mínimo y no desprenderse de sus gafas de sol. Además en todo el concierto, aunque es sabido que entre Asrtbury y Duffy no es que haya precisamente lo que se dice buen rollo, no hubo el más mínimo gesto de complicidad entre las dos cabezas pensantes de la banda.

Pero aún con problemas de sonido si te sueltan “Spiritwalker”, “Electric Ocean”, “Fire Woman”, “In The Cloud”, “The Witch” y “Wonderland”, prácticamente sin dejarle respirar al personal, tienes al público ganado, aunque tu frontman no se mueva lo más mínimo, pero eso si cante como dios. Más aún se reforzó la impresión con el miniset acústico formado por “Star” con Astbury luciendo voz acompañado sólo por Duffy y a continuación “Revolution”, al que acompaño el guitarra rítmico. Aquí estuvo la anécdota de la noche, porque cuando Astbury dejó de cantar el segundo guitarra siguió tocando, y a Duffy entre risas no le quedó más remedio que seguirle la corriente.

Después de los dos temas acústicos, el sonido mejoro cosa mala. De la última parte del concierto me quedo con “Rain” y “Rise”, el único guiño a su último disco, pero sobre todo con “Wild flower", el punto álgido del concierto. “Love renoval machine” fue el tema elegido para cerrar la primera parte del concierto y “Eddie” en eléctrico y “She sells sanctuary” los acertados bises, aunque esta última quedó un poco floja. Pero se echó en falta de mala manera “Sweet soul sister”, que no hubiera sido un mal tema para cerrar.

Pero aún con Astbury en plan diva, el concierto fue muy bueno. Aparte de Duffy, que llevo todo el peso escénico del concierto, mostrándose bastante simpático con el público, tanto Chris Wyse al bajo y en especial un John Tempesta a la batería estratosférico, estuvieron muy volcados, aparte de que el público se comporto espléndidamente. Da gusto ver la mezcla de hardrockeros y góticos en tan bueno sintonía en un concierto. Personalmente yo sitúo este concierto entre lo mejor a nivel personal del año. Juego con la ventaja de que no viví el concierto del año pasado, pero a pesar de ello, esta clarísimo que a todo unos The Cult, a este precio y sin teloneros, hay que exigirles conciertos de matrícula y este no lo fue. Veamos si el nuevo disco del que ofrecieron un adelanto, está a la altura y las tensiones personales en la banda se relajan, porque el que no tuvo culpa de ello fue el receptivo público madrileño. Nos merecimos bastante más, que un concierto de hora y media con cierto aire funcionarial, aunque ya digo que salí encantado sin haberme tocado la china.



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