/Crónicas///

Crónica: La Choza Fest - Bilbao (11/06/2016)

11/06/2016, Bilbao
8.0
8
Santana 27 (Blue), 30
Precio: 8 / 10
http://www.feiticeira.org/

Paraba en Bilbao La Choza Fest, festival itinerante montado al calor del sello de rock y metal que había arrancado su periplo en Madrid y que ahora pasaba por el norte para más tarde regresar al sur y acabar por todo lo alto en el archipiélago canario.

La cita bilbaina era más discreta, cuatro bandas de sonidos diversos pero unidas por el underground. Porque sabemos que a la gente le cuesta moverse para ver a bandas pequeñas y más en fechas ya veraniegas, no esperábamos un gran éxito de público. El nivel musical fue otra cosa.

Comenzaron los locales Melmak, los más agresivos de la tarde-noche. El dúo de Sopelana cita entre sus etiquetas doom o sludge pero lejos de la parsimonia que estos géneros suelen traer consigo, tiran mucho a los pasajes veloces y esquizofrénicos. O quizá es que los temas nuevos van por derroteros mñás kamikazes. Pese a su reducido tiempo disponible, una escasa media hora, no dudaron en tirarse al ruido más penetrante para finalizar con buen efecto su set.

En clave muy diferente llegarían después los canarios Crimson Stone, stoner-rock en inglés y con gracia que, si bien no resulta innovador, nos trae muy agradables ecos de bandas como Hermano o Clutch y un puñado de canciones que cuentan con los clichés del género, pegadizas e ideales para los más fieles de los sonidos desérticos.

Tao Te Kin por su parte nos retrotraerían con su sonido unos años atrás, a esos tiempos convulsos de explosión del metal alternativo. Si seguramente los madrileños fijen su vista en varias bandas de fuera, el uso del castellano y la presencia escénica de su muy motivado vocalista nos hicieron pensar más de una vez en los Hamlet de cierta etapa.

Para cerrar estaban los esperados Cuzo, trío instrumental de Barcelona con sólida trayectoria ya como una de las realidades más ignotas de nuestro rock psicodélico. Su sonido siempre puede definirse como mágico, conjugando el inconfundible groove del rock setentero con hechizos psicodélicos lanzados a través de los pedales y los sintes. Hacía tiempo que no teníamos el placer de verles en directo y cabe aquí reiterar el comentario formulado in situ, quizá tópico para una banda de sus características pero no por ello alejado de la realidad: escuchándoles en directo, no necesitamos drogas.

Y con foto final de los protagonistas sobre el escenario, que un poco tristemente hacían un número similar al de los que había debajo de ese escenario, se puso punto final a la velada. Un poker de rock y metal que se reunió en el norte gracias a gente incansable que se dedica a la edición y promoción de bandas modestas. Desde aquí no podemos sino desear que les vaya lo mejor posible y continúen montando iniciativas similares.