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Crónica: BIME - Barakaldo (23/11/2013)

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MARK LANEGAN
When Your Number Isn’t Up
Cherry Tree Carol
One Way Street
Gravediggers Song
Phantasmagoria Blues
War Memorial
Mescalito
Cold Molly
Driver
Pentacostal
Pretty Colors
Mack The Knife
You Only Live Twice
Solitaire
Satellite of Love
Mirrored
On Jesus Program

Continuaba el BIME en su segunda jornada y la primera parada de nuestro itinerario se situaba en el pop experimental de la argentina Juana Molina, en el cuarto escenario. Una breve aunque sugerente forma de comenzar el día, acompañados también por su peculiar sentido del humor. Seguiríamos por terrenos escurridizos con la promesa local Bakelite, un dúo chico/chica que mezcla folk americano e indie-rock lánguido y oscuro antes de regresar al auditorio a ver a Lyenn. Telonero de la gira de Mark Lanegan, este cantautor belga es fácilmente encuadrable en la senda de discípulos de Radiohead. Él sólo con su guitarra suena como te imaginarías un acústico de los de Oxford, con su tristeza y su ímpetu. Un directo muy recomendable si se es capaz de olvidar el expolio a las maneras de Thom Yorke que lleva a cabo, si bien su cancionero no es ninguna copia.

Y entonces nos encontramos con la madre del cordero en el escenario grande. These New Puritans en numerosa formación salían atronando y llenando el escenario principal de ruido malsano. Sacaron trompa y trompeta pero debían ser las del apocalipsis porque nos ofrecieron un concierto droneante y oscuro, casi siempre hipnótico en ritmos tribales o en ambientes etéreos con voz femenina. Los ecos iban desde la épica atmosférica de Sigur Ros hasta los coqueteos con las músicas del mundo más tenebrosas de Dead Can Dance o Woven Hand. Tal vez el concierto de volumen más brutal que llevó a más de uno a darse por vencido. Quedarse fue una de las mayores experiencias del BIME.

El reposo lo pondría después Sondre Lerche. El simpático noruego apareció en solitario con su guitarra para contarnos lo mucho que había compuesto desde la última vez que nos visitaba y entregarse a un setlist caprichoso conformado en gran parte por peticiones que le habían hecho por twitter y facebook. Y así, sin aspavientos, supo hacerse con el público tanto en lo musical como en lo humano, excelente ejemplo.

Con gran pena por perdernos a dos de las mejores bandas del festival (The Wedding Present y sobre todo, el avaladísimo directo de Mercury Rev que según nos cuentan, no falló), tocaba quedarse para ver lo que nos tenía preparado Mark Lanegan tras su accidentado último concierto en el hermano mayor de este festival, el BBK Live. Se anunciaba un acústico y ciertamente no era un concierto de rock eléctrico pero no estaba precisamente sólo. Con Duke Garwood y el citado Lyenn acompañándole, además de su guitarrista habitual y un dúo de cuerda que cuando la canción no precisaba cello y violin lo mismo le daban a las maracas. Digamos que un clima orquestal contenido, podríamos pensar en algo así como esos unplugged que compañeros suyos de Seattle hicieran en los 90. El concierto estuvo marcado por esa impertérrita clase del cantautor que por cierto habló un poco más de lo habitual, al menos presentando a la banda, y hasta tuvo un encuentro con los fans en la mesa de merchandising.

La parte quizá más negativa, un repertorio corto (imperdonable que en los horarios se anunciara como el doble de la duración real) y con mucho peso de sus recientes discos, sobre todo al ser uno de versiones y otro junto a Garwood. Esto restó tiempo para clásicos de su repertorio habitual que todo fan quiere oír, aunque si cayeran "When your Number Isn't Up", "One Way Street" o quizá la más curiosa en este formato, "Gravedigger's Song" desprovista de su soniquete electrónico. Aunque un artista robó a Lanegan el protagonismo esa noche, siempre con su beneplácito, ya que el "Satellite of Love" que dedicaron a Lou Reed quedó como la más emocionante memoria de este recital.

Dada la citada e inesperada brevedad del concierto sobre lo visto en los horarios, pudimos presenciar un buen trozo de Jupiter Jon y de Gossip. Fueron la cruz y la cara en cuanto a público, tocando los gipuzkoanos casi entre amigos pese a ofrecer un catárquico concierto a base de electricidad e hipnóticos ritmos post-punk, mientras que Beth Ditto y compañía saboreaban seguramente las mieles de ofrecer el concierto con mayor complicidad del público de ambas jornadas. Su explosivo electropop es contagioso, pero es sin duda la incombustible Ditto, con su voz, su carisma y sus bromas, la que se metió a casi todos en el bolsillo.

Pero la sorpresa la pusieron Instituto Mexicano del Sonido, que trajeron una visión integradora del baile donde hip-hop y pop electrónico con bajo y batería se funden con folklore en una mezcla que se antojó muy fresca invitando rabiosamente al baile. Volverán pronto seguro. A continuación, la caída de Everything Everything daba a elegir entre Supersubmarina y Lauroba. Los primeros se vieron muy beneficiados ofreciendo un bolo masivo en el que su pop de vocación de estadios agradó a las mayorías pese a su poco fondo. Pero lo cierto es que Lauroba, con su mezcla en euskera de pop y rock tampoco aportaba nada a este, sin duda, momento más aburrido del festival.

Por suerte llegaría DJ Yoda para asegurar un buen cierre de conciertos a base de breakbeat, mucho clásico del hip-hop e incluso guiños a The Smiths o Johnny Cash. El DJ set de Matthew Herbert prometía un cierre electrónico de alto copete, pero el cuerpo no aguantó para verlo. En cualquier caso, mejor jornada en lo musical que la del viernes y fiel reflejo de los vicios y virtudes del BIME. Desde aquí, confiamos en que un festival en el BEC "ex possible" y es posible que sea más razonable y cómodo. El recinto promete, las fechas son buenas y la selección musical, con sus altibajos, se ha salido del modelo clónico de festival con los nombres de siempre. Y eso ya es una buena noticia.

 

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FOTOS: MusicSnapper