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Crónica: Baths - Sevilla (14/11/2013)

14/11/2013, Sevilla
8.2
8
Casa Palacio Monasterio, lleno
Precio: gratis
http://feiticeira.org/

El de Baths se convirtió si no en el que más, al menos sí en uno de los directos más multitudinarios de todo el ciclo de Conciertos del Festival de Cine Europeo de Sevilla. Y es que al imbatible precio de 0 € se le unió que fuera uno de esos escasos artistas jóvenes contemporáneos situados en la cresta de la ola, sino en cuanto a popularidad, sí al menos en cuanto a repercusión artística, que han visitado la capital andaluza en los últimos meses.

Llamadlo ‘efecto Pitchfork’ (tocaron en el Festival de París durante esta misma gira, reclamo ‘hipster’ de primer nivel) o puro postureo, pero lo cierto es que un cuarto de hora antes de la hora oficial de comienzo (una tardía 00.45 de la mañana) ya era difícil coger sitio en primera fila, y más tarde nos contaron que poco después del inicio ya no dejaban entrar a nadie más hasta que se fuera vaciando el espacio. Nos preguntamos si hubiera sucedido lo mismo si la entrada se hubiese situado en los 15€ o más de rigor en estas ocasiones…

Pero lo cierto es que, más allá de análisis y consideraciones, Will Wiesenfeld y su compañero ofrecieron un muy buen concierto. Si unos días antes, cuando tocaron Disco Las Palmeras!, comprobamos que la acústica de este palacio reconvertido en salón de celebraciones no era la adecuada para acoger conciertos eléctricos de alta distorsión, durante la actuación de Fasenuova y, más tarde, la de los protagonistas de esta crónica, certificamos que sí era apta para directos basados en beats y programaciones electrónicas.

Así, las canciones de “Obsidian”, su excelente segundo disco, sonaron igual de bien o más que en estudio; llenas de matices y texturas, pero con un plus de agresividad fruto del directo que las acercaron a terrenos del turntablism más desmadrado o incluso de la música industrial. Una interesante vuelta de tuerca a su sonido, quizá demasiado desconcertante para algunos de los fans de las primeras filas, que probablemente esperaban un bolo mucho más relajado. Aún así se dio un hecho insólito hasta entonces en el ciclo: la mayoría del público permanecía atento a lo que ocurría sobre el escenario, en contraposición al jolgorio que se había desatado otros días.

Temas tan delicados encajados dentro del glitch-pop como “Ironworks” o “Miasma Sky” se entrecruzaron con otros de ritmo mucho más marcado como “No Eyes” o “Earth Death” y rescates de su primera obra como la conocida “Lovely Bloodflow” con una continuidad perfectamente trazada, muchas veces mediante auténticas jams de improvisación electrónica, que le dieron un plus de coherencia al conjunto e impidieron que se perdiera el ritmo y cayera en momentos de monotonía. Sólo nos queda una duda, ¿esa guitarra sirvió para algo?