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Reseña: Muse - Black Holes And Revelations

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Black Holes And Revelations
8
8.8



Warner
[2006]
Productor: Rich Costey
Banda: Matthew Bellamy, Chris Wolstenholme, Dominic Howard
Parece que fue ayer cuando escuché por primera vez Unintended y pensé, en mi inocencia que se trataba de lo nuevo de los poco prolíficos Radiohead. Una comparación que poco después estaría por todas partes y que ni siquiera entonces hacía justicia al afectado rock alternativo revestido de amargura épica que predominaba en “Showbiz”. Pronto mostraron su ímpetu evolutivo asociando crudos riffs y sinfonismo espacial en “Origin of Symmetry” para más tarde alcanzar altas cotas de dramatismo barroco en “Absolution” descolgándose de toda comparación.

Aquel tercer disco evidenciaba a la vez que la madurez de una banda en su mejor momento, cierto cansancio en los esquemas basados en el virtuosismo voz-guitarra-piano de Matthew Bellamy. Para todo aquel incrédulo que, como yo, dudase en algún momento de que la banda pudiera continuar su ascenso al olimpo del rock, el trío de Devon regresa con “Black Holes And Revelations”, un título que dice mucho de un disco conceptual pero empeñado en los extremos, pretencioso y con momentos muy pop.

La mayor novedad en cuanto a sonido es una incorporación rotunda de elementos electrónicos a su propuesta. Desde la obsesiva apertura tecno-progresiva de “Take a Bow” con sus explosivos beats, a los teclados ochenteros de “Map of the Problematique”, Muse han creado un disco con momentos muy aptos para bailar, en la mejor tradición del synth-pop de unos Depeche Mode. Las capas de sonido, los ecos y las programaciones están presentes en todo el disco aportando detalles aquí y allá.

Tal vez queriendo provocar la reacción y llamar la atención ante su propia heterogeneidad, la banda lanzó “Supermassive Black Hole” como adelanto, sembrando la discordia entre antiguos fans que finalmente sucumbieron a los encantos de esta sexy y pegajosa simbiosis funk-rock-industrial donde resuenan Prince y Millionaire. Este dance chirriante choca de frente con la pasmosa simpleza del verdadero gran single, “Starlight” de infeccioso ritmo y melodía de piano con ecos de U2. Brillante y memorable.
Como no todo son picos, Bellamy continúa luciendo su elegancia haciendo guiños a la música clásica. Así sucede con Haendel en “Soldiers Poem” y con Tchaikovsky en “Hoodo”, ambos a medio camino entre la canción y el interludio, lentas. La primera alimenta como otros momentos del disco, una comparación ya tradicional con Queen, mientras la segunda, más sombría está marcada por el aire de western irreal que impregna el disco.

Lo cierto es que Muse se encuentran ya muy cómodos dentro de esa mezcla sin rubor de rock alternativo con rock de estadios, tendencias al exceso glam y sinfonismo. Así, son capaces de crear desde atemporales y épicos himnos (“Exo Politics” y sobre todo “Invincible”), paranoia metálica afín a System of a Down (“Assasin”) y desparrames de talento progresivo y exótico con guitarra española y trompetas incluidas (“City of Delusión”). Hasta el punto de que uno empieza a plantearse de que va el disco que está escuchando.

Pero todo queda fielmente sintetizado en los seis minutos del tema final, “Knights of Cydonia”, cuyo vídeo no tiene desperdicio e ilustra lo que muchos pensamos al escucharla por primera vez. Sin dudas el temas más bizarro y arriesgado del trío con un resultado sobresaliente. Toda una apoteosis desde los acordes de guitarra y coros iniciales que dan comienzo al duelo de pistolas láser, a la estampida de los caballos cibernéticos, el asalto del espacio exterior a las diligencias. Una improbable batidora en la que caben Morricone, Star Wars y todo lo que comprende el mundillo del spaghetti western y la ciencia ficción de serie b. Genial, épico, apasionado y divertido, ¿se puede pedir más?











   


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