/Reseñas///

Reseña: Oneohtrix Point Never - Garden of Delete

Oneohtrix Point Never - Garden of Delete
Garden of Delete
9
9.0



Warp [2015]
Productor: Daniel Lopatin

La música de Oneohtrix Point Never me conquistó desde que escuché los primeros tracks sueltos de "Returnal". Sus visiones de ciencia-ficción me sonaban como en la niñez, pasadas por el filtro de una tecnología aún limitada. Sus drones instrumentales estaban llenos de melodías hipnóticas, quizá alienígenas pero no alienantes. Era raro, pero cálido y cercano de algún modo. En "Replica" potenció el silencio y se hizo más audible a la vez que se atrevió con un collage sonoro más rico, pero "R Plus Seven" en su conjunto era excesivamente escurridizo e IDM.

Sin embargo es fácil ver como esa exploración cristaliza en "Garden of Delete" un álbum mucho más directo y pop en el que caben glitches de hip-hop y vetas radicalmente metálicas. Y sin embargo sigue manteniendo el carácter abstracto que ha construido con el tiempo. Orquestado en torno a la figura extraterrestre de Ezra y con un trasfondo conceptual y promocional a la altura de sus obsesiones por la ciencia ficción, "Garden of Delete" no parece sino un remix alienígena de la música popular terrestre. La canción así llamada, "Ezra", comienza a sentar las bases de esta ambiciosa obra sintética. Los ruidos y ritmos se van alineando poco a poco hasta pasar de la intermitencia juguetona a articular piezas de épica electrónica de primer nivel.

El siguiente punto fuerte será "Sticky Drama". Su bonita intro de piano poco avanza sobre la tormenta a la que nos va a someter. Desde el r'n'b de voz pitufada con sintes saturados, al drum n bass, la oscuridad del heavy y el black metal más demoníaco, todo ello pasado por el filtro 8-bit y los ruidos de recreativa. Una epopeya tan osada y rayando la parodia como finalmente victoriosa. Y es que no faltará quien compare esta extravagancia a la de Skrillex. Está claro que Lopatin no ha renunciado a la música comercial para su último puzzle y la cyberbalada "Animals" es la mejor muestra de ello. Pero la facilidad con la que engarza estos elementos dentro de una obra amenazante y ambiciosa, es digna de elogio. En el otro lado de la fuerza está la figura de Aphex Twin vigilando que lo obvio nunca gane la batalla.

Y este es el inconformismo que hace que Oneohtrix Point Never jamás llegará a ser el líder de un movimiento, pero será el número uno del movimiento que está creando. Y nunca mejor usada esa palabra, porque ninguno de estos tracks se está quieto. De la mezcla de martilleo ravero y ambient, en "Mutant Standard" pasa a un éxtasis de sintetizadores y ritmos ruidosos que parecen diseñados para que nos rompamos en la pista, como si Fuck Buttons le hubieran metido el turbo. "Child of Rage" es pura clase, jazz y soul electrónico, la respuesta perfecta a quién pueda pensar que la música hecha con sintetizadores tiene menos alma que la orgánica. Y es que si los discos de Rage Against the Machine solían llevar la mítica leyenda que indicaba que toda su música estaba hecha con instrumentos de rock, la de Oneohtrix debería llevar la sorprendente aclaración de que todo esto son máquinas.

"I Bite Through It" es una suerte de psicodelia en la que The Mars Volta se mezclan con Crystal Castles de resaca. Dos nombres más de una Royal Rumble de música contemporánea con muchos invitados. "Freaky Eyes" comienza emulando órganos pero pronto esa épica fácil empieza a resquebrajarse como si alguien hubiera destapado Matrix. Una idea recurrente en el disco, que la realidad tiene varias capas que se van descubriendo poco a poco o de forma abrupta. La última capa, "No Good", nos lleva a un territorio más seguro, de nuevo con tono rnb, como un Kanye West psicodélico e industrializado. Una relativa calma que nos ayuda a regresar del mundo extraño en el que hemos pasado 45 minutos.

"Garden of Delete" es un disco agotador. Por lo que abarca, por el trabajo que se intuye detrás, por los prejuicios que seguramente nos obliga a derribar, puedo equivocarme en que sea el mejor, pero estoy seguro de que es el disco de IDM más disfrutable que he escuchado en una buena temporada.