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Reseña: Liars - MESS

Liars - MESS
MESS
8
8.4



Mute [2014]
Productor: Angus Andrew
Banda: Angus Andrew, Aaron Hemphill, Julian Gross

Siempre esquivos, Liars han cimentado una carrera basada en la indefinición. Algo que les ha permitido salvarse de las trampas de los hypes y los movimientos de moda. En realidad los neoyorkinos han sabido hacer justicia a etiquetas a menudo tan estériles como "art punk" o "rock experimental". Y lo han hecho pues eso, experimentando con pop, punk, ruido y electrónica, tanto de baile como de pura alienación. Y esto es lo que les ha llevado a "MESS", un trabajo electrónico que lejos de ser una innovación, suena a tratado de las diferentes tendencias que han permeado en la música popular desde los 80 a esta parte (rave, techno, ebm, industrial, ambient, idm...).

"MESS" cuenta con una construcción inteligente basada en colocar los números pop en primera plana para progresivamente introducirnos en climas puramente electrónicos. Así que nos encontramos con el típico disco de singles al comienzo, pero de una manera totalmente justificada. Sólo así se explica un pistoletazo del impacto de "Mask Maker", especie de cruce entre The Chemical Brothers y Marilyn Manson que se conjunta perfectamente con "Vox Tuned D.E.D.", oscuridad de pista de baile con la dulzura propia de un Gary Numan. Y es que estos singles de Liars son tan buenos que ya nos suenan desde la primera escucha, porque el truco en esta primera parte de "MESS" es revestir de beats interesantes estructuras melódicas muy directas y bailables.

La vena más industrial o dark-wave se deja ver en momentos que parecen invocar a totems como Laibach o Killing Joke, como la marcial y apocalíptica "Pro-Anti-Anti". Y es que "MESS" no es cosa de blandengues, el baile rocoso protagoniza gran parte del disco, aunque encontramos hueco para marcianadas sintéticas como ese electrosoul de "Can't Hear Well". Un clima que deja hueco para el mamporrazo de "Mess on a Mission", tremendo puzzle de juguetones beats vintage, texturas idm y cabezonería dance antes de que el trío nos sumerja en el trance de la segunda parte del disco.

Y es que si no fuera porque ya les vamos conociendo y sabemos que para la próxima harán otra cosa, Liars habrían sentado aquí una especie de tratado casi insuperable de la electrónica de los últimos años. Un disco que parece diseñado milimétricamente desde la rave dura de "Darkslide", a la más tripiosa en "Boyzone", la abstracción ambiental de "Perpetual Village" y el narcótico relax de "Left Speaker Blown". Un aparente trabajo de ingeniería que sin embargo, respira. Mi consejo, déjate de rollos, tira el último de The Knife y dale al último de Liars, que son mucho más divertidos.