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Reseña: Jesus And Mary Chain, The - Psychocandy

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Psychocandy
1
10.0



Blanco Y Negro [1985]
Productor: The Jesus And Mary Chain
Banda: Jim Reid, William Reid, Douglas Hart, Bobby Gillespie
Desconozco si aquellos por entonces veinteañeros escoceses, mientras grababan a toda prisa y con una producción de lo más lo-fi sus temas en algún garaje de la lluviosa Glasgow, eran conscientes de la importancia y lo crucial de lo que se traían entre manos: “Psychocandy”, aparte de uno de los mejores debuts nunca editados, obra clave para el trasvase del ya por entonces falto de ideas post-punk británico hacia el ruidismo sonoro del noise, que en gran parte definieron ellos y, más tarde, hacia el rock alternativo que surgiría a finales de la década y devendría en uno de los estilos más exitosos del decenio siguiente.

Bastante de la fascinación que produce esta esquiva obra maestra proviene del amateurismo y la ¿aparente? improvisación de todo lo que lo rodea: desde la nihilista pose de los hermanos Reid y compañía, afín con la moda goth imperante en el momento y con la reivindicación de la Velvet que surgió durante la década; hasta la descuidada portada y, evidentemente, el sonido ‘maquetero’ de todo el álbum, acorde con la manera de componer y presentar los temas de sus creadores.

Y es que “Psychocandy” no sería lo mismo sin ese sonido más propio de una ‘demo’, de haber sido grabado a toda y prisa y corriendo, como salga, y, lo más importante, sin pasar las guitarras por la mesa de producción. Porque amigos, lo realmente crucial en todo este asunto es ese cruce infernal entre cuerdas totalmente distorsionadas y sin ningún tipo de filtro, que llegan casi a comerse la propia canción en una vorágine de electricidad malsana; con las en un principio lineales y monocordes melodías de los Reid pero que al poco se convierten en imprescindibles dentro de tu cerebro.

Todo esto se traduce en una simpatía totalmente nula hacia el oyente, en un tremendo grito que parece exhalar que o aceptas las reglas de lo que hay o puedes irte marchando, porque no va a haber ningún tipo de complacencia contigo, cosa que puede hacerte dudar en un principio con los relativamente dulces acordes de “Just Like Honey”, uno de los máximos himnos de la banda, pero a la que comienza “The Living End” ya entiendes que estaban totalmente en lo cierto.
Después vendrán algunos momentos más de cierto respiro (Cut Dead, Some Candy Talking, Sowing Seeds) pero que no llegarán a conseguir una atmósfera de placidez al estar intercaladas entre erupciones de la talla de Taste the Floor, In a Hole, Never Understand o My Little Underground. Escucharlas todas seguidas produce esa curiosa sensación de plenitud y exaltación que sólo producen algunos discos, aquellos que como “Psychocandy” rayan la perfección.

Tras este insuperable comienzo, el batería Bobby Gillespie abandonó la banda para dedicarse a los también imprescindibles Primal Scream y el resto del grupo se centró en acentuar los momentos más dulces y pop con el también fabuloso “Darklands”. Pero a pesar de seguir grabando grandes discos, The Jesus And Mary Chain no consiguieron volver a grabar algo del calibre de este primer disco, y no quisieron volver a infundir el salvajismo y el primitivismo presente en esta seminal obra: un álbum grabado a fuego en la historia de una escena alternativa recién salida de su infancia, que proporcionó razón de ser a muchos grupos que vendrían después y que ocupa un lugar bastante especial en los corazones de aquellos que disfrutan de una música que huye del altruismo inmediato y requiere de paciencia para alcanzar sus cimas más hurañas.









   


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