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Reseña: Audioslave - Audioslave

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Audioslave
7
7.9



Sony [2002]
Productor: Rick Rubin
Banda: Chris Cornell, Tom Morello, Tim Commerford, Brad Wilk
Muchas han sido las elucubraciones que se han hecho desde que Zack de la Rocha se separase de Rage Against the Machine y se empezasen a barajar cantantes. En cuanto saltó la noticia de que Crish Cornell estaba grabando temas en estudio junto al resto de la banda, todos los fans del rock contemporáneo nos mostramos perplejos de tal unión. Encantados, si, porque significaba la perpetuación del espíritu de dos de las bandas disueltas más importantes de los 90, pero nadie veía realmente futuro en el cruce de dos propuestas tan alejadas. Y aquí nos vemos, meses después con el primer fruto de su trabajo y yo con la papeleta de analizar este disco lo más objetivamente posible. Pero la leyenda pesa demasiado, así que hablemos de presente en la medida de lo posible. Audioslave aterrizan en el mercado con un disco mucho más mediatizado por la voz de Crish Cornell que por los músicos (Tom Morello, Brad Wilk y Tim Commerford). Si, los riffs escuela Morello están ahí e incluso el guitarrista hace alguna filigrana de las suyas, pero ya no hay mensaje político y además proliferan medios tiempos que no hubiesen cabido en una banda con la mala hostia explícita de RATM.

El disco empieza con temas muy hard-rockeros, canciones que arrancan con riffs muy del gusto de Morello, como el single Cochise, tema en el que, retoman el espíritu de Led Zeppelin, referencia ineludible para los 4 miembros de la banda en sus anteriores proyectos. En plan parecido seguimos con Show Me How To Live, que nos sorprende con el tratamiento de la ya de por sí sobrehumana voz de Cornell al final. En Gasoline, a pesar de que se nota el sello de los músicos, la voz vuelve a despuntar comenzando aguda y susurrante (curiosamente un registro cercano al que suele usar Richard Patrick de Filter, que imita claramente el estilo de Cornell), pero la rabia está ahí y se desborda en el estribillo. En What You Are, algo parecido, pero diferente al mismo tiempo; Una voz suave y titubeante cortesía de Jesus Christ Cornell que vuelve a la carga acompañada por las guitarras furibundas de Morello.

Y aquí comienza lo mejor. Like a Stone se revela como una canción perfecta, algo que ya empieza a demostrar que incluso una banda tan heterogénea como Soundgarden no dejaba a su vocalista desplegar todo su potencial. Este tema huele a clásico, a single, a intemporal, de los que destacan desde la primera escucha pero no cansan. Dejamos el tracklist de lado, para comentar más canciones que se desmarquen, como es el caso de la balada perfecta, I Am The Highway de estribillo memorable y una milimétrica armonía de la voz y la música, la canción que nunca hubiesen podido tocar en Rage. Entre estas joyas encontramos también Getaway Car, más clásica que cualquier cosa que Soundgarden o RATM hayan tocado jamás. De hecho, parte del sonido del disco guarda cierta relación con lo que Cornell hizo junto a Ament y Gossard de Pearl Jam en el proyecto Temple of The Dog de tributo a Andy Wood. Y ese es el tema de Audioslave, que de forma extraña no suena a grunge, ni a funk-metal (o no de forma muy evidente); suenan a la vez añejos y diferentes, quizá fruto de esa conexión con el rock de los 70 que puede explicarlo todo.
En la segunda mitad del disco tenemos también más temas cañeros, como Set it Off, más hard rock vía Zeppelin o Shadow on the Sun, un medio tiempo de rock mucho más simple que lo que hacían Soundgarden donde Chris se desgañita a gusto. Y también destacable Exploder, quizá el tema más duro del disco, donde la mezcla de los backgrounds resulta más contundente y encontramos a Morello maltratando su guitarra y a Cornell tarareando con un excelente registro blues-rockero. Y bueno, lo más sorprendente del disco, porque rompe la tónica, pero sin sobresaltar (es difícil de explicar). Me refiero a Hypnotize, auténtico pelotazo de dance-rock. Quien conociese la filosofía de Rage Against the Machine supongo que ya se imaginará que está todo hecho sin maquinitas. Pues así es, aunque parezca mentira, voz y tres instrumentos crean un tema que nos recuerda a los U2 más tecnológicos, pero sin usar tal tecnología. A eso se le llama magia, del grupo y del productor, el afamado Rick Rubin que siempre deja su sello realzando el talento de sus bandas.

En resumen, Cornell ha contagiado su concepto de rock artie a la banda y ahí tenemos la enigmática portada que sirve de logo al grupo. El resultado es un disco de claros aires retro, pero creativo y refrescante en el panorama actual aunque no alcance a su pasado. Por el momento, es un disco que, tenga continuidad la banda o no, engrandece a sus miembros. Y es que si bien los músicos han podido experimentar nuevos ambientes, Cornell no para de cambiar de registro, lo que lo demuestra en una forma óptima. Esperemos que sigan y nos den más alegrías como este que es, uno de los mejores discos del año. Y si Zack de La Rocha debuta con un disco en solitario igual de brillante, mejor que mejor.