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entrevista con Ginferno

«Consideramos nuestra música como entes orgánicos que evolucionan constantemente y cuando cumplen su»
Cuatro de los cinco actuales miembros de Ginferno nos desvelan los entresijos de "Mondo Totale", el esperado nuevo disco de una de las bandas más queridas de la experimentación madrileña. Con ellos hablamos largo y tendido de la propia banda y de como está la escena independiente actualmente.
Noviembre, 2011
| por Ricardo

Ginferno sólo tenéis dos discos oficiales, pero sois una de las formaciones más longevas de la escena alternativa madrileña. ¿Os consideráis una banda de directo o simplemente es que os cuesta pasar por el aro del estudio?

Dani Niño: Sí a todo, pero con peros. Somos una banda de directo porque encima del escenario es donde la música cobra todo su sentido. Nosotros exponemos lo que tenemos que decir y la gente lo escucha, y si lo disfruta lo baila y lo aplaude. Esa conexión es tan placentera que cuando la pruebas no quieres otra cosa. Además hay una barra donde sirven todo tipo de refrigerios. Si en los estudios hubiera público y una barra, grabaríamos muchos más discos.

D Fletcher: Nos hemos hecho esta misma pregunta miles de veces. Aunque es cierto que durante años le hemos dado prioridad componer y al directo, preocupándonos de que cada concierto de Ginferno fuera una experiencia nueva para el espectador, nunca hemos dejado de grabar. Ten en cuenta que entre 2000 y 2009 ensayábamos en nuestro propio estudio de grabación. Entre 2004 y 2008 registramos allí cerca de 30 piezas; nos costaba encontrar el momento de terminarlas porque estábamos inmersos en una explosión de creatividad y nos motivaba más seguir explorando nuestras posibilidades que sentarnos a mezclar.

Javier Díez-Ena: A veces el precio de la libertad total es cierto desapego hacia algunas obligaciones que se les presupone a los grupos , entre ellas el editar cada dos o tres años un disco. Aunque el tiempo ha acabado por darnos la razón, el ser prolífico en ediciones no asegura nada.

D Fletcher: Por otro lado, en Ginferno consideramos la música que creamos como entes orgánicos que una vez aparecen evolucionan constantemente y cuando cumplen su ciclo desaparecen de nuestro repertorio. Es posible que durante algún tiempo hayamos sentido cierto rechazo a congelar -grabar- precipitadamente esos entes, temiendo que no hubieran llegado a su estado óptimo de evolución.

Todo cambió cuando nos dimos cuenta de que para que un grupo sobreviva es necesario que produzca  discos; te permite ir cerrando etapas y facilita que las personas que se interesan por tu trabajo, ya sea público, medios o promotores, puedan estar al tanto de lo que haces. Hemos aprendido también a disfrutar del trabajo en el estudio.


Aún así, aparte de los conciertos en que os hemos podido ver, habéis estado activos con otras colaboraciones distintas. Contadnos en que habéis andado metidos todos estos años.

D Fletcher: Siempre nos ha interesado comprobar qué sinergias se podían producir al combinar nuestra música con otras disciplinas artísticas. Hemos intentado proyectos con teatro, títeres, danza, videoarte, performance, cine, literatura, pintura, artes marciales,… Algunos se han concretado y otros no. Algunas de las colaboraciones de las que nos sentimos más orgullosos son: con Nobu, un bailarín japonés que mezclaba flamenco con kabuki; con el realizador Carlos Serrano para su primera película, “El Árbol”; con Lilli Hartmann, una brillante performer y video artista alemana; con Mercedes Cebrián en el programa de Mental Movies, un proyecto en el que de alguna manera se hace cine sin llegar a tirar un solo fotograma; con la Escuela de Escritores de Madrid; con el colectivo Homeless Vídeo en la instalación que hicieron en homenaje al artista fluxus Wolf Vostell; con Producciones Doradas en su serie Doropaedia; con la escuela de artes marciales Nantai;…

Han sido experiencias de las que hemos aprendido mucho y además nos lo hemos pasado en grande.

Hace poco estuvisteis en escena con el ex Can Damo Suzuki, ¿Cómo fue la experiencia en concreto?

D. Fletcher: En 2010 tuvimos la suerte de poder tocar con él en dos ocasiones gracias a Ingrid, una amiga común que reside en Londres y a Improvica, un interesantísimo sello japonés de música experimental. Fue una experiencia increíble y emocionante, poder subirte a un escenario con una persona que admiras desde los 14 años y  experimentar como su enorme fuerza creativa te va llevando de un sitio a otro sin esfuerzo y cómo con humildad y talento se adaptaba cuando alguno de nosotros tomaba la iniciativa.

Kim: Yo me quedo con un recuerdo antes del primer concierto que hicimos juntos. Damo decía que tenía mucha hambre así que le llevábamos a comer. Una vez en el restaurante comió dos boquerones y una pimienta verde. Le preguntábamos si no le había gustado la comida o que le pasaba, pero dijo que la comida en si no le solía llenar sino la compañía. Después del concierto bajaba a abrazar el público uno a uno. Fue un honor conocerle.

Javier Díez-Ena: Damo aparte de un mito con melena (que no hay tantos) es uno de los últimos supervivientes de la era de Acuario, en todos los sentidos. Él consiguió extraer lo mejor de nosotros, nos desinhibió completamente y nos lanzamos a improvisar a tumba abierta.

El gran cambio de lo que era Ginferno en ese primer disco y lo que es ahora es todo lo que ha aportado vuestro cantante (Kin Tipín) desde hace cinco años. Primero vuestros conciertos dejaban entrever que la voz iba a ir ganando protagonismo pero no es hasta ahora en “Mondo Totale” cuando nos topamos con ese cambio. ¿Cómo fue surgiendo ese cambio a la hora de dar más importancia a las voces y menos a los desarrollos instrumentales?

Dani Niño: Puede parecer una forma de verlo… pero creo que en este grupo la voz se trata como un instrumento más, así que no le ha comido terreno a lo instrumental. Es obvio que también tiene letras que expresan historias, pero en muchas ocasiones la voz de Kin es un instrumento más que emite onomatopeyas a modo de riffs de guitarra. La diferencia es que las letras hacen más entendible el mensaje de la canción, pero seguimos siendo un grupo instrumental.

D. Fletcher: Bueno, ten en cuenta que Kin se incorporó hace más de 5 años, en 2006. Inicialmente lo único que sabíamos todos era que queríamos trabajar juntos, sin tener claro si Kin iba a cantar, a golpear chatarra o incluso el bajo; dejamos que el tiempo decidiera y no ha sido hasta la incorporación de Javier Díez-Ena que las cosas han terminado por encajar y Kin ha encontrado su propio espacio dentro de Ginferno.

Antes de la llegada de Kin llevábamos ya casi 10 años haciendo música instrumental y sentíamos que necesitábamos ingredientes nuevos para no caer en la repetición y el aburrimiento. Los primeros 3 años tras su llegada fueron muy duros, especialmente para él; estábamos acostumbrados a luchar encarnizadamente por nuestros espacios durante los ensayos y Kin entró ahí sin manual, ni paracaídas ni casco protector. De todo lo que probamos en esos años, algunas cosas funcionaban y muchas otras no; descartamos decenas de horas de improvisaciones e ideas. Pero sin ese esfuerzo y las ganas de seguir disfrutando juntos de lo que nos aportamos los unos a los otros no habríamos llegado a esta nueva etapa en la que nos sentimos muy unidos,  motivados y productivos.

¿Toda la parafernalia alrededor de viajes que inunda este segundo disco de dónde viene? Ciertamente si que parecen sonidos sacados de viajesa la cultura de cada región…

Javier Díez-Ena: Todos en el grupo viajamos por el mundo, como buenos hijos de vecino. Pero el verdadero viaje es auricular. En Ginferno consumimos música a paletadas, la música se nos acumula en miles de estratos cerebrales y uno de los más influyentes a la hora de componer es el mejunje planetario de folclores mundiales y especialmente la mezcla de esos folclores con música más occidental, hallazgos como el garage africano, el beat birmano, la psicodelia japonesa etc… Sin caer nunca en esa blandura que  a veces adopta la llamada world music. Lo nuestro es más bien un asalto a mano armada para llevarnos el mejor sonido de cada cultura para después poder manipularlo y mezclarlo cómodamente en nuestros salones.

D. Fletcher: somos muy viajeros y muy “escuchadores”. Cada vez que nos topamos en la calle con alguien expresándose mediante un instrumento, ahí se quedan nuestras orejas, cerebros y grabadoras. A eso hay que sumar la descomunal cantidad de música que escuchamos, de todos los estilos y países posibles. Para los aficionados a la música de otros países, estamos en un momento interesantísimo: la música nueva nos llega enseguida y, además, se están reeditando miles de trabajos grabados en los últimos 80 años en Turquía, Thailandia, Ghana, Mali, Guinea, Perú, Camboya, India,  …

De alguna manera, todo eso que vamos acumulando en nuestras neuronas acaba saliendo, reinterpretado y descontextualizado, de manera natural durante nuestro proceso creativo.

En “Mondo Totale”, una vez teníamos la música y la historia que Kin quería contar definimos nombres para las canciones que “recontextualizaran” los diversos orígenes a nuestro propio ecosistema.

Como anexo regaláis un vinilo con todas las grabaciones perdidas entre ese primer disco y este nuevo. Da la sensación de un fin de ciclo

D. Fletcher: Efectivamente, desenterrando esas grabaciones que habían permanecido incompletas durante años hemos cerrado un ciclo que en escala temporal termina a finales de 2009 con la salida de Ginferno de Krater (guitarra y uno de los miembros fundadores) y la incorporación de Javier Díez-Ena al contrabajo, con quien empezamos de cero trabajando en el repertorio que se convertiría en Mondo Totale. Las incorporaciones de Javier y la de Daniel Niño al saxo barítono han sido muy importantes. Se han integrado como si lleváramos toda la vida tocando juntos. Con ellos contamos ahora con unos recursos creativos más extensos y nos mueve la misma pasión por encontrar la diferencia.

Dani Niño: Del fin de ciclo nunca se sabe. Cada canción de Ginferno cierra un ciclo por sí sola.

Una de las cosas que siempre me ha parecido más importante de Ginferno es que sois una de esas bandas que verdaderamente disfruta tocando. Que os divertís especialmente con lo que hacéis. ¿Me equivoco mucho?

D. Fletcher: No te equivocas. Los 2 momentos preferidos de Ginferno son: 1 - cuando estamos en el local improvisando e irrumpe esa chispa que provoca que entre todos hagamos aparecer algo que unos minutos antes no existía y 2 - cuando exponemos todo ese trabajo delante de público.

Además, está música que nos sale, con muchos cambios, paradas y arranques, variaciones de intensidad, … ¡¡¡es muy divertida de tocar!!!

Kim: Si y no, pero no hablaré más de cómo uno se sienta cuando te tiran zapatos encima… Sino buscas nuevos caminos con sentir de humor te costaría mucho. Al final sabemos que una canción está terminada cuando nos hace reír.

Lo mismo ha pasado con las letras. El personaje Kin al-Tipín intenta ser salvado por el amor pero fracasa de formas ridículas. (Se pregunta porque las mujeres no se enamoran de él aunque tiene una tarjeta de crédito ilimitada y les puede llevar de vacaciones a las islas (Holiday in Faroe), se enamora de su vecina pero en vez de llamarla se compra un telescopio (Telescopic Eye), luego piensa que ha encontrado el amor de su vida en una boda donde la mujer está a punto de casarse (Timanfaya Grill Club). El tío busca el amor que manda la ley de Newton a la mierda (Caspian Love Boat) y por eso cae en agujeros donde fantasmas le están matando con cuchillos (Appalachian Training Camp.) Para mi representa la grandeza y la tragedia de los roles masculinos y femeninos que el mundo occidental lleva siglos alimentando. Ahora le toca cambiar y en el siguiente disco habrá un poco más de reflección por su parte. Ha descubierto a Kierkegaard y que la boda cristiana no le salvará el espíritu…

Dani Niño: Sólo hace falta observar las sonrisas de Dani Fletcher, los gritos locos de Fede, los moonwalk camuflados de Díez-Ena, los saltos de Dani Niño, y las locuras de Kin, para comprobar que no te equivocas en absoluto. Comenzar un concierto es conectar un poquito con la felicidad.

Antes hablábamos de esa “escena madrileña” tan difusa y poco tangible, pero ¿cómo veis a Madrid a nivel independiente ahora mismo? ¿Qué diferencias podéis ver vosotros ahora con respecto a diez años atrás?

Javier Díez-Ena: A nivel independiente sigue bullendo, la efervescencia no solo no se ha perdido sino que burbujea más que nunca. La escena madrileña yo creo que ahora es mucho más densa que hace diez años, ha crecido en número y en diversidad de propuestas y estilos. Hay mucha más gente tocando y lo que es más importante hay mucha más gente programando, lo cual hace que los grupos interaccionen mas entre ellos, hace diez años la escena era menos escena, los grupos viajan más en solitario. Por otro lado entre 2005 y 2010  el uso de Myspace facilitó y aceleró  la manera de contactar entre grupos, programadores, salas e incluso público.

D. Fletcher: Creo que en Madrid se ha conseguido vencer el “efecto cambio de década” y cambiar la secuencia que venía produciéndose en décadas anteriores: 1. Escena subterránea que rompe con lo establecido y genera un excitante caldo de cultivo artístico. 2. Algunos de los componentes de esa escena subterránea fichan por un sello grande o tienen un éxito comercial importante. 3. Los sellos, los medios, el público, las bandas, managers y promotores colocan sus expectativas al nivel de los grupos que han tenido más éxito. 4. Decepción; al final sólo sobreviven 2 o 3 de esas bandas y cuando se desinfla el globo, en Madrid no ha quedado infraestructura para que puedan funcionar con normalidad las bandas que se mueven en los subterráneos.

Esto ocurrió de los 80 a los 90 y también en la década siguiente. Afortunadamente creo que el último cambio de década nos presenta una situación razonablemente optimista. Las causas serían objeto de un larguísimo debate.

Para ser muy breve, voy a señalar alguno de los indicadores que me llevan a pensar en positivo: siguen apareciendo bandas muy interesantes que buscan su propia forma de expresarse al margen de modas; hay salas y nuevos espacios donde tocar y escuchar que además, por lo general, están decentemente equipados; hay público con las orejas bien abiertas interesado en lo que se propone; hay infinidad de pequeños promotores intentando hacer cosas, lo cual me parece muy positivo, porque aunque muchos de ellos se estrellen, esta multitud de pequeñas iniciativas le dan vida a la ciudad y contribuyen a generar interés y público; cambio de mentalidad: se empieza a ver a la música como un contenido válido en una programación cultural en ámbitos en los que anteriormente estaba vetada; la autoedición casi se ha convertido en norma, cosa que aplaudo; se ha normalizado el interés de los medios generalistas por lo que sale de Madrid; parte del Sector Público en Madrid se ha dado cuenta de lo perjudicial que es diseñar programaciones culturales desde los despachos de las Consejerías y de los Ayuntamientos y se ha cedido en gran parte esta  responsabilidad a la iniciativa privada; …

Nada muy espectacular, me dirás, y es cierto, pero desde mi punto de vista todas las pequeñas iniciativas individuales y todos los pequeños cambios a mejor suman y son importantes. Se sigue haciendo música por comunicar, disfrutar, compartir, descubirse,… dejando, en parte, a un lado las expectativas que acaban frustrando a muchas de las personas que se acercan a este mundo.

Aunque creo que estamos mucho mejor que en 1999 y hemos seguido mejorando desde la “explosión underground” que se produjo en 2005 hay cosas en las que seguimos suspendiendo: no contamos con medios especializados fuertes y consolidados (aunque hay un montón de blogs y webs muy interesantes); exportación: estamos mejorando en la exportación de bandas de Madrid, pero todavía es muy dependiente del apoyo de las administraciones públicas y la realidad es que no se están creando canales reutilizables por otras bandas. Tengo bastante esperanza en que las actividades internacionales del Festival Primavera Sound beneficien la exportación de música española y generen puentes sólidos e intercambios reales; seguimos sin ser capaces de tener un festival de música de prestigio internacional en Madrid; parece que ahora grandes marcas están moviendo importantes cantidades de dinero financiando giras, conciertos y festivales en forma de patrocinios. Esto lo veo positivo, el mecenazgo hoy en día adopta múltiples formas, pero ojo, ¿qué ocurrirá si ese dinero desaparece de la música en directo? ¿Estaremos preparados para buscar otras fuentes de financiación sin que se vea afectada la actividad del sector?

Como amplios conocedores de lo que se cuece por aquí,
¿Qué bandas madrileñas son las que Ginferno nos recomendarían?

Kim: Hay muchos pero para mencionar dos: Los Caballos de Dusseldorf y el nuevo proyecto de Krater Ginferno que se llama Todo.

Dani Niño: Sin duda Dead Capo, OGUN afrobeat, Los Cuantos con Kim, y una que se está gestando en estos momentos y que pronto dará que hablar: Forastero. Y estas son las que tenemos más cercanas, pero Madrid está repleto de bandas brutales que tienen mucho que decir.

D. Fletcher: Es una alegría comprobar que casi todos los artistas que salieron en los recopilatorios “Madrid Terminal” (Subterfuge, 2005) y “Cómete Madrid” (B-Core, 2005) siguen en activo y haciendo una música increíble. Además, constantemente aparecen bandas nuevas realmente interesantes.

Omitiendo deliberadamente la media docena de proyectos en los que están involucrados miembros de Ginferno, voy a mencionar sólo algunas de mis bandas favoritas de Madrid: Rosvita, Alta Cabeza, Margarita, Grabba  Grabba Tape!, Lüger, Los Punsetes, Wild Honey, Juanita y Los Feos, Fabuloso Combo Espectro, Los Caballos de Dusseldorf, Los Chicos, Sacramento, Mittens, Jonston, Dolores, Grosgoroth, Diecisiete,………………..

Como ves, cada uno de éstos apuesta por estéticas musicales muy diferentes.

Gracias a todos, nos vemos en el Primavera Club

D. Fletcher: ¡Seguro!

Kim: ¡¡¡Bienvenidos seáis!!!

Dani Niño: Y vete calentando las orejas que "Mondo Totale" acaba de salir en vinilo, muchos platos van a explotar con este discazo