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Crónica: Zener - Madrid (11/10/2008)

11/10/2008, Madrid
8.5
9
Art Brut, 1/3 de la sala
Precio: 5 €

Hora teórica de comienzo, 20:30, hora real de inicio del concierto, 21:15. Tampoco estuvo mal el asunto, porque por el mismo precio, pude asistir a una prueba de sonido y porque tampoco esta mal tomarte una Paulaner por 3 euros en una sala céntrica de Madrid, pero bueno, tampoco sería mala cosa que los conciertos empezasen a su hora.

Ya se vió en la prueba de sonido que Jardín de la Croix tenían muchos problemas. Art Brut es una sala pequeñita (¿cuantas personas entraran? ¿100 muy apretadas?) que no cobra alquiler y tampoco se puede pedir peras al olmo, pero los problemas para escucharse unos a los otros, y coordinarse en el escenario con un repertorio de math-rock iba a ser difícil. El problema del concierto al final no vino por ahí, sino del para mi, excesivo volumen y mala ecualización. Prácticamente la batería se comía todo. A pesar de eso, concierto muy bueno de los madrileños. Sorprende ver a una gente tan joven, tan buenos en sus respectivos instrumentos y con las ideas tan claras. En un momento en que en la escena madrileña las bandas instrumentales proliferan por doquier, el sonido de Jardín de la Croix, tiene verdadera personalidad propia.

Tema aparte el del sonido y la gracia de que un espectador tuviera que avisar al guitarra de que llevaba la bragueta abierta (anécdota del concierto) era increíble ver el ejercicio gimnástico de esta gente mástil de la guitarra/bajo, arriba y abajo, moviendo constantemente los dedos y coordinando las difíciles interpretaciones, a pesar de las dificultades apuntadas. El batería tampoco se quedaba corto en este ejercicio. Y a pesar de su juventud son también una gente que sabe transmitir desde el escenario. Del repertorio, yo me quedo como curiosidad con el apunte a los Tool que nos hizo el bajista, la hostias finales a mano descubierta de uno de los guitarras a los platos de la batería, que acabo sacando de sitio, pero, sobre todo, con la interpretación de "Polyhedron". El 1 de noviembre tengo nueva cita con Jardín de la Croix, junto a Toundra, en Siroco. Espero poder disfrutar plenamente de su música, porque mimbres, el cesto tiene y sólo les faltó que les acompañasen minimamente los elementos.

Lo de Zener, para mi era una añadido. Me acerque a la Art Brut sobre todo por escuchar a Jardín de la Croix, pero lo de Zener fue un directazo a la mandíbula en toda regla. Los valencianos sacaron mucho mejor sonido que los madrileños, también al tratarse de una propuesta mucho más directa, pero no por ello, menos enrevesada. Cuatro máquinas es lo que vimos en el escenario, en especial el bajista, verdadero crack en sus poses y movimientos, pero acompañado muy bien por los dos guitarras. Nos obsequiaron con toda una suerte de poses, contorsiones y movimientos que ni Flea, en los tiempos en los que era Flea, hubiera hecho mejor, además aderezado todo con muy buen humor. Por ejemplo, en el punto en que el bajista saco una invitación para bajarse del escenario y pedirse una cerveza, la presentación: "hola, somos Metallica", o cuando los dos guitarras se bajaron del escenario, para tocar de cara a sus compañeros. Además su propuesta noise-psicodelia adquiere todo su sentido (o sinsentido) en directo. No pude evitar verme bailando en determinadas partes de sus canciones. Gracioso también fue cuando una chica del público les pidió "Despeñaperros" y el bajista le respondió, "pero si esa ya la hemos tocado". Para mi el único "pero", además del intentar hablarnos sin utilizar micrófonos (no se les entendía nada), estuvo en la parte final. Durante todo el concierto jugaron mucho además de con los instrumentos, con todo el aparato eléctrico, pero en el final de "Talbot Horizon" hicieron uso y abuso de las distorsiones eléctricas, durante al menos diez minutos. Me rémito al dicho castellano: lo poco agrada, lo mucho cansa. Pero bueno, también esto formaba parte de su idiosincrasía.

Estupendo bolo el organizado a un módico precio, cinco euros, y módicos también los precios de los discos, cinco euros. Salvo el tema del sonido de Jardín de la Croix y el exceso final de Zener, pedazo de concierto a los que uno gusta asistir y al que volvería sin dudarlo. Lástima lo de siempre, la escasa asistencia de público (no más de cuarenta personas), quizás motivado por lo temprano del horario (el concierto acabó algo pasadas las once), pero que a mi me vino estupendamente, para seguir con mis cosas por mi ciudad del extrarradio.