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Crónica: Primavera Sound Touring Party - Bilbao (29/11/2013)

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El Primavera Sound Touring Party te da sorpresas, sorpresas te da el PS Touring Party. O más bien el público de Bilbao. El mismo que tuvo a bien llenar la sala un jueves hasta pasada la 1 de la madrugada, el viernes no hizo demasiado acto de presencia. Concretamente la mitad, más o menos. Es cierto que los grupos de la segunda jornada tenían menos tirón comercial, aunque suponemos que si estaban así distribuidos sus buenas razones habría. Pues mal hecho, porque el nivel musical fue sensacional y más sorprendente que el del día anterior.

Abrieron Extraperlo, que pese a no contar con su bajista titular por temas personales importantes, hicieron un apaño de ultimísima hora para interpretarnos unas pocas canciones. Siendo los primeros en tocar en una gira de 4 bandas, lo hubieran tenido bien fácil para cancelar sin complicarse la vida, así que su decisión les honra y así lo reconocieron todas las bandas de la noche, denotando el compañerismo que, inevitablemente se ha tenido que generar durante la gira. Su música, a medio camino entre ese pop tropical de su amigo El Guincho y el post-punk via La Movida, cobró calidez y aires de salón en directo y pese a que su propuesta no me engancha en exceso y que, por lo comentado, no sería la mejor ocasión para enjuiciar su directo, no lo hicieron nada mal.

Con The Free Fall Band, con los que habíamos hablado hace poco sobre esta misma gira, la cosa fue más radical. Su música, en disco elegante y correcta, quizá demasiado, cobra fuerza en un arrollador directo. Ya fuimos testigos de ello cuando arrasaron precisamente en el Villa de Bilbao, por el que se sienten un poco en deuda con la ciudad, pero parece que en este escaso tiempo la banda haya crecido mucho y además de sonar como un tiro, sea capaz de mostrar entrega y disfrute al máximo, en especial su multiinstrumentista (melódica, flauta, armónica, saxo, pandereta) que no paró desde el minuto uno. La cierta fama que arrastran de niños mimados se desvanece en un directo que alterna canciones propias con versiones sin que nada chirríe. Culminaron la faena con esa "The Apple Tree" cuyos primeros compases nos sabemos de memoria gracias a los vídeos del reality/documental de la gira.

A priori, Paus eran el plato más interesante de la noche para nuestros alterados gustos. Y qué duda cabe que los portugueses son una banda digna de ver. Al fin y al cabo, pocas bandas hay en las que la batería sea el instrumento principal. Si estás pensando en Battles, minipunto para ti, ya que son el grupo más fácil asociar a la mezcla de estruendo percusivo y sintético de los lisboetas. Pero estos tienen dos baterías y lo que es más, ensambladas juntas. Además, ambos baterías también cantan, junto al resto, las minimalistas letras de la banda, que confluyen en el torrente casi tribal del cuarteto. Aparte de la hipnosis que genera esta batucada progresiva del corazón de Paus, quedan a los flancos su bailongo bajista y el guitarra/teclista, creando entre todos un estruendo que tiende al groove psicodélico y al trance que quizá pueda apabullar en dosis más altas de la moderada que un festival así permitía. Provocaron un poco a un público parado y callado, pero es más cuestión de que seguramente muchos no estarían sobre aviso del contraste vivido respecto del resto de bandas.

Quedaban Svper para el fin de fiesta. Es un decir, porque parte del público que apenas llenaría media sala en su momento álgido incluso tomó la salida antes o después de que la pareja comenzara a desgranar su kraut-pop. La suya una propuesta atípica ante la cual no se sabe bien como actuar como público. Qué duda cabe que no son electrónica en el sentido bailable del término y la actitud de la pareja, en la oscuridad y ensimismada en sus cacharros tampoco contribuye a un clima festivo. En este sentido todo parece indicar que unas proyecciones harían muy bien para que la gente tuviera un estímulo visual a la altura de su sugerente música. Todo esto y el hecho de que sus melodías no luzcan tanto como en disco nos lleva a la conclusión de que algo chirría en el directo de la pareja. O quizá su plan sea reventar expectativas, como hicieron al despedirse con un tema nuevo, más lento, depresivo y hasta industrial que el resto.

A modo de epílogo, sólo queda aplaudir la propuesta del PS Touring Party, sobre todo por el riesgo de llevar a estas bandas a ciudades más al margen del habitual circuito de conciertos y más en estos momentos. Esperamos que tenga continuidad, porque los festivales están muy bien pero en las salas es donde se tiene que cocinar la música para que las bandas crezcan y se curtan de forma natural, en contraposición a los "artistas fenómeno" que acaban siendo flor de un día.