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Crónica: Primavera Club - Madrid (07/12/2012)

07/12/2012, Madrid
8.8
8
Matadero Madrid, Lleno
Precio: 25 euros día / 45 abono

Estaba cantado pero ahora que es oficial, la crónica de este último Primavera Club a celebrar en suelo español (al menos de momento) se torna en algo hasta romántico. Con problemas en su originaria residencia de Barcelona, su edición hermana madrileña ha visto como las instituciones públicas lastraban el normal desarrollo del evento, así como unas dificultades enormes para rentabilizar una edición normal en salas salían a escena pasando a usar las naves contiguas del Matadero de Madrid.

Mark LaneganDe este modo el festival pasó a desarrollarse solamente en dos días, unicamente en ese recinto del Matadero, como una medida de última hora para asegurar la viabilidad del festival. Esto no había hecho más que empezar, puesto que aparecieron otros agentes externos como la subida del IVA, la tragedia del Madrid Arena que hizo que se pusiese especial ojo a este tipo de eventos por parte de las autoridades locales y el despropósito final de pasar de 800 a 100 el aforo de la Nave de Terneras ante la incompetencia de dichos estamentos públicos.

¿El resultado a pie de campo? El de la peor edición de todas cuantas Primavera Club ha decidido poner pies en suelo madrileño. Quizás en lo musical conviene salvar los muebles, sobre todo en esta primera jornada,  pero en el resto de situaciones sólo podemos mirar a otro lado y resignarnos a que todo sucedió como buenamente se pudo. Por el lado más importante aparecieron todos esos problemas causados por agentes externos a la organización, desde que al llegar al recinto aparecía una cola inmensa para entrar a la Nave 16 (la grande) porque la Policía de Madrid había decidido que había que pedir el DNI a todos los asistentes, aunque tuvieran el pelo blanco y una tripa adquirida durante décadas de abuso cervecero. Los cacheos eran insistentes, nada de mirar por encima. En la Nave de Terneras a la misma hora estaban actuando ya Bremen, y por mucho que fuese a primerísima hora, el aforo estaba ya completo. Al menos eso decía el coche de policía que permaneció apostado frente a la puerta de la Nave, vigilando que no pasara ni un sólo visitante más de los 90 que habían permitido. El Estado Policial se instauró pues durante las dos jornadas de festival, con alrededor de cincuenta efectivos policiales por dentro de Matadero Madrid, aunque una mínima charla con ellos hacía que los propios agentes manifestaran su disconformidad con tener que estar haciendo este tipo de trabajo en un evento tan tranquilo como Primavera Club con tantas cosas sucediendo ahí fuera.

Pero no todo fueron problemas relacionados con esos agentes externos, o al menos no tan directos. La organización del festival falló de manera estrepitosa con la cantidad de personal y número de barras, así como de servicios disponibles ante tanto masivo publico en la Nave 16. El ponerse en fila para hacer cualquier cosa fue el habitat natural del asistente a Primavera Club Madrid 2012, y hay que reconocer que por mucho que la marca Primavera está fuera de toda duda la planificación fue mala. Hasta 45 minutos para pedir en la barra llegamos a tardar, sin contar con que el intercambio de dinero por tickets fueron otros 20. Cuatro o cinco baños para las dos mil personas tampoco fue una distribución lógica, aunque suponemos que las dificultades para poder poner baños fuera del recinto por parte de los efectivos de Policía estuvieron a la orden del día. El resultado fue nefasto.

TOY

Lo importante de Primavera Club es la música y es poder disfrutar de bandas como Toy, una de esas bandas que están llamadas a hacerse grandes pero que de momento apenas cuentan con un disco de debut notable que puede quedarse en nada de cara al futuro. Quién diría que el caché de Toy era ese de promesas y no el de banda consolidada a tenor de un nutrido grupo de fans que se atrincheraban en primera fila incluso con el nombre de la banda escrito en sus caras. Desde luego que la banda sabe muy bien lo que se hace con un sonido muy denso que aprovechó bien el reverb de la Nave 16 para traer el mejor regusto a kraut y shoegaze. El disco es bueno y su directo anda a la altura en cuanto a entrega y ejecución, así que los esperamos de vuelta. ¿Primavera Sound? Ricardo

DeerhoofDEERHOOF


Estaba claro que la sombra de Cat Power iba a ser alargada, porque pese a quién pese el tirón es muy distinto entre estos sustitutos y la sustituida, pero aún así el directo de esta banda de San Francisco creo que contentó a propios y extraños. Como ocurrió con ellos a su paso por el mismo festival en 2008, se ganaron la simpatía de todos con esa propuesta de math/noise-rock deslabazado y con unos sus entrañables y divertidos miembros Satomi Matsuzaki (cantante y bajista) y Greg Saunier (batería). El recital se centró en su reciente "Breakup Song", de la que cabía destacar momentos como "There's That Grin" o la propia "Breakup Songs", pero también hubo tiempo de repaso de temas como "Basketball Get Your Groove Back" o de esa pieza en catalán que es "Qui Dorm, Només Somia". Infalibles, aunque ganan en las distancias cortas. Ricardo

MARK LANEGAN

En algún momento de este Primavera Club, y sobre todo pensándolo a posteriori (la actuación de Redd Kross solo puede tenerse en cuenta como parte de nuestra imaginación), la presencia de Mark Lanegan se antoja un tanto desubicada en el contexto de un festival que brilló, entre algunas otras cosas negativas, por la escasez de propuestas con un carácter más rockero. Ante un público que quizás, hablando en términos subjetivos del que escribe, no reverenciaba su figura como sería menester, Lanegan, junto a su banda de acompañamiento, no hizo otra cosa que lo que ya nos ofreció en sus últimas fechas de Abril, es decir presentar con contundencia y saber estar su notable “Blues Funeral”, y regalar algunas píldoras de sus clásicos primeros discos (infalibles las "Hit The City" y "One Hundred Days" de siempre), junto a alguna sorpresa en forma de versión como la genial “Hangin Tree” de QOTSA. Con una iluminación y puesta de escena más propia del funeral que vaticina el nombre de su último Lp, la banda sonó de una forma muy correcta durante su hora de actuación, y de este modo tanto las canciones más enérgicas y épicas (“Ode To Sad Disco”, “Quiver Syndrome”,Harborview Hospital”), como esas más íntimas en las que la voz del de Ellensburg te abruma hasta hacerte diminuto, se combinaron para completar una actuación al gusto de la parte del público que buscaba algo más de de actitud rockera en el cartel. Amalio

SWANS


Para poder llegar a la Nave de Música y disfrutar del show de Swans había que sacrificar el final de concierto de Mark Lanegan en la Nave 16. La sombra de lo que ocurrió en idéntico escenario con Shellac, una banda de potencia similar a la de los de Michael Gira, no era buen augurio para este esperado concierto pero al final la cosa encontró su sitio. Los tapones que nos entregaron a la entrada funcionaron a las mil maravillas en las primeras filas, dónde la casi constante cara de cabreo de Michael Gira acongojaba a muchos. Comenzaron en pleno drone-amable con una inedita "To Be Kind" que fue increscendo hasta llegar al primer repaso a su reciente "The Seer" con una evolutiva "Avatar". Conviene explicar que el directo de Swans pasa por un aprovechamiento de las cualidades de sus miembros y de sus hipnóticos pasajes, lejos de centrarse en un repertorio fiel al de los discos. De este modo tanto esta misma "Avatar" como el posterior cierre con "The Seer" se recogieron en ese trabajo de director de orquesta de Gira alzando su guitarra, esa fuerza de él y su bajista Chris Pravdica, el inconmensurable y simpático Thor Harris a la percusión que actuó sin camisa durante todo el concierto a pesar del frío que hacía en el semicubierto escenario o el eterno compañero de Gira que es Norman Westberg.

Las dos horas y pico de concierto fueron de una crudeza y brutalidad que pocas veces podremos volver a vivir, aunque es cierto que aquel soberbio concierto de hace un año en Primavera Sound no fue igualado sobre todo por perder el factor sorpresa. Aún así el ejercicio de catarsis sonora de Gira y los suyos es un lujo al alcance de muy pocos. Algunos dicen que se hizo largo, otros que no consiguieron llegar a formar parte del concierto, pero los que pudimos disfrutarlo al cien por cien quedamos satisfechos al máximo. Ricardo

ARIEL PINK´S HAUNTED GRAFITTI

La marciana propuesta de pop de otra época fusionada con el descaro del Lo-fi más modernete, se convirtió en este Primavera Club en toda una sesión de intensidad que un servidor no esperaba. La calidez de temas como “Only My Dreams” se vio llevada al extremo por una banda, y un Ariel Marcus Rosenberg, que hicieron del ruido la razón de ser de su actuación durante buena parte de la misma. Quizás no llegaron a encontrar el punto justo para que todo aquello sonase como esperaban los fans del mucho más limpio en cuanto a sonido último disco de la banda, pero desde luego no se les puede acusar de haber intentado llevar sus canciones a un nuevo punto inesperado y atrevido. Buena propuesta de psicodelia pop llevada a cabo con emoción e intensidad, con canciones como “Mathure Themes” que poseen aires de clásico inminente, y con  un Ariel que, con sus bien traídos pantalones rosas, se acercó por momentos a una estrella del rock alternativo más que al pseudoicono pop que todos tenemos en la cabeza. Amalio

THE VACCINES

Finalizadas las actuaciones del resto de naves, a última hora de la noche solo quedaba la opción de disfrutar de uno de los hypes de la temporada, los británicos The Vaccines. Y ellos sabedores del privilegio de ser el fin de fiesta trataron de aprovechar la oportunidad desde el minuto uno. Con una salida en tromba con “No Hope”, y alguna otra de sus piezas más directas, aquello parecía un festival de esos que se hacen en la playa más que la estática congregación de dos mil personas que había sido durante toda la tarde noche. Saltos, manos arriba, y estribillos coreados incluso cuando plagiaban a los Ramones con su exitosa "Post Break-Up Sex", era la tónica general dentro de una Nave 16 abarrotada ya a esas horas, y que sin embargo se fue sosegando al tiempo que la salida victoriosa de los londinenses se iba diluyendo. Y es que The Vaccines, como The Strokes (aunque sin su brillantez), o como Arctic Monkeys (sin su pegada), tienen unos cuantos buenos singles, faltándoles sin embargo el repertorio necesario para cubrir una actuación con los matices y la fuerza que todo buen cabeza de cartel debe tener. Con todo y eso, mejor sabor de boca del esperado el que provocó el nuevo fenómeno británico, los cuales al menos consiguieron hacer mover al público con la actuación más divertida del festival, a la vez que, eso sí, la más intrascendente. Amalio