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Crónica: Mark Kozelek - Sevilla (16/10/2013)

16/10/2013, Sevilla
7.2
7
Malandar, medio lleno
Precio: 12/16 €

Muy distinto el concierto de Mark Kozelek en Malandar al que presenciamos en el Teatro Central hace unos años. Si en aquella ocasión el artista se situó sobre un enorme escenario que lo empequeñecía, separado algunos metros de la primera fila de público sentado, callado y respetuoso; en esta ocasión tuvo que batallar en el espacio más reducido de la sala Malandar ante un ambiente más jovial y distendido, con todas las consecuencias que ello conlleva.

Aquí pudo colocarse en un estado de referencia, sentado sobre el escenario y elevado ante el público que lo rodeaba, como si de un profesor que instruyera a sus alumnos se tratara. Esto le proporcionó una posibilidad de control sobre el público que a la larga, para un tipo tan quisquilloso como Kozelek, jugó en su contra y en la del público que había venido para escuchar las, todo hay que decirlo, bellas composiciones de esta leyenda del indie de envolvente voz y talento para la guitarra.

Y es que poco hay que reprochar a la parte meramente interpretativa. Basando el repertorio sobre todo en sus dos últimas obras colaborativas, “Perils From the Sea” y “Mark Kozelek & Desertshore”, el de San Francisco tocó tan bien como se le esperaba, con una voz y una guitarra calibradas al milímetro como pocas veces hemos podido escuchar en Malandar; envolvente la primera y ensoñadora gracias al ligero reverb la segunda. Entre eso y canciones de nuevo cuño tan emocionantes como “By the Time That I Awoke”, “Gustavo” o “Tavoris Cloud”, no echamos tanto de menos canciones antiguas de Sun Kil Moon o Red House Painters.

Pero lo cierto es que la cosa empezó a torcerse hacia lo imprevisible conforme aumentaba el eventual murmullo del público. Pasó de lanzar irónicas chanzas a mandar callar reiterativamente y a confesar lo cansado que estaba, tras varios conciertos ya y post-conciertos hablando con muchos ‘spanish guys with spanish beer’ (según sus palabras) que apenas sabían inglés. Localizó entonces a varios estadounidenses en primera fila con los que entabló conversaciones demasiado largas, que entorpecieron el ritmo, y que parecían los únicos entre el público en ocasiones para el intérprete.

Ante este panorama, alguno entre el público ‘español’ comenzó a vacilarle hablando en tono bastante alto, con la subsiguiente reprimenda del protagonista. Lamentablemente, la cosa llegó a mayores cuando se obcecó con un tipo de primera fila, al que llamó repetidas veces ‘fucking Davy Jones’, ¿en alusión al cantante de los Monkees? Ni idea.

Aún así, la magia de su música hizo que, si no perdonarle, al menos olvidáramos sus desagravios ante momentos de tanta intensidad y belleza como los de “Richard Ramirez Died Today of Natural Causes” o “Ceiling Gazing”. Pero el cómputo final de la más de hora y media de actuación no podía menos que situarse en irregular. Desconcertante en su totalidad, maravilloso por momentos, vergonzoso en ocasiones. Quizá lo mejor que podamos decir es que no aburrió y que, tras el personaje, sigue habiendo un gran artista.