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Crónica: Fujiya & Miyagi - Sevilla (02/07/2011)

02/07/2011, Sevilla
8.0
Steve Lewis, David Best, Matt Hainsby, Lee Adams
8
CICUS, Lleno
Precio: gratis

Otra noche más, aunque con nuevo ciclo de por medio, en CICUS. Tras finalizar el anterior 2+1 con una media de notable, encarábamos Electrochock (US) en su edición 2011 con las mismas ganas de descubrir nuevas bandas y disfrutar de refrescantes directos en el patio de este recinto de la Universidad de Sevilla; o incluso con más si cabe al perdernos la inauguración del día anterior a cargo de Úrsula, bastión regional del slowcore y el ambient.

Parecía que se había corrido la voz de la calidad a nulo precio, ya que poco antes de las diez y media el ya familiar espacio rebullía de actividad, para con el paso de los minutos (hubo un retraso de comienzo considerable) llegar a un lleno completo poco esperable para un grupo virtualmente desconocido por el público medio. No queremos entrar en cuestiones de cuántos habrían acudido si se impusiera un precio simbólico o semi-simbólico, ya que no creo que sea el caso al creer firmemente que el fin de la entidad organizadora es traer propuestas culturales diversas y, las más de las veces, alternativas al público sevillano, con ganas de arriesgar desde un lado y de sorprenderse por el otro.

A lo que íbamos, la cita de esa noche era con Fujiya & Miyagi, engañoso título bajo el que se encuentra un cuarteto inglés que se pasea sin problemas entre la indietrónica más complaciente y progresiones más cerebrales. Puede decirse sin ánimo de ofender que poseen cero carisma y presencia escénica, estando Steve Lewis y los suyos totalmente al servicio de sus instrumentos y de la creación del sonido y dejando para la vista y el espectáculo unos audiovisuales programados realmente bien elegidos y cuidados.

Y es que nos encontramos con claramente la unión mejor hilvanada entre música en directo y videoarte/videoclip a la que habíamos asistido en los últimos tiempos. Tanto que, conforme avanzaban los temas del nuevo álbum que venían presentando, Ventriloquizzing, y de sus tres anteriores, menos atención prestábamos al grupo y más a la música envolvente y a la pantalla de atrás, que nos iba mostrando una imaginería muy particular a base de cintas de cassette, píldoras, dados e inquietantes muñecos (vuelta al concepto de su último trabajo).

Así, llegó un punto en el que, conocida ya toda la cosmogonía particular del conjunto y asimiladas sus querencias sónicas, se mostró indispensable no fijar los ojos en las cada vez más retorcidas imágenes y vídeos (impactante la infección cutánea sobre los muñecos) para extraerle el jugo a un hecho artístico en el que ambas disciplinas iban a la par sin predominar ninguna sobre la otra, dejándonos finalmente la sensación de que habíamos disfrutado mucho, pero con la incógnita de si serían capaces los de Brighton de presentarse sin proyector ni soporte. Igual ni se lo plantean...



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