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Crónica: Deerhunter - Bilbao (13/04/2011)

13/04/2011, Bilbao
8.0
Bradford Cox, Moses Archuleta, Josh Fauver, Lockett Pundt
8
Kafe Antzokia, Medio aforo
Precio:

60 Cycle Hum

Desire Lines

Hazel St.

Don't Cry

Revival

Little Kids

Memory Boy

Rainwater Cassette Exchange

Nothing Ever Happened

Helicopter

He Would Have Laughed

 

BISES

Cover Me (Slowly)

Agoraphobia

Octet

Un miércoles es un día complicado para un concierto y más lo es llenar en Bilbao el Kafe Antzokia (la vizcaína es una capital más rockera, aunque eso puede estar cambiando), máxime cuando a escasos metros e idéntica hora se celebra otro concierto interesante. Esto, más un precio elevado, pueden ser indicadores de que la sala estuviera a poco más de medio aforo, mientras que seguramente en Madrid y Barcelona veamos sold out.

No en vano Deerhunter son uno de los grupos estrellas del indie-rock internacional, muy amados en entornos como el del festival Primavera Sound, cuyos propios organizadores nos traían la gira. A ellos, agradecerles algo bastante inédito por estos lares; un concierto que empieza sin apenas retrasos. Una sensación indescriptible, de tan inusual. No exagero.

Abrieron fuego los teloneros Lower Dens. Mucho les queda para llegar al nivel de excelencia de sus teloneados, pero de todos modos su estilo se diferencia más en directo de lo que escuchando algunos temas sueltos nos pareció. El cuarteto, capitaneado por un chico y una chica, guitarra y bajo respectivamente, pero ambos a las voces, tiene un cariz bastante más oscuro y tiende a la monotonía rítmica. Todo en base a conseguir climas de hipnosis a caballo entre el post-punk y el kraut. Saben crear ambientes pero les faltan canciones.

Justo lo que les sobra a Deerhunter, que abrieron el concierto en tono festivo con aires de sample hip-hopero. Se trata de "60 Cycle Hum", tema inédito que extendieron hasta que la cacofonía les dio para enlazar con “Desire Lines”, una de sus canciones pop más redondas de la suave y melancólica garganta de su guitarrista. Sonó un poco renqueante pese a que fue ganando con las irresistibles melodías de corte Pixies que atesora hacia su final instrumental. Si de algo nos sirvió “Hazel St.”, guiño a Cryptograms, fue para ver que el cuarteto iba a sonar ruidoso, de una forma mucho más punk-rockera que en disco.

Momentos para el baile con los compases a lo Jesus & Mary Chain de “Don’t Cry” y los aires playeros de “Revival” que sonaron con un importante extra de contundencia sonora sobre la exquisitez pro-Beach Boys del disco. Entonces Bradford Cox anunció “Little Kids”, primera parada de Microcastle y lamentablemente las melodías sonaron muy deslavadas. Principalmente por la voz de Cox la cosa no se acercó al shoegaze aterciopelado, pero a la hora de atronar, la cosa dio un cambio realmente épico, suponiendo el comienzo del triunfo para los de Atlanta.

Ya estaba el público en harina, más atento que entregado y en todo caso muy respetuoso. La banda también, Bradford en su salsa, lo mismo aportando detalles que aterrorizando con distorsiones y especial mención para un batería cuyo instrumento cobraba un protagonismo mayor, a la hora de romper rítmicamente las marañas de sonido. A partir de aquí, paseo triunfal por Halcyon Days, un breve rodeo por Rainwater Cassette Exchange y la gloria con “Nothing Ever Happened” y un tremendo y prolongadísimo desarrollo final.

Y ya no había momentos para bajón, sino para el preciosismo de “Helicopter” con el que nos hipnotizaron ambientalmente para seguidamente hacerlo por medio del adhesivo patrón de “He Would have Laughed”, dándonos momentos que ahora más que nunca, los justifican como uno de los grupos más grandes del indie-rock y desde luego absolutamente desmarcados respecto a contemporáneos. Un simpático Cox de mientras, bajando a las primeras filas a berrear, cantar, sentarse en las escaleras a rasgar la guitarra o simplemente saludar a los fans, aumentando la conexión, cuando no estaba ensimismado con un pequeño juguete luminoso que tenía sobre un ampli.

Fríamente se fueron dejando a un público hambriento de más y regresaron poco después para entonar el comienzo de Microcastle con la intro y la perezosa brillantez de “Agoraphobia”. Y para terminar, quién lo diría de una banda que tanto ha triunfado con sus últimos discos es para cuando se reservan “Octet”, para dar rienda suelta a su sed de ruido alienante. Con todo ello, la banda salió victoriosa y abría una gira española de tres fechas que prometía incluso más éxito en Madrid y Barcelona.