/Crónicas///

Standstill – Bilbao (27/01/2007)

Enric, Piti, Ricky Falkner, Ricky Lavado, Chus
9.3
Kafe Antzokia, Lleno (600)
Precio: 10 €

GM
Soy El Presidente de la Escalera
Por Todas Las Cosas
¿Por Qué me Llamas a Estas Horas?
Noticias del frente
Víctor San Juan
Poema Nº3
Let Them Burn
La Risa Funesta
Always Late
Ride Down The Slope?
El Porque de Hablar solo
Cuando
1,2,3, sol
Feliz En Tu Día

BISES
(Supreme)
Words
2 Minute Song
La Mirada de los 1000 Metros

Triunfadores absolutos de 2006, Standstill visitaban Bilbao para presentar su nuevo disco en un setlist que, tal y como Enric nos confirmó en un entrevista previa, trataría de no olvidar la historia de la banda para contentar a todos sus seguidores. El Kafe Antzoki era el lugar elegido, una sala amplia y seguramente la más emblemática de la capital vizcaína, que pocas veces se llena así. El propio Enric se mostraría sorprendido ante la avalancha de gente que nos embotábamos allí.

Para abrir el concierto estaban Simca, un poderoso cuarteto que contaba con una gran oportunidad para presentar su CD aún por editar. Y no cabe duda de que supieron aprovechar el escaparate de telonear a la, para muchos, mejor banda estatal de estos momentos. Su música, muy en la onda de reconocidas influencias como Aina, Jawbox o Samiam, se mueve entre las aguas del rasgado hardcore DC y el rock enérgico de unos Foo Fighters. Pese a la dificultad de levantar a un público ajeno en un Antzoki abarrotado, demostraron tablas (la banda no es nueva, aunque viva un segundo comienzo con media formación renovada) y despertaron el apetito hacia su próxima referencia.

Tras el cambio de rigor, entraban a escena Standstill en formato sexteto, todos a la vez, sin ceremonias y comenzaba el concierto con la fría hipnosis de «GM», con los primeros momentos de intensidad en su ecuador, aunque tal vez sea un tema más indicado para cuando el público está más metido en harina. Esta sensación se borró de un plumazo al sonar el comienzo de la pletórica «Yo Soy el Presidente de la Escalera», envolvente tema en el que Enric ya nos mostró que su voz en directo está a la altura de los espectaculares sostenidos que requiere la estructura del tema. Ya con todo indicio de concierto memorable volvieron al homónimo con «Por Todas Las Cosas» y se empezaba a echar en falta más sitio para bailar.

Con 3 canciones y el concierto ya al rojo vivo una ovación asistió a la tímida voz inicial de «¿Por Qué Me Llamas a Estas Horas?», que me ha obsesionado durante meses y no soy el único a juzgar por cómo el público se sabía una letra tan poco convencional. No se puede discutir que es una de sus canciones más completos, engrandecida en directo con los bailes, efectos, coros en directo y pregrabados, parones y en especial la grandilocuencia del rearranque. Siguiendo con Vivalaguerra llegaron el intimismo acústico de «Noticias del Frente» y la genial estampa de «Víctor San Juan» con toda la banda dando palmas.

Con agrado se acogió de nuevo «Poema Nº3», sobresaliente tema del homónimo apoyado en una grave y rabiosa lírica que también conocían bien los presentes, otro de los momentos más intensos al que siguió el primero de sus guiños al pasado anglófono, el atmosférico post-hardcore de «Let Them Burn» que no desentona en su movimiento acústico con el nuevo repertorio. Tras abordar la marsvoltiana «La Risa Funesta» regresaríamos al pasado con «Always Late» y «Ride Down The Slope», del Memories Collector, cuando ya eran considerados un punto y aparte en nuestro hardcore. Pese a lo que pueda parecer por la evolución de la banda, la interpretación de sus temas antiguos es tan certera como siempre.

Volviendo a la calma relativa con «El Por Qué de Hablar Sólo», perfectamente seguida de la placidez de «Cuando» que crece con épica indie, canción dirigida a su interpretación en vivo con una batería trepidante. A continuación otra esperada; «1,2,3, Sol», canto optimista y evocador con el que agradecieron la asistencia del público. Y el público reaccionó entonando la letra junto a Enric, viviéndose instantes realmente emotivos. Pondría punto y aparte «Feliz En Tu Día», mil veces más intensa que en disco, en cuyo transcurso harían un paro para advertir que era el último tema, luego se irían y volverían a salir. «Pero tenéis que aplaudir ¿eh?» bromeó un Enric a sabiendas de la comunión alcanzada.

El público no dio un segundo de tregua y precedidos por un sample de «Supreme», enseguida regresaron al escenario para regalar a sus fieles unos momentos de pogo con el metalcore de oleaje emocional de «Words» y con su indudable himno, «Two Minute Song», que desató un baile violento seguramente para sorpresa de fans recién atraídos por la placidez de Vivalaguerra. El final de este disco, «La Mirada de los 1000 Metros» uno de sus temas más tapados a primera escucha, marcó también el final del concierto, momento de baile con elementos sobrecogedores como los filtrados de voz acompañados de teclado.

Singular es ir a un concierto de rock y ser testigo de una danza demencial para un rato después entonar con cara de felicidad que «la mañana ya llegó, hoy puede ser un gran día». Por este torbellino emocional merecen su reputación y todo lo bueno que pueda sucederles como banda. Si sus discos explican que publicaciones y webzines del más diverso calado lo destaquen como disco nacional del año, sus conciertos justifican llenazos como el de esta noche.

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27 de enero de 2007