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Reseña: Red Hot Chili Peppers - By The Way

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By The Way
5
5.8



Warner [2002]
Productor: Rick Rubin
Banda: Anthony Kiedis, John Frusciante, Flea, Chad Smith
Nueva vuelta de tuerca al sonido de una de las formaciones más míticas que persisten en el panorama del rock contemporáneo. Tras Californication parecía evidente que los Red Hot Chili Peppers habían tomado un camino más bien reposado, pero no pensábamos que llegaran hasta extremos como los de By the way. He de admitir que al principio, cuando escuché alguna de las canciones más sosegadas del nuevo disco, me sentí muy decepcionado, porque Californication a su manera, era tan bueno como Blood Sugar Sex Magik, pero esta metamorfosis clasicista me sacaba de las casillas. Al final, aunque resignado, creo que el cambio puede resultar interesante y quizá ayude a abrir la mente de muchos de sus seguidores, que se cuentan por millones.

Para comenzar, es obvio que el disco suena más relajado que de costumbre. Podríamos decir que inciden en la vía abierta por los temas más lentos de su anterior disco, pero no es del todo cierto. Supone más bien una reconversión, al parecer en la que Frusciante ha tenido mucho que ver. En primer lugar, introduce un nuevo concepto para los Peppers, los sintetizadores que tanto le gustan y tan importantes fueron en su apreciable disco "To record only water for ten days". Además las armonías vocales también corren a cargo del guitarrista que ha estado estudiando ese aspecto en la discografía de los Beatles. Parece claro que el peso de Frusciante en el disco es fundamental y junto con el productor Rick Rubin se han dedicado a juguetear en el estudio con los teclados, juegos de voces y cajas de ritmos, lo que fue aceptado por el resto de la banda, pero parece que en algún momento llegó a irritar a Kiedis ya que las canciones cambiaban constantemente sin su supervisión.

Realmente By the way constituye un disco dinámico y de contrastes, canciones lentas sucedidas de otras algo más rápidas(no demasiado) y viceversa. Y así tenemos pop cándido aunque acelerado en Throw away your television, aires motown en Universally Speaking, sorprendentes momentos ska en On mercury, un tema en clave rumbera que sin duda nos sacará alguna que otra sonrisa la primera vez que lo escuchemos como es Cabrón, temas con orquestaciones como Midnight o Minor Thing o residuos de su característico funk-rock en el single By the way, Can´t Stop o más camuflado en la preciosista Zephyr Song, momentos álgidos del álbum. Un disco, que flojea en temas claramente sobrantes como I Could Die For You, Tear o Dosed, que llega a recordar los peores momentos de Lenny Kravitz.
Parece ser que definitivamente, Flea y compañía han abandonado los excesos y han sentado la cabeza y ahora son místicos, deportistas, reflexivos y sobre todo, menos funkies. Pero ellos siguen creyendo que un tema lento puede ser tan intenso y auténtico como uno más cañero y a pesar de lo que parezca, no han tomado el camino más fácil tras las millonarias ventas de su anterior trabajo.

Para rematar el concepto de obra de arte que para los Peppers debe ser un disco, cuenta con una pintura del cineasta Julian Schnabel en portada, cuya hija esta saliendo con Frusciante. Esa conexión hizo que escuchase los temas y se ofreciese a prestar unos dibujos para la presentación del disco, una visión abstracta y negativizada de una mujer desnuda. Resumiendo, unos Red Hot Chili Peppers que, coincidiendo con su próximo cumplimiento de 20 tacos en el negocio, editan un álbum con marcado aire retro e inspiración del pop británico de los 60 (Brian Wilson) y los 80 (Smiths), ante lo cual la respuesta del público y la crítica está por ver. Y la pregunta que subyace es la siguiente: ¿Veremos algún día a los Peppers en Benicassim? Después de lo de Jamiroquai en Festimad todo es posible.







   


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