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Reseña: Picore - Si No Olvido Bien

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Si No Olvido Bien
8
8.5



Repetidor Disc, Magofermin, Gringo Records, Endless Records, Lovit Records, [2016]
Banda: Pablo Jiménez, David García "Libi", Cristean Barros, Thomas House, Dani Jiménez

Guárdame tu venganza más sana, lozana y fresca”, con esta petición empieza el nuevo disco de Picore, echando "Valores Fuera", cómo reza el título de la canción. Claro queda que los maños vuelven con sus habituales ganas de jugar con el diccionario castellano intactas, expertos como ellos solos en el arte de destruir y reconstruir discursos, imágenes y sonidos, claro, sonidos. Piezas, todas ellas, con las que siguen alimentando su universo particular construido a base de sus ya cinco discos que, por mucho que podamos esforzarnos y encontrar reminiscencias de unos Lungfish o de sus amados Enablers en esto o en aquello, sigue siendo tan personal y facilmente identificable como el primer día. 

Siete canciones tiene éste "Si No Olvido Bien", posiblemente la obra más compacta, homogénea (que no plana) y accesible de la banda. La mejor incluso, por qué no. Todas ellas herederas del post-hardcore y el rock más enrevesado ya característico de la banda, exponente de un underground (ay, esa palabra) estatal y de un sonido rico y poco reivindicado del que son un engranaje más de un ecosistema que tiene raíces y ramificaciones musicales que van desde el Bidasoa, el Levante español o Francia hasta Estados Unidos. ¿Qué en qué se traduce ésto? Pues en ricos diálogos de instrumentos sin miedo ni a la disonancia ni a la armonía, acompañados por una voz que más bien recita o predica. Sonido Picore de toda la vida, vaya. Desde hits a lo "Deus Ex Chapuza" con sus inevitables guitarras afiladas o largas progresiones como el de "Montañas" a rompecabezas rompepistas como "En Conserva", todo suena a eso, por muy diferentes que sean entre ellas a priori. Lo cuál, ojo, no tiene nada de malo.

Es éste un disco que tiene como portada una lata roñosa con una oreja brillante que no se sabe muy bien de donde ha salido, a lo Terciopelo Azul, y que nos habla en un lenguaje que es mezcla de poesía, panfleto político y diversión dadaísta que lo mismo nos recuerda aquello que decía Frantz Fanon de que todo espectador es un cobarde o un traidor, que nos hace menear las caderas a un ritmo tan bailable como absurdo. Todo ello, aderezado, claro está, con una firme intencionalidad subversiva (puede que mayor que nunca) que hace de esta sopa conceptual capaz de dejar toda normalidad política patas arriba sin saber muy bien cómo ha sucedido.

Picore siguen en forma, son referentes a la vez que rareza dentro del caldo cultural que nos rodea, como algo que no se sabe muy bien que hace ahí pero que sin él nada tendría sentido. Algo así como el inevitable chirrido de una maquinaria de producción masiva. Y como dicen ellos mismos: qué bien suena esta enfermedad.