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Reseña: Okkervil River - The Silver Gymnasium

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The Silver Gymnasium
7
7.0



ATO [2013]
Productor: John Agnello
Banda: Justin Sherburn, Will Sheff, Lauren Gurgiolo, Patrick Pestorius

Will Sheff está de vuelta. Y no solo de vuelta al presente para ofreceros su séptimo álbum como Okkervil River, sino que  también ha decidido hacer un retorno mucho más personal hacia su niñez para crear el concepto que da sentido a este “The Silver Gymnasium”. Para lograr este viaje no solo han contado con el videojuego que ilustra la web del grupo, y en el cual el protagonista del mismo recorre Meridian, pueblo de infancia de Will localizado en la norteamericana Austin. Además de este elemento freak y claramente promocional, Okkervil River se han envuelto en un manto de detalles en la producción que nos retrotraen a los profundos 80´s, etapa de infancia de sus componentes. Si les sienta bien o mal es una batalla que cuesta dilucidar, pues con las escuchas estos arreglos encontrados en cada rincón del Lp en forma de determinados sonidos de guitarra, o en teclados que rozan lo kitsch, terminan ganando, e integrándose en nuestro cerebro como necesarios para unas canciones que, viniendo de un artista tan notable como Sheff, poseen una alto nivel compositivo.

Con todo, hay algo evidente y que no cuesta tanto decidir, y es que “The Silver Gymnasium” es uno de los discos menos lúcidos de la banda, lo cual hablando de un grupo que no baja del notable desde hace ya bastante, no debería tomarse como una crítica totalmente destructiva. Y es que aquí hay enormes temas, tomándose lo de enorme como literal, pues lo épico cobra en este nuevo trabajo de los tejanos una dimensión aún mayor a la que nos tenían acostumbrados. Por supuesto habrá reminiscencias a los The Arcade Fire más recientes, y por extensión las habrá al verdadero padre de todo esto, Bruce Springsteen. La importancia de los teclados se hace ya latente en "It Was My Season", pieza que abre el disco, y que busca en esos coros y esa interpretación vocal tan teatral de Sheff su razón de ser. La verdad, lo consigue.

En “On a Balcony” la cosa marcha por derroteros que me siguen agradando. En términos similares a los últimos Bright Eyes o a The Wave Pictures, se muestran Okkervil River enérgicos, apoyados en unos vientos que encajan perfectamente y que elevan al tema hasta la cúspide rockera del Lp. Y pese a que el regusto 80´s alcanza con los teclados y el saxo de "Down Down the Deep River" unas cotas complicadas de digerir, lo cierto es que con los seis minutos que dura la tercera pieza del disco se completa el mejor bloque de canciones de “The Silver Gymnasium”. El sonido a estadio norteamericano de la época Reagan estalla en su máximo esplendor, logrando así que la mezcolanza de indie-folk de nuevo siglo, junto a aromas pasados, funcione a la perfección. Una pena que a partir de aquí la cosa no empaste tan bien. 

"Pink-slips" y "Lido Pier Suicide Car" son dos canciones en las que Sheff se luce como cantante con su genuina personalidad, pero la bajada de revoluciones general, unida a algún arreglo que no termina de cuajar, deja en entredicho la sensación de estar ante un nuevo disco memorable de Okkervil River. Recuperan vigor y esencias Springteenianas en "Where the Spirit Left Us", otra de las piezas destinada a esos grandes recintos que seguramente Okkervil River nunca pisarán debido a su naturaleza de secreto que no termina de revelarse. Y con “White” siguen indagando en las coordenadas épicas, aunque aquí desde un punto tenebroso que por momentos incluso me recuerda a The National. Bien. 

Seguida de “Stay Young”, ambas podrían haber comenzado un nuevo bloque de brillantez, pero nuevamente los teclados y una producción de guitarras excesivamente 80´s, hacen que esta última no termine de funcionar como debería teniendo en cuenta que estamos ante una buena composición. La ración de pedales de distorsión llega a “The Silver Gymnasium” con "Walking Without Frankie", la rara avis del Lp, y de ahí pasamos a una acertada revisión de la canción-himno con estribillo repetido hasta la saciedad, que apoyada por unos vientos en su justa medida, hubiesen hecho de "All the Time Every Day” el cierre ideal del disco. Aún habrá tiempo, sin embargo, para la insulsa "Black Nemo", que nos recuerda que, aunque podremos sacar unas cuantas piezas de “The Silver Gymnasium” que no desentonarán en absoluto en sus repertorios, estamos sin embargo ante una obra inferior a la media habitual de la banda.