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Reseña: My Dying Bride - A Line of Deathless Kings

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A Line of Deathless Kings
9
9.0



1-800-Prime [2006]
Banda: A. Stainthorpe, H. Glencross, A. Craighan, S. Stanton, D. Mullins, L. Abé
Se puede hablar de que últimamente hay una moda, a escala reducida, como hay que hablar de las modas en los parámetros musicales en los que nos movemos el público minoritario español, por todos los sonidos relacionados con el postmetal. Escuchando algo de post, te das cuenta que parte deriva de la vertiente sabática denominada sludge. Sumando eso, a que siempre me ha gustado la segunda vertiente sabbathica, el stoner, me quedaba por explorar la tercera vía, el Doom. Habiéndome entrado por las orejas grupos de la órbita como Paradise Lost, Katatonia o Anathema, pero que han relajado muchísimo las consignas del genero, te dabas cuenta de que te quedaba por escuchar el gran paradigma del sonido, o lo que es lo mismo, los ingleses My Dying Bride.

El caso es que la ocasión la pintaban calva, con un disco lanzado en 2006, “A Line of Deathless Kings”, para ver de que iba un poco eso. Y sea por la colisión de los astros, o porque realmente me tira mucho el sonido, el caso es que no podía haber elegido mejor disco para adentrarme en el universo de My Dying Bride. “A Line of Deathless Kings” es un disco que se ajusta perfectamente a muchas de las ideas musicales que bullen por mi cabeza: riffs pesados, melodías memorables, voces claras, sin uso y abuso de guturales, que es lo que me echa para atrás tanto del Doom como del Death Metal, y ambientaciones muy logradas. Habiendo escuchado ya otros discos anteriores de My Dying, en este disco se observa claramente que han relajado sus pautas de sonido habitual, creando un buen equilibrio entre el Doom más ortodoxo y el sonido adoptado por los tres grupos citados.
“A Lines of Deathless Kings” es un disco que forma una unidad, del que ningún tema destaca especialmente, si acaso el conjunto de los tres temas iniciales, “To Remain Tombless”, “L’amour Detroit” y “I Cannot Be Loved”, con desarrollos lentos y largos, como corresponde al genero, pero con unas líneas melódicas perfectamente identificables, que por un lado no harán que los seguidores de toda la vida renieguen de la banda, porque este disco, sigue siendo un disco duro de escuchar para oídos no entrenados y por otro lado, logran que nuevos seguidores nos enganchemos a su sonido, pero no sólo de este disco, sino de los discos anteriores. No deja de ser curioso, que uno se sorprenda a uno mismo canturreando, por ejemplo, “The Blood, The Wine, The Rose”, como un Aaron Stainthorpe, de andar por casa, a pesar, de toda la melancolía y oscuridad que desprende todo el disco. Pero al final de ese tema, que cierra el disco, My Dying Bride, parece también que quieren dejar claro quienes son, a los nuevos y los de siempre, con esa aceleración final con voces guturales: hemos hecho esto por lo que hemos querido así y en los siguientes discos, ya veremos lo que hacemos, porque nada ha cambiado. Deseando estoy de escuchar lo próximo.



   


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