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Reseña: Marx - Das Emotional

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Das Emotional
8
7.7



Le Soulëvement Des Machines Records [2013]
Banda: The Man, Karl, E, Bird, M3

Dos minutos de intro que van creciendo y creciendo dirigidos por un xilófono tan intrigante como emocionante. Esa misma intro que decae para volver a resurgir guiada de la mano de una guitarra acústica. Llamada “Lisboa”, esta es la primera pista de "Das Emotional", y a través de ella llegamos hasta la electricidad de “The Fight” en un encuentro mental entre Pessoa y Mickey Rourke. Ojo, no lo digo yo, lo dicen Marx, la banda alicantina que debuta bajo el amparo de Le Soulëvement Des Machines Records con este “Das Emotional”, y esta es su forma de arrancar esta obra conceptual sobre la posibilidad de cambios en los códigos éticos y en las formas de organización de la sociedad en pos de unos modos más comunitarios. Dedicando cada canción a algún icono de la cultura pop, la banda formada por los experimentados The Man (Newman 64, Foonk, Igloo), Karl (Foonk, Igloo), E (Foonk, Igloo), Bird (Tramoyistas, Moön, Minardis…),  y M3 (Milton), tratan con este nuevo proyecto de dar rienda suelta a su reivindicación por el Hazlo Tú Mismo, y más allá de la música, buscan meterte en su particular universo en el que igual caben las influencias ochenteras de Echo & Bunnymen o Depeche Mode, como las más actuales de The National, o bandas de por aquí como Mishima, con los cuales les une además el gusto por la pretenciosidad bien entendida. 

Transcurridas las hermanadas “Lisboa” y “The Fight”, llegamos al que ha sido elegido como primer single de “Das Emotional”, “Alexanderplatz”, pieza dedicada a la última persona que murió tratando de cruzar el muro de Berlín. Los pianos épicos, la voz grave, las guitarras afiladas, unos teclados creadores de la atmósfera perfecta, y una base rítmica cercana a postulados post punk, son el condimento ideal para un disco que ya a estas alturas empieza a estremecer y llegar muy a dentro. “Bohemian F.C”, tiene toda la pinta de ir destinada al grupo de aficionados de aquel emblemático club de Praga que siempre estuvo cercano a los ideales progresistas, al estilo de cómo hoy podría ocurrir con el St.Pauli. También aquí es inevitable pensar en Matt Berninger por ese estremecedor y profundo tono barítono, y aquí, sin duda, estamos ante otra pieza notable que sigue sin bajar el nivel. 

El matemático Grigori Perelman es el protagonista de la sutil “Perelman-278”, mientras que en “(I Hate) Supertramp”, uno de los referentes musicales del grupo como es Ian Curtis, será el protagonista de la pieza más larga de Lp, y sin duda una de la más brillantes. Cociéndose a fuego lento, y con apenas un par de frases en su lírica, el tema alcanza unas cotas de sugestión emocionales tan altas que casi habría que emparentarla con la música realizada por las bandas de post rock de nuevo cuño.

En la segunda mitad del disco las coordenadas de sonido mudan algo respecto a lo mostrado en los primeros 23 minutos de disco, y figuras como Interpol o Editors, pueden aparecer de forma lejana en el horizonte en la que es la parte más variada del disco. Eso sí, la épica como consumación y destino seguirán siendo el objetivo claro de Marx, ya sea gracias a los arreglos de cuerda de “No-Art” (dedicada al pintor Pollock), a los coros de “I Still Need a Skateborad To Balance My Life” (con el skater Jay Adams como personaje principal), o al uso de la electrónica en “New Life”, tema donde la sombra de Depeche Mode se hace más que alargada. “7:00 AM”, en donde es el personaje Joel Barish de la película Olvídate de Mí, el homenajeado, muestra a unos Marx más sosegados y básicos que se acercarían a los Tindersticks menos coquetos. 

Como ya ocurriese con las fusionadas primera y segunda piezas, el disco cierra con otra bella simbiosis musical en la que un piano acompañará el fraseo de guitarra proveniente de “7:00 AM”, para llevar a cabo su particular veneración por la fotógrafa Francesca Wood en “On Being An Angel”. Ya sea hablando de las relaciones sentimentales como modo de destrucción involuntario, de las ilusiones cuando algo echa a caminar, o de lo importante de lo emocional por encima de lo material, “Das Emotional” consigue su objetivo de embaucar al oyente en un viaje tan ampuloso y excesivo, como sincero y promotor de buenas vibraciones. Esa sensación de querer transmitir algo más que cuarenta minutos de música, es sin duda la principal virtud de “Das Emotional”, y tratándose de los tiempos que nos toca vivir de inmediatez y sustitución inmediata, este cuidado conceptual no puede sino ser una cualidad que, unida a la potencia emocional de su música, debería ser suficiente para abrirles un hueco dentro del panorama rock nacional, así como para servirles de vehículo de crecimiento hacia un sonido y una producción aún más acorde si cabe con el potencial que poseen.