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Reseña: Garbage - Garbage

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Garbage
8
8.9



Mushroom/BMG [1995]
Productor: Butch Vig
Banda: Shirley Manson, Duke Erikson, Steve Marker, Butch Vig
Corría el 95 y la excitación del grunge estaba, como si dijeramos, finalizada o herida de muerte. Incluso el indie-rock subsiguiente parecía no levantar cabeza en favor de fénomenos mucho más vacíos como el brit-pop inglés. Es entonces cuando una mente destacada de aquella reciente época gloriosa saltó de la mesa de control a la batería. Hablamos de Butch Vig, afamado productor de joyas como Siamese Dream de Smashing Pumpkins, Dirty de Sonic Youth o, como no, Nevermind de Nirvana. Bajo la premisa de que el sonido grunge estaba muerto, se decidió a emprender un proyecto que le permitiera explorar nuevos campos en la fusión del rock y la electrónica. Empezó como un divertimento en un sótano, pero se toparon con la garganta de Shirley y el asunto se volvió irreversible.

Queer fue el hipnótico anticipo que puso a Garbage no sólo en el mapa sino alcanzando números uno por todo el mundo, amen de a Shirley en las portadas de los magazines. Fue y es un himno indie con cierto espíritu soul que se puede observar en las estrofas, donde hay una gran sobriedad instrumental. Sobriedad inquietante, electrónica esquisitamente combinada para acentuar la atmósfera de bajo y batería y que se entrelaza en perfecta fusión con las guitarras añadiendo profundidad a la composición. Quién nos iba a decir que este atípico single fuera a suponer tal pelotazo. La MTV, ¿quién sino?.

No contentos con ello, volvieron a sorprender por este orden con un segundo single, colosal desde los cánones del rock alternativo, y un tercer single de electro-pop ácido a la par que accesible. La primera es Only Happy When It Rains, guitarrera, abrasiva, dulce, pegadiza, con melodía y distorsión, uno de los mejores momentos del disco, rematado con los coros que Shirley se hace a sí misma. La segunda Stupid Girl, construida sobre un irreconocible loop del Train In Vain de The Clash, con tremendos giros de ritmo, de voz, atmósferas electrónicas e incluso pianos.

Pero este es un disco que justifica a una banda y como tal en él poco o nada sobra. De modo, que una vez desgranados los primeros singles nos quedan dentro perlas del calibre de la áspera y rabiosa Supervixen, repleta de riffs esquivos que se arrastran y desaparecen al instante. Otros momentos estelares son Vow, con su rock sacásticamente alegre y de cierto cariz punk o Fix Me Now de estructura básicamente rock pero que estalla en el estribillo más luminoso y new wave del disco. En resumen, temas repletos de rabia instrumental y vocal sonando a medio camino entre la suciedad guitarrera y la impecable producción cortesía de Butch Vig, auténtico cerebro de la banda.

El resto de temas se alejan un tanto de las estridencias del grunge para sumirse en la electrónica. Esta se muestra de manera explícita en As Heaven Is Wide casi a modo de drum & bass con ambientes heredados del rock oscuro e industrial. De aires más inocentes es My Lover´s Box aunque mantiene ese pulso a la oscuridad. La electrónica y los coros sampleados ofrecen grandes efectos hacia el final del tema dejando sensación de apabullamiento.
Shirley Manson vuelve a enseñar los dientes en temas que raspan salvajemente. Not My Idea es la cara más combativa, guitarrera y psicodélica donde la escocesa refleja la rabia femenina de toda una generación. Pero el punk terminó y aquí es todo mucho más sutil y chic. Muy al contrario, tétrica y grave resulta Dog New Tricks, de estribillo atonal, un auténtico viaje por la electrónica menos acomodaticia aunque paradójicamente asimilada al concepto de canción. Esa es la magia de Garbage, al menos de este disco. Y no es dificil pensar que, aún sin la voz de Shirley temas como este podrían incluirse en un disco de Primal Scream o Death in Vegas.

Si hay algo que pueda considerarse una balada en los parámetros de la banda, eso es A Stroke of Luck, más bien un medio tiempo de instrumentación sobria e inquietante (para no variar) coqueteando con el trip-hop, que es llenada por la cálida voz de la provocadora cantante. Aunque sin abandonar el barniz sintético, Milk si que sería algo más similar a una balada en la que Shirley clama por el amor perdido alcanzando unos aires ciertamente épicos que al ser elevados por medio de la electrónica dan un resultado casi operístico.

Moviéndose entre el terciopelo y la lija, Garbage lo consiguieron todo con su primer disco. Es posible que su más obvio, aunque notable segundo esfuerzo Version 2.0, les hiciese probar con mayor solidez las mieles del éxito pero sale bastante mal parado en comparación. Con la fe ciega de quién cree que todo lo que fue puede volver a ser, no nos queda sino esperar que la banda, totalmente perdida tras dispersiones tan insulsas como las plasmadas en Beautiful Garbage regrese al mundo de la inspiración.