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Reseña: Dan Deacon - America

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America
8
8.2



Domino [2012]
Productor: Dan Deacon & Chester Endersby Gwazda
Banda: Dan Deacon

Cuando un artista se presenta en escena como un enfant terrible, figura que llega para poner patas arriba lo establecido y traer nuevas formas de frescura desprejuiciada, la evolución implica riesgo e incluso miedo. Dan Deacon llegó a la electrónica con una propuesta totalmente bastarda, que no se ajustaba más que a sus propios patrones de diversión, una música loca, en cierto modo infantil y alineada con una perspectiva nerd carente de pretensiones que, no obstante, caló entre la crítica a la vez que encandiló al público sobre todo en sus desquiciados shows.

Así, a un más caótico "Spiderman of the Rings" siguió un más estructurado "Bromst", un paso hacia la seriedad y normalización dentro de lo esperado, al tiempo que su propuesta mejoraba enteros. Ahora la sofisticación continúa, se pierde irreverencia y también encanto naif, mientras avanzan los aires orquestales, la épica, el sentimiento de disco de viaje y las plácidas sensaciones. Estas últimas hacen gala en "True Thrush" un single que jugó un poco al engaño y nos hizo pensar que todo iba a pasar por un sonido más amable y en definitiva, pop. Resulta poco excitante puesta en relación a su pasado pero dentro del contexto cumple entre el asalto de la apertura "Guilford Avenue Bridge", casi un himno de caballería robot y la genial estridencia de "Lots" electropop saturadísimo que lo mismo podría ser un hit de James Murphy.

Con la sonrisa al saber que Deacon no se ha domesticado, afrontamos la bonita "Prettyboy" y el piano empieza a hacer aparición entre bellas atmósferas electrónicas que nos dejan respirar como rara vez antes. Comienza oficialmente esa pretensión de banda sonora que tiene el disco, un poco cortada por la más bien prescindible "Crash Jam" escollo del disco quizá necesario antes de que comience su segunda parte.

Hablamos de los 4 últimos temas, que forman parte de la suite "USA", la madre del cordero del asunto. Aquí el artista se pone en plan Nyman del desquicio electro y tras una clásica apertura "I. Is a Monster" fusiona esta faceta cinematográfica con su clásicas capas que colisionan ritmos, efectos y voces sampleadas hasta llegar a un clímax en el que casi todo se disuelve al son de la épica con instrumentos clásicos. "II. The Great American Desert" se deja arrastrar por la progresividad al estilo de unos Fuck Buttons en una ensoñación ruidosa que sugiere casi cualquier cosa que uno quiera imaginar.

Y es que este tratado de Deacon rompe esquemas y nos hace querer recurrir al tópico americano de recorrer el país por interminables interestatales pero a un ritmo muy diferente que el del hard-rock que marca la tradición. Con "III. Rail" nos subimos al tren y tenemos un plácido e hipnótico periplo disfrutando del paisaje mientras nos acarician esas tímidas trompetas que tan bien complementan esta recién descubierta pasión por crear climas tan bonitos y mágicos como la propia portada del disco.

Por supuesto intuíamos que las turbulencias estaban a la vuelta de la esquina y "IV. Manifest" nos somete al estrés y la oscuridad con la maestría de que escuchamos en ella ecos de anteriores momentos del disco y finalmente todo termina remitiendo a la intro orquestal. Esta vez, para aumentar la catarsis, bañada en su orgía de sintetizadores y glitches varios. Un cierre épico a la manera de la banda sonora de la percepción de América con sus luces y sus sombras, que Deacon nos ha querido transmitir.

Quizá pueda parecer al principio reiterativo o de menor impacto que su pasado, pero unas cuantas inmersiones en los cortes de "America" nos llevará a apreciar como la estridencia de siempre ha sido moldeada compositivamente como nunca, de forma que todos esos ritmos campanilleantes, sintes, vocoders y glitches encajan consiguiendo un viaje por las diferentes acepciones de su tan amado como odiado país. La magia de "America" es esa, cuanto menos, dualidad. ¿Se trata de un disco para bailarlo de forma espasmódica y despreocupada o más bien de un tratado profundo a cuyos matices es necesario prestar atención en la intimidad? Suscitando preguntas de este tipo es como se llega lejos en este negocio del arte pop, no cabe duda.