Analizamos la trayectoria de la banda británica Depeche Mode en el momento en que se encuentran presentando su último disco "Delta Machine" en gira mundial.
Julio, 2013 | por
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“Songs of Faith and Devotion” es el disco más orgánico y rockero de Depeche Mode, pero ni mucho menos es un disco de rock tradicional.

Depeche Mode es en muchos aspectos uno de los últimos ejemplos de un modelo de éxito global que probablemente nunca volverá tras su desaparición. El de una carrera enfocada hacia una clara comercialidad ‘para las masas’ que les proporcionó durante décadas innumerables singles en los tops de medio mundo, el poder organizar giras multitudinarias a través de varios continentes y, mientras la industria musical estuvo en auge, unas ventas millonarias. Pero basado a su vez en un concepto y un trasfondo artístico muy concretos, que beben de algunos de los más esenciales aspectos del ser humano (la culpa, el dolor, el castigo, el sexo), y que parecen hablar y conmover a cada oyente individualmente a pesar de ser uno entre millones de fans. Si a ello añadimos que son la prueba definitiva de que con máquinas también se podía hacer rock, convenciendo de paso a muchos defensores de la instrumentación tradicional e influyendo a miles de bandas de electro-pop, rock alternativo, gótico, industrial… tenemos a una de las bandas decisiva de las últimas tres décadas. Desde feiticeirA queremos hacer un repaso/homenaje a su ya extensa obra con motivo de la aparición de su último trabajo, “Delta Machine”, y su participación en el BBK Live de Bilbao. Con todos vosotros, Martin, Dave, Andy (y Alan y Vince). Con vosotros Depeche Mode.

 

 


Speak and Spell (1981, Mute)

Una vez establecida la formación primigenia conformada por Andy Fletcher, Vince Clarke, Martin Gore y Dave Gahan, los ya denominados Depeche Mode tras desechar el nombre original de Composition of Sound, entraron a grabar su debut tras interesarse el productor Daniel Miller al verles en directo. Por entonces ya habían lanzado los sencillos “Dreaming of Me”, “New Life” y el atemporal “Just Can’t Get Enough”, cada uno con más éxito que el anterior, por lo que había cierta expectación hacia lo que estos cuatro chavales imberbes de Basildon podían aportar al aún naciente género del synthpop.

“Speak and Spell” saldría a finales de 1981 y sigue bastante de cerca la estela de esas tres canciones; esto es un pop electrónico tan saltarín y pegadizo como ligero y liviano, à la mode del pop británico de por entonces que les rodeaba y, por qué no decirlo, justo lo que buscaba esta por entonces pandilla de post-adolescentes. Pero no por ello este debut deja de tener su valía. Es más, “Speak and Spell” es un buen disco, notable diría, en el que Vince Clarke se siente a sus anchas en tempranos logros como “I Sometimes Wish I Was Dead”, “Puppets” o “Photographic”, que anticiparían los mejores momentos de Yazoo y Erasure; mientras que Martin Gore se conforma con poner su nombre a la inane “Tora! Tora! Tora!” o la más conseguida instrumental “Big Muff”.

El disco alcanzó la décima posición en el Top de discos del Reino Unido bajo unas críticas de todo tipo, desde las que abalaban la frescura del producto hasta las que los tachaban prácticamente de mera ‘boy-band’. Pero aún así las cosas iban bien para estos apenas veinteañeros: tenían éxito y estaban inmersos en su primera gira de importancia. ¿Qué podía salir mal? Pues ‘únicamente’ que su compositor principal, Vince Clarke, no se encontraba cómodo con el interés de sus compañeros por la ropa y las sesiones de fotos en detrimento de las horas de ensayo…

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A Broken Frame (1982, Mute)

Clarke abandonaría el barco pocas semanas después de que “Speak and Spell” viera la luz y sumió a sus excompañeros en la primera de sus grandes crisis justo cuando apenas estaban empezando. A pesar de no tardar demasiado en reclutar a un nuevo cuarto miembro, Alan Wilder, la banda sólo lo requirió por entonces como apoyo en directo y permaneció como trío para la grabación de su segundo largo, con Martin Gore como único elemento a los mandos de la composición. De hecho, ya a principios de 1982 lanzaron “See You”, primer sencillo compuesto por Gore, a modo de prueba de lo que medio año después sería “A Broken Frame”.

El comienzo de esta nueva etapa les quedó algo tibio. Durante mucho tiempo, este trabajo permanecería en la memoria de los fans como el peor que los ingleses habían grabado y la razón, probablemente, fueran las dudas sobre la nueva dirección a seguir y, sobre todo, las carencias de un Gore aún no preparado para encarar él solo la creación de tantas nuevas canciones. Al disco le falta cohesión y un foco claro, y a pesar de contener aciertos como el pequeño clásico “Leave in Silence”, “The Meaning of Love” (¿último sencillo del modo Clarke?), la vitalista “A Photograph of You” o la introspectiva “The Sun and the Rainfall”, también posee varios momentos flojos como “Shouldn’t Have Done That” o el vergonzoso dub de “Satellite”, quizá la peor canción de su carrera.

Pero a pesar de sus defectos, “A Broken Frame” fue un exorcismo necesario para expulsar demonios y buscar nuevas musas. Y qué diablos, visto con perspectiva, supera ampliamente a muchos momentos de la última década de la banda. Con el disco ya en la calle, y con las virtudes musicales de Wilder ya comprobadas en directo, se le permitió al nuevo miembro la entrada al estudio para la grabación de un nuevo single, “Get the Balance Right”, y, poco después, un nuevo disco. Depeche Mode fueron cogiendo confianza de nuevo y comenzaron a trazar, ya en notas de oro, una trayectoria que marcaría el pop de las décadas por venir.

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Construction Time Again (1983, Mute)

Grabado en los estudios de John Foxx en Londres, y mezclado en los míticos Hansa de Berlín donde Bowie compuso junto a Eno su conocida tríada alemana, “Construction Time Again” puede considerarse un cierto acercamiento de Depeche Mode a sonoridades industriales; al verse muy influenciados por entonces por Einstürzende Neubauten y la primera ola de la música industrial británica (Throbbing Gristle, Cabaret Voltaire… ) y por el uso del Synclavier, sintetizador que permitía la creación de samplers a partir de la grabación de sonidos reales. También se trata del primer disco de la banda en que participó Alan Wilder a todos los niveles.

Así, entre algunos de sus primeros sencillos clásicos como “Love in Itself” o la famosa “Everything Counts” (su primer hit atemporal desde los tiempos de “Just Can’t Get Enough”), en los que vemos cómo van abandonando los ritmos más ligeros y despreocupados a favor de una mayor gravedad y sofisticación; encontramos algunas rarezas como “Shame” o, especialmente, “Pipeline”, compuesta en gran parte por percusiones metálicas y pelotas de ping-pong (¡) y única cantada por Gore, en las que se nota claramente la mencionada herencia industrial. En cuanto a Wilder, además de comenzar su labor de ‘productor interino’, se le permitó incluso incluir un par de temas, “Two Minute Warning” y “The Landscape Is Changing”, que no tienen nada que envidiar a los mejores momentos de su compañero.

“Construction Time Again” puede considerarse, si no un comienzo, al menos un prólogo de la etapa clásica de Depeche Mode. La oscuridad y la trascendencia empiezan a dominar la música creada por Martin Gore (no sabemos bajo cuánto influjo de Alan), tanto en el sonido como en los textos. Además, el martillo del cantero de la portada del disco se une a la hoz de la labradora de “A Broken Frame” en un claro guiño hacia el comunismo y el socialismo en pleno thatcherismo del paro y la represión en Inglaterra y algunas de las letras son claras críticas sociales. Lo que convierte al álbum en el trabajo más comprometido políticamente de la banda.

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Some Great Reward (1984, Mute)

El cuarto disco llegó con la banda inmersa en un escenario de éxito. Tras sólo alcanzar unos tímidos puestos en las listas de EEUU con anteriores sencillos, “People Are People”, primero del nuevo álbum, subió hasta el número 13 en tan ansiado mercado, pero además al nº 4 en su natal Reino Unido y a puestos similares en varios mercados europeos. Parecía que la suerte sonreía cada vez más al cuarteto tras no parar de girar y de lanzar nuevo material continuamente: más de una docena de singles desde principios de la década y cuatro álbumes de estudio en apenas tres años. Nada mal para un grupo que había estado a punto de tirar la toalla casi al principio de su carrera.

El trabajo duro y la inercia parecían no agotar la creatividad de Martin y Alan y las cuerdas vocales de Dave, cada vez más rica en matices (¿mencionaré alguna vez en este artículo a Andy Fletcher? ya lo he hecho, igual no lo vuelvo a hacer). De hecho, “Some Great Reward” se convirtió en su mejor trabajo hasta la fecha: un gran disco de pop en el que, por fin, no había relleno ni temas poco inspirados. Entre sus nueve canciones encontramos una buena colección de hits como nunca habían conseguido reunir antes: “People Are People”, “Master and Servant” y “Blasphemous Rumours”; pero además su primera balada, “Somebody”, a las voces de Martin Gore o, una vez más, dos inspirados cortes de Alan: “Lie to Me” e “If You Want”, que cubren el espectro más siniestro del álbum.

Como bien indica la portada, el aire industrial seguía presente (el disco fue mezclado de nuevo en Hansa), pero más diluido y nunca anteponiéndose al pop, sino trabajando a su favor. Más a un lado quedaron los textos más claramente políticos a favor de temas que poco a poco habían ido haciéndose más presentes en las letras del grupo, como los prejuicios sociales, la dominación sexual y el suicidio (unir, en orden, con los tres singles mencionados anteriormente). Lejos, por tanto, estaban ya aquellos primeros tiempos de inocente hedonismo: Depeche Mode comenzaban a dejar de ser considerados una banda para adolescentes y a ser aceptados por comunidades incipientes provenientes del underground como la gótica o la alternativa. Proceso que saltaría exponencialmente en su siguiente obra…

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‘The Singles 81>85’ (1985, Mute/Sire)

Quizá viendo que iban a ser incapaces de tener su nuevo álbum de estudio listo antes de que acabara el año, la banda decidió optar por el socorrido truco de sacar un recopilatorio de singles para no dejar 1985 en blanco y mantener así el ritmo de trabajo por año. De esta manera, "The Singles 81>85" ("Catching Up with Depeche Mode" en EEUU, con diferente tracklist además) ofrecería justo lo que indica el título: los trece sencillos editados por la banda hasta el momento junto a dos canciones nuevas. De los temas ya conocidos poco que decir queda ya: escucharlos seguidos ofrece una buena perspectiva de la rápida evolución del cuarteto, desde los livianos tiempos de Clarke hasta los más oscuros y ambiguos de “Some Great Reward”, además de componer una colección de hits que pocas bandas de synth-pop de la época podían igualar. En cuanto a los dos temas inéditos, “It’s Called a Heart” es probablemente el peor sencillo que hubiesen publicado hasta entonces, pero la deliciosa “Shake the Disease”, por el contrario, se convertiría en otro pequeño clásico y anticipaba los siniestros e inminentes tiempos de “Black Celebration”

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‘Black Celebration’ (1986, Mute/Sire)

Tras el impass del primer recopilatorio, el grupo entró a grabar con temas como “Blasphemous Rumours” y “Shake the Disease” como fijación; olvidándose un tanto del electro-pop más ortodoxo y centrándose más en el post-punk y en los sonidos góticos de la creciente escena underground británica. El haberse tomado algo más de tiempo para componer, además de la creciente implicación de Alan Wilder en labores de producción y el esfuerzo creativo de Martin dieron como resultado que la banda diese por fin con un sonido personal y reconocible para su quinto disco.

“Black Celebration” es un disco oscuro, por mucho que suene tópico a estas alturas. Escuchamos en temas como el homónimo que lo abre o en “A Question of Time”, quizá los dos únicos singles claros, varias de las constantes que serían habituales en el sonido de la banda a partir de entonces: los característicos sampleados y sintetizadores amenazantes pero no por ello menos frágiles, percusiones maquinales más propias del rock y un Dave Gahan cada vez más cómodo en los registros graves. Estas marcas de estilo se harían aún más acuciantes en la definitiva “Stripped” o la balada “A Question of Lust” (voz de Gore): temas menos evidentes pero que fueron calando poco a poco en el corazón de los fans con sus odas a la muerte y la lujuria.

Pero no acaba todo aquí, ni mucho menos. Todo “Black Celebration” es una sucesión de hallazgos y logros propios de una banda en estado de gracias que ya tenía las cosas bastante claras con respecto a su sonido y crear grandes canciones. Así, con las sucesivas escuchas, se van desvelando otras maravillas como la nostalgia que desprende “Here Is the House”, la siniestrísima “Fly On the Windscreen”, el vals ominoso de “Dressed in Black” y su continuación cuasi-techno “New Dress”… incluso un descarte delegado a cara B en un principio como “But Not Tonight” acabó cerrando el disco y convirtiéndose en favorita de muchos. Wilder no pudo colar ninguna composición propia esta vez: el álbum es un exorcismo de Martin Gore, en el que se vio muy implicado personalmente poniendo voz a nada más y nada menos que cuatro de las canciones. Un trabajo que, con el tiempo, ha sido reconocido como uno de los mejores de la banda y uno de los discos más influyentes de los 80, sin el que no se podría haber entendido el revival de aquella década de hace pocos años. Una obra maestra.

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‘Music for the Masses’ (1987, Mute/Sire)

Las tensiones durante la grabación de “Black Celebration” hicieron que Daniel Miller, productor de todos los discos de la banda hasta entonces, abandonara el barco a favor de David Bascombe. Quizá por este hecho y probablemente conscientes de lo difícil de la gestación de un disco tan oscuro y revelador como aquél, el cuarteto decidió aliviar un poco la carga y facturar un disco más ‘para las masas’. O al menos en parte. Un trabajo que sirviera de puente entre los sonidos electrónicos característicos y una especie de ‘rock’ hecho con máquinas que pudiera satisfacer los gustos de un público más amplio, con una mirada fija en el ansiado mercado americano.

“Never Let Me Down” es la prueba fehaciente de esta decisión. Su clara cadencia rock salta a la vista por su grandilocuencia melódica, su marcado ritmo de batería (electrónica, eso sí) y su explosivo estribillo; una canción creada ex profeso para ser coreada en estadios y uno de los logros más totales de toda su carrera. “Behind the Wheel” sería la otra gran canción que camina por esta senda, a pesar de su obsesión sintética, mientras que “Sacred” se vuelve ya un tema clásico de pop siniestro. Como muy pop es también el hit “Strangelove”, que puede verse como un regreso a los tiempos de “Some Great Reward” por su estructura más clásica de synth-pop. Pero por otro lado, tenemos temas menos comerciales, más propios de su trabajo anterior, como la altamente sensual y muy heredera de Kraftwerk “The Things You Said” (voz de Gore, cómo no), las amenazante baladas “Little 15” y "To Have and to Hold" o uno de los mejores temas ‘escondidos’ de su discografía: “Nothing”.

Diferencias palpables hay, por tanto, entre “Black Celebration” y “Music for the Masses”, ya que cada uno tenía unas intenciones distintas. La apertura de miras les propició un tardío reconocimiento popular en EEUU, que les motivó a lanzar “Strangelove” de nuevo como sencillo un año después, y aunque el disco no funcionó tan bien en el Reino Unido, volvió a ser un triunfo en varios mercados europeos (incluido un flamante número 1 en España) y mundiales. La promoción, basada en la imaginería del disco (esos altavoces que predican el desierto, carga de ironía), sencillos bien seleccionados entre lo más pop del álbum y una serie de clips a cargo del a partir de entonces habitual Anton Corbijn les acabó funcionando y les permitió emprender una gira que tuvo su culmen en su legendario concierto en Pasadena, grabado y recogido para la posteridad como “101”.

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‘101’ (1989, Mute/Sire)

El último concierto de la gira "Music for the Masses", el número 101, que tuvo lugar el 18 de Junio de 1988 en el Estadio Rose Bowl de Pasadena, California, fue elegido como base para el primer disco y vídeo en directo de Depeche Mode. Para dirigirlo, el grupo contó con el ojo del prestigioso director de documentales musicales D.A. Pennebaker, famoso por sus trabajos con Bob Dylan, Bowie, etc. Éste, en lugar de grabar el concierto de cabo a rabo, tomó como referencia el punto de vista de los fans, interesándose por sus impresiones sobre el grupo y sus reacciones antes y durante el concierto. Un momento adecuado para recoger tales testimonios, ya que con más de 60.000 seguidores congregados, el concierto fue el perfecto colofón para la gira más exitosa del grupo por EEUU hasta entonces, ayudando a su asentamiento definitivo en aquel país.

Y es que si por entonces Gore, Gahan y compañía se encontraban en estado de gracia en el estudio, no menos lo estaban en directo. Sus conciertos siempre han buscando la comunión con los fans, y en “101” encontramos un perfecto ejemplo de ello. Con un repertorio basado por entonces en sus dos últimas referencias de estudio, encontramos en el disco ya varias de las contantes que se han ido prolongado a lo largo de los años en los bolos de la banda: intros extendidas, jaleos frecuentes de Dave hacia el foso, hincapié en la sección rítmica… todo premeditado para conseguir la máxima reacción por parte del público. Y no hay más que escuchar los gritos de histeria ante casi cualquier canción que suena, ya sea “Never Let Me Down Again”, “Shake the Disease”, “Black Celebration” o “Just Can’t Get Enough”, para atestiguar el resultado. Su ‘Live’ definitivo.

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‘Violator' (1990, Mute/Sire/Reprise)

Tras la agotadora gira de presentación de “Music for the Masses”, reflejada en el documental/directo “101”, la banda vio que era momento para una profunda reestructuración a la hora de encarar la composición de un álbum. Si hasta entonces se habían mantenido largas y democráticas sesiones de pre-producción antes de entrar a grabar y siempre se habían tenido en cuenta las opiniones de todos en cualquier momento sobre las elaboradas demos que Martin Gore traía al estudio, a partir de entonces la cosa cambiaría. Alan Wilder y el nuevo productor, Flood, trabajarían sobre maquetas apenas esbozadas por Gore y el resto aparecería al cabo de cierto tiempo para dar su opinión.

El resultado no pudo ser mejor. La nueva disciplina propició que Gore y Wilder se ocuparan de sus campos favoritos: creación y producción respectivamente, y permitió que las canciones tomaran nuevo aire en el estudio al no llegar cuasi terminadas. Gracias a eso, todo en “Violator” suena fluido, en su lugar, sin dudas. Es una bomba de relojería en cuanto a precisión emocional y rítmica. La juguetona pero a la vez misteriosa “World in My Eyes” con la que empieza ya nos produce curiosidad sobre el resto del álbum. Y vaya álbum: nueve temas de máxima calidad, en la que las guitarras por fin entran sin complejos en la inmortal “Personal Jesus”, la nocturnidad habitual se cuela en la balada “Waiting for the Night” y la lascivia y el voyeurismo bailan a son de vals en la hiper-sensual “Blue Dress”.

Pero es que además la culpa sigue volando alto encarnada en la irresistible “Halo”, “Policy of Truth” es un single impepinable camuflado de rock y “Enjoy the Silence” es simplemente una de las canciones más perfectas jamás hechas, ¡y Gore la compuso inicialmente como una balada acústica! El disco, como todas sabemos, arrasó en todo el mundo, llegando a vender quince millones de copias hasta ahora. Y con todas las de la ley: es de esa clase de obras que por su perfección alcanza el nivel de obra maestra a todos los niveles. Hoy día hay cierto consenso al considerarlo si no el mejor, uno de los mejores discos de electro-pop de todos los tiempos, y una influencia ineludible para todo aquel que se acerque mínimamente a un sintetizador.

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'Songs of Faith and Devotion' (1993, Mute/Sire/Reprise)

Hacer un disco en 1993 era hacerlo invariablemente bajo la influencia del grunge y el rock alternativo. Depeche Mode ya habían coqueteado con instrumentación tradicional en sus anteriores trabajos, pero la mudanza de Dave Gahan a Los Angeles y el codearse con gente como Jane’s Addiction o Soundgarden le llenaron la cabeza de nuevas ideas que comunicarles a sus compañeros. Con ellas llegaría al estudio levantado en una villa de Madrid donde se grabaría la continuación de “Violator”, tras casi un año sin verse con sus compañeros y con los roces propios de más de una década de trayectoria aún flor de piel. Bajo este mal karma, la banda se encerraría a componer por primera vez sin apenas pre-producción previa de nuevo bajo el foco de Flood.

“Songs of Faith and Devotion” es el disco más orgánico y rockero de Depeche Mode, pero ni mucho menos es un disco de rock tradicional. Dave canta más desgarradoramente que nunca, hay baterías y hay guitarras, pero la mayor parte de las veces son líneas secuenciadas y filtradas por sintetizador marca de la casa, lo máximo que consiguió Gahan con sus nuevas ideas ‘americanas’. Así, nos sorprende el rudo inicio de “I Feel You”, con las guitarras más en primer plano que nunca y su marcada percusión, pero en seguida nos damos cuenta que son loops repetitivos. Al igual que los de “Walking in My Shoes” o “In Your Room", nuevos clásicos a añadir a la colección. Por otra parte, el góspel se cuela en “Judas”, que contiene mutados samplers de gaitas (¡) y en “Condemnation”, probablemente lo más analógico y soul que hayan compuesto nunca.

Pero en el fondo, temas como “Mercy in You”, “Rush” o “Higher Love” siguen sonando a los Depeche Mode clásicos, en los que la electrónica y la atmósfera juegan un papel vital para reflejar la dura etapa por la que pasaba la banda. Ya que Dave estaba trastornado por la heroína y Alan pensaba que su trabajo era mayor que el de otros miembros del grupo y que no era suficientemente reconocido. Aún así, el disco fue otro éxito crítico y comercial, nº 1 tanto en UK como en EEUU, y la banda se embarcaría en la descomunal Devotional/Exotic Tour, que acabó finalmente con la marcha de Alan, la baja temporal de Andy durante el segundo segmento de la gira y, finalmente, el ataque al corazón sobre el escenario y el intento de suicido de Dave en 1995. Parecía que todo había acabado para la banda más famosa de Basildon…

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