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Crónica: Zach Hill - Madrid (07/12/2008)

07/12/2008, Madrid
7.6
Zach Hill (Peer Pressure)
8
Wurlitzer Ballroom, 80 personas
Precio: 10 €

¿Que mejor que ver una sesión experimental como la del colega Zach Hill, en pleno domingo de puente lluvioso? Eso iba pensando camino de la céntrica sala Wurlitzer Ballroom, entre paragüas y mas paragüas... Pues al final unos pocos pensaron igual y hubo batería para todos.

Batería como la de Hill o como la que usaría una de las Game Boy que protagonizaron el evento telonero de Grosgoroth, con uno de los ilustres miembros de Grabba Grabba Tape pero sin cinta en el pelo. Él, siguiendo un poco la estela de gente como Dj Scotch Egg u otros artistas de los 8 bits, pero con un trasfondo más bailable que experimental, mostró un espectáculo entre familiar y divertido como comienzo de actuación repleto de bases pesadas.

Además, un elemento como el vocoder (seña de identidad de Grabba Grabba Tape) mezclado con unos efectos de teclado completaba una actuación que remató con un salto de generación de consolas gracias a un final antológico con los 16 bits de una Mega Drive (y su correspondiente televisión, claro) a pleno rendimiento. Una frikada si, pero la mar de divertida.

Mientras todo esto sucedía, se paseaba por la sala el larguirucho y serio de Zach Hill enfundado en un plumas verde, como si con el no fuera la cosa. Como si de un mochilero se tratase, el batería de Hella se movía entre la gente a cada instante como nervioso, como si el no tuviera un currículo tan sonado (Team Sleep, etc). Y digo como nervioso, porqué al menos encima del escenario, tras su compañera, la batería customizada, Peer Pressure hubo de todo menos vergüenza.

El amigo Zach presentaba disco, "Astrological Straits", pero más concretamente presentaba la sesión añadida como extra en el disco. "Necromancer", que es el nombre del corte, es básicamente un alarde de continuos golpes de batería con un manto de piano clásico de fondo. Vamos, que se estuvo del orden de 45 minutos dando golpes, y no todos con baquetas dado que a veces la adrenalina del momento invitaba a hacerlo con el puño o con una botella de agua abierta.

Espectacular virtuosismo a la batería, con toda una lección de cómo tocar rápido todo el tiempo sin perder el tempo ni el ritmo de la composición. Otro espectáculo curioso fue ver de cerca sus platillos creados a partir de algunos ya usados, y sobre todo una habilidad única en el uso continuo del pedal del bombo (aunque no lo parezca, ¡Zach no usa ni doble bombo ni doble pedal!) Aunque echamos de menos los temas de su reciente disco y los de Hella, fue un domingo tan satisfactorio como lluvioso.