/Crónicas///

Crónica: Pony Bravo - Sevilla (24/11/2010)

24/11/2010, Sevilla
8.6
Daniel Alonso, Pablo Peña, Darío del Moral, Javier Rivera, Fran Torres
9
Teatro Central, Lleno
Precio: 12 €
http://feiticeira.org

A principios de la semana pasada por fin pudimos descargarnos de www.enelrancho.com Un gramo de fe, el esperado segundo álbum de Pony Bravo. Era el gran enigma de cara a la primera actuación de los sevillanos en su tierra desde el pasado Territorios: si el disco estaría listo antes del evento para así poder aprendernos las nuevas composiciones del grupo previamente, o si por el contrario habría que descubrirlas sobre la marcha en directo. Como decimos, afortunadamente, ocurrió lo primero.

Así que una vez bien catado el álbum y cerciorarnos que habían vuelto a hacer un gran trabajo, nos fuimos tan contentos al Central a ver cómo defendían su nueva obra. Un rato antes de empezar, estuvieron presentando en el bar del recinto junto a la editorial un número del magazine gratuito Discóbolo, con portada del propio Daniel Alonso (un Elvis punk, o quizá cani: plena mitología Pony) y en la que también se reseñaba el álbum. Y es que la fiebre por el grupo va creciendo cada vez más, vistas las 200 personas que se quedaron fuera de La2 de Barcelona unos días antes.

Una vez acabado tan distentido encuentro, dio comienzó el show de muy clásicas maneras con “La voz del hacha”, primer tema de este nuevo disco y ya frecuente en sus conciertos desde hace un tiempo. Se ha convertido en uno de las más duros de su repertorio, que además se vio potenciado por la crudeza del sonido en directo de aquella noche.

Las dudas sobre si el incremento de decibelios podría menguar la capacidad melódica y psicodélica del grueso de sus composiciones se vieron apaciguadas conforme iban apareciendo nuevos temas, aunque a la larga se notó que estaban ofreciendo un bolo más rockero que en otras ocasiones de carácter más lisérgico (al consabido Territorios vuelvo a referirme).

Muy sabiamente, fueron intercalando canciones del segundo con otras del primero: se suponía que iban a tocar en torno a la hora y media, por lo que daba tiempo a dar un amplio repaso a su aún escasa discografía. De esta forma, el público agradeció “El piloto automático”, “El guarda forestal”, “El rayo”, la totémica y un tanto olvidada en directo últimamente “El Pony Bravo”, o incluso algunos temas en ya descartado inglés como “Lolita”, “El baile” o “Fingers”; todas de su magnífico debut.

Del segundo, pues no hay que hacer esfuerzo de memoria, ya que cayó integro. Tras el tema de apertura, fueron apareciendo poco a poco nuevos temas como “Super-Broker”, la versión de la canción popular “La niña de fuego”, la muy localista “Pumare-Ho!” (con historia incluída sobre cómo ocurrió el registro de dicho centro okupado), la bluesy “Noche de setas” o la furibunda instrumental “Fullero”, etc. Evidentemente, otros temas del disco ya conocidos previamente como “La rave de Dios” (momento trance) o “El campo fuí yo” también fueron de lo más celebrados. A destacar la participación invitada de Fran Torres a los platos en varios momentos, los que exigían una mayor experiencia electrónica.

El grupo se veía la mar de cómodo en su ciudad, haciendo chistes entre ellos y dirigiéndose al público; muchos familiares se encontraban junto a nosotros en primera fila y de las de atrás se escucharon varias veces peticiones de un cancionero que poco a poco fueron casi finiquitando.

En definitiva, gran entrega desde ambos lados del escenario. Tanta que tuvieron que hacer un par de bises: el primero en el que tocaron lo poco que se habían dejado del nuevo trabajo (entre otras, el interludio bosa-nova de “Mangosta”, y la hipersampleada “Hipnosis Groove”), ya con cachondeo desde todas partes; del DJ al grupo y el público, que pedía expectante que no se olvidaran el único clásico que a esas horas faltaba, “Trinchera”, el cual finalmente apareció en el segundo bis, con el consabido vitoreo.

Tras hora y cuarenta de concierto, los cinco dijeron se acabó, pero con una gran sonrisa de satisfacción de parte de todo el mundo. Se abrazaron y, al pie del escenario, le hicieron la reverencia al público. Ay, si es que no hay nada como el hogar de uno.