/Crónicas///

Crónica: Oasis - Madrid (05/11/2005)

05/11/2005, Madrid
7.0
Liam Gallagher, Noel Gallagher, Andy Bell, Gem , Zak
7
Palacio de los Deportes, Casi lleno
Precio: 35 €

El pasado 5 de Noviembre la gira Don´t Believe the Truth de los británicos Oasis pasaba por 4ª vez por España (tras las visitas en Junio a la sala Aqualung de Madrid, el Festival de Benicassim y el día anterior en Barcelona). Esta vez el lugar era el Palacio de Deportes de la Comunidad de Madrid. Quizás 4 visitas es una cifra excesiva, a lo mejor el recinto elegido era muy grande, o simplemente no tienen el tirón de antaño... pero lo cierto es que, aun reduciendo el aforo considerablemente, no fueron capaces de llenar el recinto. Sin embargo el ambiente que se respiraba en el foso era realmente excepcional. Muchos incondicionales con ganas de ver que eran capaces de ofrecer los hermanos Gallagher, y comprobar in situ si las malas críticas vertidas sobre sus anteriores conciertos en nuestro país eran ciertas.

Lo cierto es que pocas sorpresas se podían esperar. Durante toda la gira el set-list había permanecido inalterable, dejándose en el tintero canciones que para cualquier banda del planeta serian imprescindibles en sus conciertos (por ejemplo Supersonic o Stand by Me).

Los teloneros para la ocasión fueron The Coral (al parecer elegidos por el propio Noel Gallagher), grupo perteneciente a esa nueva ola de grupos británicos empeñados en que el revivir el brit pop, algo en mi opinión absurdo, teniendo en cuenta que todavía no ha muerto y ni mucho menos ha pasado el tiempo necesario para tener una idea conceptual relativamente ajustada de lo que dicho movimiento supuso. He de admitir que en base a esto no les preste demasiada atención, aun así no me sonaron del todo mal.

A las 22 en punto, con puntualidad británica…se apagan las luces y empieza a sonar en playback el Fuckin in the bushes. Locura colectiva. Se intuyen las sombras de Zak (hijo de Ringo Starr), Gem, Andy y los hermanos Liam y Noel. Ya con el escenario perfectamente iluminado da comienzo el concierto propiamente dicho, con Turn up the sun, corte que abre su ultima entrega discográfica y que es de las mejores de la misma. Atronador y devastador. Liam, a pesar de los achaques de una gira tan larga, canta relativamente bien. Sin tiempo para tomar aire… llega Lyla, el primer single de Don´t Believe the Truth y que el publico corea como si fuese un clásico mas de la banda. Liam esta en su salsa (dentro de su habitual pose chulesca), hasta da las gracias en castellano.

Cae Bring it on down, el primer clásico de la noche. Acto seguido atacan Morning Glory (decir que fue el momento en que me quede sin garganta) y Cigarettes & Alcohol, himno brit adolescente por excelencia. Tras esta apabullante primera fase, Liam abandona el escenario, y mientras las 9000 almas allí presentes toman aire Noel afronta la que en mi opinión es el mejor tema del ultimo álbum, The Importance of Being Idle. Inmediatamente después llego el sorpreson de la noche: The Masterplan, a mi parecer la mejor cara B de Oasis. Fue de los momentos mas emotivos de la noche.

El concierto entro en su peor fase con Songbird (su único guiño al Heathen Chemistry) y A Bell Will Ring. Sin embargo esto fue un espejismo porque después retomaron el vuelo enlazando Acquiesce, Live Forever y Mucky Fingers (cantada por Noel). Para el final, el archiconocido Wonderwall (esta canción pierde mucho en versión eléctrica), Champagne Supernova (estremecedora) y Rock ´n´roll Star. Apoteosis.

Para los bises dos temas de su último álbum (Guess God Thinks I´m Abel y The Meaning of Soul, en mi opinión impropias de unos bises, y mas teniendo en cuenta lo que habíamos presenciado), Don´t Look Back in Anger (coreada por todos los que allí nos encontrábamos, emulando a los 70.000 espectadores de Wembley en el disco en directo “Familiar to Millions”) y la mejor forma posible de acabar un concierto: una incendiaria versión de la ya de por si incendiaria My Generation de The Who. Señalar aquí el excepcional papel de Andy Bell, que desarrollo el solo de bajo de una manera absolutamente impecable. Al final, Liam regala su pandereta, enciende un cigarrillo y se lo da a alguien del publico.

Como si acabase de echar un polvazo.