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Crónica: Fuzz - Bilbao (25/08/2015)

25/08/2015, Bilbao
8.6
Ty Segall, Charlie Moothart y Chad Ubovich
9
Kafe Antzokia, Lleno
Precio: 15/18

¿El katxi medio vacío o medio lleno? Con este festivo símil podemos tomarnos el hecho de que en plena Aste Nagusia, para ver una actuación de rock de calidad, haya que acudir a la iniciativa privada. Nada en contra pero cuando la música que las instituciones promocionan no es la que más lo necesita, quizá a cada melómano de Bilbao deberían hacerle una deducción en los impuestos. Pues nada, que ahí nos encontramos muchos en el Kafe Antzokia para ver algo de lo que el ayuntamiento nunca nos va a traer ya. En este caso hablábamos de rock con regusto setentero pero de actualidad, avalado por Ty Segall, un genio de nuestro tiempo, que con Fuzz ahonda en la parte más dura de esa psicodelia que define su carrera.

Abrían Inoren Ero Ni y su posthardcore escuela Bidehuts tan marcado a su vez por Washington DC, pero pasado por el filtro euskaldun y con el claro background del punk de su Andoain de origen. La suya es una propuesta de nervio, de repetición rítmica, libertad vocal entre el recitado y el grito y ruido, siempre con un punto de urgencia paranoide. No eran exactamente unos teloneros complacientes pero aunque empezaron con una sala medio vacía, la cosa se fue animando y consiguieron hipnotizar a parte de un público que en parte les era ajeno. Incluso podríamos decir que fue una actuación con una duración digna de concierto propio.

Después llegaron Fuzz, trío aún misterioso, que no toca demasiado por la propia agenda del inquieto Ty Segall y el resto de sus proyectos. Aquí, el músico se emplea a la batería y también a la voz, aunque estas tareas vocales se comparten entre el trío y utilizan unos filtros con los que suenan practicamente a un mismo registro. Un punto más para no hacer salir al espectador de esa hipnosis que consiguen a base de de electricidad, reverberación y... bueno, y fuzz.



Sin apenas parones, la banda acometió un setlist denso, lleno de riffs clásicos pero sin caer en la parodia, con ganchos melódicos pero nunca despegados del sentimiento monolítico general. En sus notas de prensa se citan muchos referentes del hard setentero y sin duda están ahí, pero Fuzz esquivan ese virtuosismo y van a por la emoción más directa. Así el trío se mostró en directo primario y nada cerebral; como unos Black Sabbath menos lúgubres, como unos Nirvana del stoner. Y lo cierto es que alcanzaron sus momentos más celebrados cuando introducían elementos del garaje e incluso del hardcore en sus canciones, poniéndose contagiosos en la línea de los Thee Oh Sees más frenéticos.

En definitiva, todos aquellos (muchos, la sala se llenó) que iban a ver qué tal era el formato hard-psych en trío de Ty Segall pudieron salir bien contentos de un concierto poderoso, profesional, fumeta, fresco y sin concesiones. Salvando las distancias, nos acordamos del recital de Kurt Vile en parecidas circunstancias del año pasado, oasis vividos entre jingles de Kepa Junkera y que afortunadamente revisten las fiestas de calidad musical. Gora Aste Nagusia, pero por favor, que se mantengan unas mínimas cotas de rock.