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Crónica: In Extremo - Madrid (14/03/2007)

14/03/2007, Madrid
9.0
Rhein,Strugalla,Zorzytzky,Pfeiffer,Lange,Morgenroth y Lutter
9
Sala Heineken, 3/4 de sala.
Precio: 25 €

Uno de los conciertos que más me ha marcado fue el ofrecido por Rammstein en Macumba, en junio de 2001, mucho antes de llenar grandes estadios. Por otro lado, otro de los conciertos que más disfruté fue en plena calle en Edimburgo, por parte de Clann an Drumma, banda de música tradicional escocesa, en agosto de ese mismo año. Seis añitos después se nos ofrecía la posibilidad de asistir a escuchar a In Extremo, que pueden definirse musicalmente como el perfecto “crossover” entre unos Rammstein y unos Clann an Drumma, en lo que ha sido la primera visita a Madrid de esta banda de Berlin, que lleva más de diez años ya en esto de la música y más de diez discos editados, formando parte de una amplia gira en nuestro país, que los había llevado el día de antes a Barcelona y que iba a continuar por Santiago, Gijón, Bilbao y Alicante.

En su trayectoria han ido logrando desde la edición de su primer disco, “Gold”, allá por el 1997, ir sacando cada vez discos mejores, hasta llegar a su punto álgido con la edición de “Sünder ohne zügel” en 2002, manteniendo perfectamente el nivel con los dos siguientes álbumes de estudio, “Sieben” y “Mein rasend Herz”, que han llegado ambos a discos de oro en Alemania. No en vano, dentro de Alemania, hay creada una verdadera escena dentro del “folk metal”, con bandas tan notables, como la que nos ocupa o gente como Letzte Instanz, Tanzwut o Schandmaul o los muy recomendables, Subway to Sally.

En torno a 500 Verrücken (locos) decidimos pagar la cara entrada de 22 euros, otra vez, más cara en Madrid que en el resto de las citas de la banda. A pesar del comienzo con “Raue See” y del escenario repleto con los siete músicos y las gaitas, que parecía más un vagón de la línea 5, el inicio se me antojo un poco frío, sobre todo por parte del front man, Michael Robert Rhein (“Das letzte Einhorn”), quizás al no sentirse arropados por el habitual espectáculo pirotécnico que suelen usar, pero que por obvias razones no pudieron desplegar en la Heineken. Pero fue curiosísimo que no fuera con las canciones más obvias e inmediatas de la banda como “Horizont”, “Küss Mich”, “Der Wind” o “Erdbeermund”, cuando se produjo la verdadera catarsis entre público y escenario, sino con “Ai Vis Lo Loop”, del “Weckt Die Totten” (despertad a los muertos), que sirvió para hacer lo propio. El bueno de Michael no se podía creer que esa panda de españoles le respondiéramos a grito pelado a los estribillos en alguna lengua antigua, mientras había algunos arranques de jota en las primeras filas de la sala. A partir de ahí todo fue coser y cantar con un público entregado a pasárselo bien, sin ningún tipo de complejos, lo que hizo que Michael, nos soltase en español un muy creíble, “sois de puta madre”.

Entre tanto uno podía entretenerse con las curiosas pintas de guerreros medievales, sobre todo con la semiarmadura de Boris Pfeifer (“Yellow Pfeifer”) o las poses y la barriga de Andre Strugalla (“Dr. Pymonte”) y todo el acopio de instrumentos medievales que mostraron en escena, a saber y fijo que me dejo alguno, arpas, flautas, dulzainas, organillos y violines medievales, una especie de contrabajo, un xilófono de cuerdas, cuernos y las verdaderas protagonistas de la noche, las gaitas, todos ellos fabricados por la propia banda, junto a las ya más tradicionales guitarra-bajo-batería, arropando perfectamente la rasgadísima voz de Michael Robert, con algún tremendo alarde de guturales y agudos, con un sonido de conjunto, muy bueno para lo que es la Heineken.

Del concierto yo me quedaré para siempre con la interpretación del temazo “Vollmond”, que yo, ya mismo propongo como nuevo himno de la CEE, con el sólo de gaita tocada a fuelle, por Flex, “Der Biegsane” y toda la melodía de “Liam”, y con el inicio de “Villeman” con las tres gaitas y percusiones, sonando a ritmo de batalla, que usaron para cerrar el concierto.

A dos horas y más de veinte temas se fueron, que se hicieron muy cortos, para un concierto “In Extremo” divertido y fuera de lo que está uno acostumbrado a ver y escuchar, y que me hizo salir completamente de la rutina diaria. Sólo hacia falta mirar a un lado y a otro para comprobar que los aplausos y vítores unánimes, y la manera de salir del escenario de la banda completamente satisfechos, que el concierto había sido un completo exitazo. Si hubieran convocado una nueva cruzada, en ese momento, todos nos habríamos apuntado.