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Crónica: Dead Meadow - Vitoria-Gasteiz (04/05/2011)

04/05/2011, Vitoria-Gasteiz
8.3
Jason Simon, Steve Kille, Mark Laughlin
8
Pabellón Universitario UPV/EHU, 3/4
Precio: Gratis

Nueva aproximación a Vitoria-Gasteiz para una cita doble esta vez. Y temprana, ya que el Pabellón Universitario tiene una hora de cierre diurna, lo cual por cierto nos permite a algunos vizcaínos disfrutar de sus conciertos sin forzar demasiado el horario de vuelta. Esta vez la cosa iba de psicodelia y más psicodelia.

La primera de sus manifestaciones fue la de la tropa de Spindrift. Un grupo de personas que estéticamente hacen justicia al aire western de su rock lleno de matices. La banda oscila entre la psicodelia redentora enjuagada en ambientes sureños y peyote y las estampidas rítmicas al más puro estilo cowboy. El juego entre esta instrumentación no tan típica (pedal steel, órgano, guitarra de doble mástil...) y la presencia vocal más basada a menudo en coros y gorgoritos que letras propiamente dichas, les otorgaban un sonido muy especial. Es curioso dada su veteranía (desde 1994 llevan en esto) y su probada eficacia en directo, que no cuenten con mayor predicamento hasta el punto que era la primera vez que sus polvorientas botas pisaban estas tierras. Tocando aproximadamente unas 6 canciones, suponemos que rigores de la cita y de ser teloneros, la cosa se hizo muy corta.

Dead Meadow por su parte son mucho menos espectaculares en directo y sus composiciones requieren mayor paciencia y/o atención. Pero con su formato trío son capaces de invocar a fantasmas psicodélicos de diferentes colores, desde lo más ambiental al mejor stoner rock. El sonido fue correcto, aunque la voz de Jason Simon era más una cuestión de intuición. Esto estaba bien en los momentos en que flotaba con las melodías, pero no cuando realmente quería marcar un énfasis.

Instrumentalmente la labor de los tres es encomiable sin necesidad de ser virtuosa, ya que consiguen llenar el espectro de sonido realmente bien, con lo densa que es su música. Y resulta fascinante su movimiento por texturas nunca fáciles de encasillar, seguramente clave de que hayan triunfado lo mismo en los terrenos del rock más fumeta que en ambientes más indies. Pese a que dieron un concierto propiamente dicho en cuanto a duración, una vez finalizaron, el trío no se prestó a hacer un bis, pese a las peticiones y que al local le quedaba margen de sobra para echar el cierre.

Nuevamente un lujo poder disfrutar de algo así a cobijo de un edificio público, especialmente tratándose del entorno universitario, paradójicamente tan ausente de verdadero calado cultural la mayoría de las veces. Una pena que ya sea lo último que se programa por esta temporada. Y como ya se sabe como son estas cosas, sólo queda esperar que el año que viene pueda seguir la iniciativa.