puedo estar equivocado

Lun, 28 Octubre

Mis discos favoritos de los noventa (Parte III)

Llegamos al ecuador de este top treinta y el tono comienza a dispersarse: desde oscuras tonadas de crooner a rock alternativo de manual, de psicodelia espacial a combativo rock industrial, sin olvidarnos de toda una joya del pop en su más clásica acepción...

 

20. SUGAR “Copper Blue” (1992)

La entrada más reciente de la lista y con todo derecho. Me gustan Hüsker Dü, aunque no tanto como para ser fan, pero hasta hace poco desconocía el resto de la discografía de Bob Mould, en concreto la de Sugar. “Copper Blue” me cogió totalmente desprevenido. Diez canciones que me noquearon a la primera, que parecen escribir el libro de estilo sobre el tipo de canciones que deberían triunfar en las radiofórmulas americanas (hola, Foo Fighters). “The Act We Act”, “Hoover Dam”, “Man On the Moon”… todas poseen una fuerza tal, en forma de riffs arrolladores que dejan espacio para estribillos dignos del mejor power pop, que en conjunto literalmente anonadan por su coherencia y monolitismo. Y claro, también está “If I Can’t Change Your Mind”, que en un mundo más justo habría sido nº 1 en Billboard durante semanas…

 

19. NINE INCH NAILS “The Downward Spiral” (1994)

Poco más de un mes antes de la muerte de Kurt Cobain, Trent Reznor añadía su particular pieza a la (amplia) colección de obras maestras de los noventa dedicadas a la alienación y la autodestrucción. Como buen miembro de la Generación X, el artista volcó todo su odio y frustración en las drogas y, para nuestra satisfacción, una música que traspasó las fronteras del rock industrial para convertirse en clásico universal. Reznor da rienda suelta a su rabia en piezas directas tan fieras como “Mr. Selft Destruct” O “March of the Pigs”, pero también hay lugar para momentos más densos y oscuros en “Reptile”. “Closer” fue el insano momento pop y “Hurt” le dolería incluso al propio Johnny Cash. Como es habitual, el artista tardaría un lustro en reponerse para entregar el aún más ambicioso “The Fragile”.

 

18. BELLE & SEBASTIAN “If You’re Feeling Sinister” (1996)

“If You’re Feeling Sinister” es un disco sobre un estado de ánimo. El que transmite la chica de la portada, perdida en sus pensamientos tras leer “El Proceso” de Kafka, en una habitual tarde nublada de Glasgow. Pop aparentemente apacible pero con un poso amargo, encantador pero con un hálito triste, en el que casi se puede oír la lluvia (y a veces, los sollozos) subyaciendo bajo preciosidades atemporales como “The Stars of Track and Field”, “Seeing Other People, “Get Me Away From Here, I’m Dying” o, cómo no, el tema título. Stuart Murdoch y los suyos han dedicado el resto de su carrera a intentar emular este resultado pero sólo han conseguido rozarlo de vez en cuando. Cosa comprensible: seguramente se trate del disco de pop británico más redondo desde “The Queen Is Dead”.

 

17. SPIRITUALIZED “Ladies and Gentlemen We Are Floating in Space” (1997)

Ahora que están tan de moda los astronautas con dilemas existenciales gracias a “Gravity”, nos viene a como anillo al dedo un disco como el tercero de Spiritualized. El álbum que redefinió la psicodelia espacial para el siglo XXI de manos de un geniecillo como Jason Pierce, que tantas alegrías nos había dado ya con su obra anterior, incluidos los tan reivindicados Spacemen 3. En su obra cumbre, J Spaceman se pone por fin el traje espacial y sale a vagar por el universo; lanzando ráfagas de rock sideral en “Come Together”, pop progresivo en “I Think I’m in Love”, góspel cósmico en “Cool Waves” y nos sume en la inmensidad con el alma plena gracias a “Stay With Me”. Así da gusto perderse y flotar entre galaxias…

 

16. NICK CAVE & THE BAD SEEDS “The Boatman’s Call” (1997)

Caronte acude a la llamada de Nick. Soy de la opinión de que todos los discos que publicó el australiano en los noventa son sobresalientes, y que “The Boatman’s Call” es el mejor casi a la par con “The Good Son”. El crooner se sienta en un porche en medio del desierto al atardecer a tocar su destartalado piano, dejando de lado las ‘baladas asesinas’ y centrándose más en ‘simples canciones de amor’. Esto, en su universo, significa demoledoras odas hacia el amor más puro que, inevitablemente, está abocado a acabar mal: de la dulzura inicial de “Into My Arms” y la añoranza de “Brompton Oratory”, hasta la desesperación de “(Are You) The One That I’ve Been Waiting for?” y la falsa esperanza de “Idiot Prayer”. Todo ello arropado por la maestría de los Bad Seeds, ya con Warren Ellis a bordo, capaces de sonar delicados y desoladores a la par.