blog de Raúl Rey

Mié, 25 Junio

La resaca festivalera 2014

El tema musical del verano es, como no, los festivales. Un fenómeno tan arraigado ya a lo largo de nuestra geografía que parece que si no vas a un festival como mínimo, no puedas considerarte un melómano. ¿Pero qué ofrecen en realidad los festivales musicalmente?

La cosecha de 2014 en España ha sido francamente, pobre. Y no es cuestión de vapulear a unos frente a otros, es algo generalizado, esta temporada hemos encontrado más que nunca, carteles con el piloto automático, contrataciones que parecen hechas por inercia, con desgana, a sabiendas de un éxito de antemano y desde luego, yendo a lo seguro.

 

Horas bajas, cartel de las rebajas

Sin duda lo que más ha llamado la atención del año han sido clásicos que se desinflan peligrosamente. La tardanza del FIB en anunciar nombres no mejoró demasiado cuando lo hizo. Que los 20 años del Festival de Benicassim sean celebrados con Tinie Tempah, Kasabian, The Libertines o Paolo Nutini como cabezas de cartel, dibuja un panorama descorazonador para la calidad y relevancia musical del festival. Por supuesto encontramos nombres apetecibles y vigentes, pero también rellenazo brit y electrónica de garrafón (qué invento la EDM) que hace años estaba vetada en este tipo de festivales pero que, por otro lado, es la que llena a falta de otra cosa.

Y esto es lo peligroso, que el público parece dispuesto a contentarse con poco. Y la excusa de los ingleses de fiesta barata no siempre vale. Acabamos de sobrepasar un Azkena Rock Festival en horas muy bajas que ha sido un éxito para su modestísimo planteamiento. Unos Scorpions que ya habían girado este año por el país y  Blondie con fecha adicional en Barcelona actuaban como grandes (medianos) pilares de un festival al que parece que se le han escapado nombres por todas partes este año. La fidelidad está bien, pero el público también debe exigir unos mínimos, aunque sea para frenar inercias de comodidad.

 

Auges insospechados y guerras clon

El panorama festivalero es un juego de equilibrios y lo que pierde uno lo suele ganar otro. El gran beneficiado de la pérdida de caché del FIB parece ser el BBK, que ya ha tomado su posición en el itinerario guiri. Tanto es así que ya no necesita grandes reclamos como Radiohead o The Cure. Le vale con el inesperado hype de Black Keys interpretando el tema del negro bailón, unos Franz Ferdinand que aguantan el tirón sin hacer ruido y otros clásicos festivaleros como son The Prodigy. Un cartel muy poco exclusivo que sin embargo ha provocado por primera vez el sold-out total semanas antes de la fecha del festival.

Entre tanto, por levante medran propuestas como el Low Festival o el Arenal Sound que sin riesgo, pero con astucia mezclan las coletillas del indie español sonoramero (Love of Lesbians, Izales, Ferreiros) con internacionales bastante vistos pero queridos por aquí como The Hives, Editors, Biffy Clyro, Placebo y alguna que otra agradable sorpresa. En general se trata de festivales atractivos para quien vive o tiene casa de verano por la zona o para quien se planea unas vacaciones en la playa por esas fechas pero con poco tirón en lo meramente musical.

 

Toros, siesta y festival

Quizá la playa y el buen tiempo resten más que sumen al festivaleo en España. Llevamos años diciendo que la burbuja festivalera explota pero la realidad es que no lo hace ni parece que lo vaya a hacer, más allá de que la mala gestión (y la mala comunicación) acabe con unos y beneficie a otros.

El festival es ya una opción de ocio irrenunciable, un rito veraniego tan arraigado o más que cualquier fiesta patronal y al que parece imposible faltar. Y quien toque queda en segundo plano. Teniendo en cuenta que casi siempre tocan los mismos, no hay mucho riesgo. Al fin y al cabo, ¿qué probabilidad hay de ir a un festival y no toparse con unos Mando Diao o unos Crystal Fighters? En el futuro alguien contará a los nietos que en 2014 podías cruzarte la península saltando de festival en festival con Vetusta Morla en su cartel.