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Reseña: Pony Bravo - De palmas y cacería

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De palmas y cacería
8
8.2



El Rancho [2013]
Productor: Raúl Pérez
Banda: Daniel Alonso, Pablo Peña, Darío del Moral, Javier Rivera

Con sólo dos discos, “Si bajo de espalda no me da miedo (y otras historias)” (2008) y “Un gramo de fe” (2010), amén de una gira casi continua por todo el país y un trabajo visual totalmente idiosincrático, Pony Bravo ya se habían asentado dentro del panorama nacional como todo un rara avis: una banda única, con un estilo muy personal pero permeable; con una sensibilidad especial que les ha hecho llegar a un alto número de público proveniente de distintas esferas.

Con “De palmas y cacería” han, digámoslo de alguna manera, concretado su sonido. El factor sorpresa se ha diluido en una buena parte, pero por otra parece que Daniel Alonso y compañía tienen cada vez más claro qué es lo justo que necesitan para sonar como quieren y contar lo que les parece conveniente. Quizá esto haya supuesto una reducción importante en cuanto a la dicotomía costumbrista-surrealista que encandiló a gran parte de sus seguidores, en detrimento de una cada vez más acusada sátira política y social, aunque siempre dentro de sus muy sui generis parámetros.

Así, “El político neoliberal”, primer adelanto en estudio que conocimos, ya nos anunció esta deriva: un tema muy directo, de fuerte trasfondo latino y bailable que, con sus intransferibles juegos de palabras, va directo a la crítica de la actitud de mucha gente con poder cuyo paso por el mundo de la política y la banca es una mera excusa para corromperse y satisfacer sus vicios personales, sin importarles las repercusiones sobre el resto del mundo.

En paralelo podría decirse que va “Mi DNI”, primer tema que descubrimos en directo. Esta especie de lúcido rapeado-spokenword con voz del bajista Pablo Peña denuncia una actitud similar pero dentro del mundillo del indie: aquel que monta un grupo, se mueve en determinados círculos y tira de contactos simplemente para acabar puesto hasta las trancas y pasárselo bien sin mirar por nada ni nadie.

La avaricia sin contemplaciones y el egoísmo total es el motor de buena parte del disco, decisión comprensible para unos artistas en tiempos en los que vemos que tales comportamientos están llevando a la ruina a medio planeta. En la más ‘convencional’ “Cheney” enfocan en la persona del exvicepresidente de EEUU la obsesión americana por la guerra, con o sin motivo; mientras que en la misma onda, “Eurovegas” critica la creación en la población de necesidades lúdicas con lo monetario como único fin.

Esta última enlaza con el hedonismo sin fin y la falsa sensación de sentirse alguien dentro de una élite de “Ibitza”, uno de los temas más revolucionarios del disco no por sus ripios en italiano, sino por su tono decididamente electrónico y progresivo, que en una buena ironía del destino podría convertirse en todo un hit veraniego dentro y fuera de la isla. Pero si de revoluciones hablamos se lleva la palma “Zambra de Guantánamo”, improbable acercamiento a unos tientos de Beni de Cádiz que, tras un claro tono de denuncia por su propio nombre, se encuentra un festivo tema que convierte en obra de arte una mezcla tan denostada a menudo como es la del flamenco con electrónica.

En los puntuales momentos localistas o costumbristas la banda vuelve a salir de nuevo triunfante. En “Turista ven a Sevilla”, quizá el tema más complejo del conjunto, entrecruzan con una estructura más o menos clásica apuntes flamencos (suenan la guitarra y coros de El Niño de Elche) que acaban diluyéndose en una segunda parte de poso ambient. Por otro lado la humilde “Guajira de Hawaii” es un bonito homenaje a Pepe Marchena cargado de latinidad y nostalgia.

La reiterativa “El mundo se enfrenta a grandes peligros” cierra un conjunto de nueve canciones que en general, y una vez más, se sitúa alto en la cosecha nacional anual. Los sevillanos parecen mantener intacta su capacidad para crear grandes canciones que enlazan músicas inesperadas con letras, eso sí, esta vez más claramente situables. Quizá echemos en falta algo más de ese dadaísmo castizo y sonoro que tocaba nuestro subconsciente de sus primeros discos, y en algunos momentos no nos convenzan del todo sus tiros más directos hacia el zeitgeist global, pero lo cierto es que el Pony Bravo sigue pastando dentro de una cuadra única y sin ladrones a la vista.