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Reseña: Fiera - Aljarafe

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Aljarafe
8
8.3



Humo [2016]
Productor: Darío del Moral, Susana Hernández, Raúl Pérez
Banda: Pablo Peña, Darío del Moral
Notas: Segundo álbum del dúo sevillano, seis años después de su debut

El Aljarafe es una comarca situada al oeste de la capital andaluza, separada de la misma por el río Guadalquivir. Tomares, Mairena del Aljarafe, San Juan de Aznalfarache, Castilleja de la Cuesta... pueblos y ciudades pequeñas que para el imaginario sevillano toman el sentido de 'ciudades dormitorio': lugares plagados de rotondas, plazas duras, urbanizaciones carentes de alma, centros comerciales e Ikeas a los que sólo se va a pernoctar.

Esto último no deja de ser un tópico, al menos en buena parte, pero Fiera lo emplea como un concepto que encaja como anillo al dedo en su discurso sobre la alienación urbana actual. Discurso al que ya dieron forma en su anterior "Déjese llevar" de hace seis años y en el que vuelven a ahondar de manera igual de asfixiante y obsesiva: la vida diaria y rutinaria en adosados o bloques de pisos clónicos situados en hileras en calles clónicas, donde cada vecino es o aspira a ser igual al de al lado por el 'qué dirán', aunque en el fondo el desasosiego y el vacío existencial asome en cada esquina.

"Aljarafe", por tanto, vuelve a ser un álbum incómodo; una brutal crítica a este estilo de vida, por extensión a todo el sistema de vida capitalista occidental, bajo una pátina de humor y surrealismo. En lo estrictamente musical, se alejan del post-punk experimental vía The Fall o Einstürzende Neubauten y dejan un tanto de lado la cacharrería que caracterizaba a su debut para abrazar una electrónica algo más bailable aunque ominosa, en la onda de sus compañeros de sello Fasenuova. Curiosamente, ahora que la banda ha pasado a ser también un dúo, recudido a Pablo Peña y Darío del Moral.

Estos cambios les han valido también para crear un álbum más compacto y cohesionado, perdiéndose algo en frescura y espíritu punk si se quiere. En él nos encontramos con temas como "Tan Agustito", "Grönö" o "Cóncavo convexo", canciones relativamente accesibles por su línea melódica y fuertemente electrónica, aunque sus letras no se anden con chiquitas y vuelvan a abundar sus encendidas soflamas sin ningún tipo de corrección ('me inclino, me la metes, y respiro muy fuerte', o 'te mando un icono, que perro más lindo, que niño más mono, que polla más gorda rellena de botox', por mencionar un par de ejemplos).

Aunque puede que el meollo, al igual que sucedía en su anterior obra, recaiga sobre los temas más experimentales y densos. "César Millán", sobre una (habitual) obsesiva línea de bajo se burla del enfermizo amor de mucha gente hacia sus mascotas; "Valeriana" es una arrastrada y descorazonadora descripción de un ataque de ansiedad por exceso de vida vacía; o "Mono de trabajo", que es una crítica brutal a las actitudes liberales con respecto a la inmigración, el clásico 'yo no soy racista, pero...'.

Al terminar "Aljarafe" te queda, de nuevo, una sensación rara, de mal cuerpo. No parece haber mucha esperanza en el mensaje que quiere transmitir la pareja, y aunque parece que a veces quieran quitarle hierro al asunto recurriendo al humor, otras parece que lo están diciendo totalmente en serio sin ningún tipo de filtro. Esta total sensación de libertad a la hora de comunicar tabúes sociales a flor de piel quizá sea lo más apasionante de Fiera, incluso más allá de la inquietud de su sonido, y lo que lo hace un proyecto tan excitante.