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Crónica: NOS Primavera Sound - Oporto (06/06/2015)

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Era cuestión de tiempo que alguien de la redacción de esta web se dejase caer por la edición portuguesa de Primavera Sound, y este año, con motivo de la actuación exclusiva de Death Cab For Cutie (recordemos que no hubo concierto de lo norteamericanos en la edición catalana) se nos antojó un buen año para dejarnos caer por el NOS, ni que fuese un solo día, para desquitarnos de paso de alguno de los solapes sufridos durante la celebración de su hermano mayor.

De primeras cabe decir que en el festival de Oporto uno recupera cierto aroma del Primavera de hace años. Ese en el que importaban más los conciertos que los modelitos. Aquel en el que uno no tenía tanta sensación de parque de atracciones. De un tamaño mediano mucho más acogedor, y con un recinto, y un sonido en todos los escenarios, inmejorable, el NOS se plantea como una opción clara para todos aquellos que se conformen con un poco menos, y que además deseen disfrutar de ese menos con un poquito más de calidad de vida.

La jornada de sábado, última del festival, la arrancamos con la actuación de Thurston Moore y su pedazo de banda de acompañamiento. El all star del que se ha rodeado el ex Sonic Youth, asegura una contundencia y un saber estar sobre las tablas que hacen crecer de forma notable lo ya ofrecido en su formato de su estudio. Con el escenario ATP como seguro de vida en lo que a nitidez sonora se refiere, la tarde no podía empezar de mejor forma.

Tras ello, y Champions League culé mediante, Damien Rice ofrecía un crudo pero irresistible concierto en uno de los escenarios principales. Acompañado solo de su guitarra y de dos micrófonos, el inglés dejó los arreglos de cuerda para que los disfrutes en casa, y si bien esto podría considerarse contraproducente tratándose de una gran plaza como es el ser cabeza de cartel de un festival, Rice suplió su falta con un coraje y una personalidad digna de los grandes de la canción de autor. Hubo sitio para algún clásico de esos que suenan en películas románticas, pero su actuación se basó sobre todo en su muy notable último disco. Gran sorpresa el directo del inglés, y muy de admirar su solvencia enfrentándose a tal cantidad de público él solo.

Death Cab For Cutie no han sacado su mejor disco en este 2015, y seguramente no es descabellado pensar que tras dos o tres tropezones la banda de Ben Gibbard pasa por un momento creativo que ronda el suspenso. Sin embargo, y esto juega a su favor, en directo la banda ha mejorado notablemente respecto al desangelado concierto que les presenciamos en el Primavera Sound de hace cuatro años. Buenas elecciones en el set list ("I Will Possess Your Heart", "Crooked Teeth", "The New Year", "Soul Meets Body", "Transatlanticism"), un ritmo adecuado que no cayó en lo edulcorado, y una formación de seis miembros que retrata perfectamente algunas de sus mejores composiciones pasadas, son suficientes ingredientes para aprobar con nota a un grupo que aunque parece en caída libre, sigue contando con el beneplácito de fans y no tan fans. Respeto se le suele llamar.

Y si respeto merecen Death Cab, la vuelta de los shoegazers Ride merece casi un monumento. Desde luego no han sido ninguno de los regresos de los grupos encuadrados en este género (My Bloody Valentine, Slowdive, JMC...) sospechosos de haber vuelto para machar su legado, y Ride con un sonido magnifico en el que voces, distorsión y melodías empastaban a las mil maravillas, lograron un estupendo repaso de sus primeras referencias. Dejando sus últimas obras como algo casi anecdótico dentro del set list, no fallaron "Leave Them All Behind", "Seagull" "OX4", y para cuando "Time Of Her Time" nos acercaba a su versión más guitarrera y desbocada, los fans de los ingleses ya rozábamos el refrescante, a esas horas ya, cielo de Oporto. "Vapour Trail" terminaría de rendondear un concierto que terminaría con la extendida "Mouse Trap".

Para el tramo final dos propuestas electrónicas casi opuestas. Por un lado Dan Deacon triunfó con su vanguardista y divertida forma de entender el baile, logrando en un momento meterse al público en el bolsillo con su performance mitad rito chamánico, mitad fuego de campamento.

Tras él, todo unos emblema del baile noventero como Underworld lucharon por convertir el Parque Da Ciudade en una gigantesca rave como las de hace décadas, si bien, todo hay que decirlo, lo lograron solo a medias. Entre que el público portugués (o al menos el del NOS) no es el más fiestero del mundo, y que su dance de otra época suena hoy en día un pelín trasnochado, el fin de fiesta no fue todo lo apoteósico que se podía esperar. Con todo, sus grandes hits lograron hacer moverse a un público más tendente a sentarse en mantas de cuadros (verídico) que al desfase festivalero, y ya solo por ese logro mereció la pena su paso por Oporto.