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Crónica: BIME - Barakaldo (27/10/2017)

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Tras unos días de incesante actividad profesional en forma de jornadas y networking diverso, comenzaba la parte más lúdica del BIME, un BIME Live! de atractivo cartel con un enfoque más acentuado a la electrónica. Con tres escenarios y pocos solapes de los que hacen daño, la quinta edición del festival "indoor" de otoño bilbaino prometía.

Llegamos para ver a Rural Zombies con su electropop con formato de banda de rock, un poco en la onda de sus vecinos de Grises, aunque anglófono y algo más verde. La que hace tiempo está madura es la propuesta siempre hipnótica de la cantautora azkoitiarra Anari. La presencia de su folk-rock de punto inquietante, en esta ocasión con banda, en un festival puede ser controvertida ya que no es el mejor marco para sacar la emoción del espectador. Sin embargo, queda plenamente justificada en el contexto internacional del BIME, al ser una de nuestras voces en euskera más reputadas. En el fondo no tan alejado en referentes, Pablo und Destruktion, también acompañado de banda sacó toda la rabia como émulo español y díscolo de Nick Cave. Gran intensidad para las primeras horas de festival.

Después llegaría una de las sorpresas de la jornada. Apunta el nombre porque los alemanes Meute prometen ser una constante festivalera. Se trata de una 'marching band' de nada menos que 11 personas ataviadas con su rojo uniforme dedicadas a hacer música de baile con tambores, trompetas y trombones. Es decir, muy visual, muy festivo y muy repetitivo, o sea que lo tienen todo para triunfar. Eso sí, un disco en casa no te lo pondrías ni a punta de pistola.


MIEDO Y ASCO EN EL PARLÓDROMO

Contra esto tenía que luchar el veterano Mark Eitzel en el Antzerkia, o sea, el escenario sentado con gradas de estadio. Si bien sobre el papel este escenario y su programación es un lujo dentro del festival, su vocación de "auditorio" queda muy lejos de cumplirse. Las gradas retumban constantemente al paso de la gente, buena parte de la cual va simplemente a sentarse y pasar el rato charlando. Lo cual sería aceptable en situaciones normales, con bandas de rock tocando a volumen alto, pero no con artistas folk. Hay que darle una vuelta a esto. Sacar la barra fuera o controlar los accesos para evitar molestias serían medidas dignas de estudiar. El concierto, sublime e inauditamente magnético de Bill Callahan, fue insufrible en el aspecto cívico del asunto. Gente hablando a gritos, carcajadas, un notas comiendo pipas con sus santos coj... en fin, que no sé si merece la pena traer a primeras figuras del folk alternativo de los 90 para esto.


Bill Callahan FOTO: Oscar Tejeda



En el escenario Thunderbitch y temprano, Royal Blood descargarían su ya conocido rock de estadios al mínimo común denominador. Guitarra, batería, un par de coristas ocasionales y mucha chulería rock con los ecos de siempre a Muse y Queens of the Stone Age. Nos extraña que no tuvieran una posición más relevante en el planning del día, pues eran el supuesto cabeza de cartel del día. Ride, por cuestiones lógicas de carrera discontinuada no ofrecieron un concierto tan sólido, hubo de cal (esos himnos primigenios de reverb a tutiplén) y de arena (los temas lentos y britpoperos más desangelados), pero con todo, completaron una actuación que fue de menos a más.

La banda seminal del ruido industrial a la vez que del post-punk más teatral, Einstürzende Neubauten, fueron una rara avis dentro del Antzerkia. Sin embargo el concierto no fue tan ruidoso como cabía esperar. De ahí que su contraste entre silencio (sexy) y ruidos de planchas de metal, tuberías varias, hierros cayendo, rodillos de acero o ese ya clásico vaso de plástico apareado con un vinilo se viese una vez más deslucido por gente que no tenía otra cosa mejor que hacer que estar ahí contándose la vida. Para que digan los sociólogos que con los móviles la gente no habla, que vengan a un concierto y ya verán. Aunque cayó bis con su carismático "Let's Do it a Dada", el impertérrito Blixa Bargeld tampoco parecía muy contento con la escasa solemnidad del público, que eso sí, jaleaba los ruidos raros como si de punteos se tratara. Se puede decir que el "loloísmo" ha llegado hasta a las propuestas más marginales.

Einstürzende Neubauten
Einstürzende Neubauten FOTO: Tom Hagen



RAVE > ELECTRÓNICA INDIE

La recta final del viernes de un BIME especialmente orientado a la electrónica, la ponían la dupla Orbital / Kiasmos. Ya vimos algo parecido el año pasado con Moderat / Chemical Brothers. El ayer y el hoy de la electrónica. Pues bien, el ayer le pegó un buen repaso al hoy en esta ocasión. Subidos en una gigantesca estructura, Orbital dieron un recital lleno de píldoras de cultura rave. Los beats de techno más gordo y canónico suenan a época, pero de un modo afortunado, mientras que los temas con corte más ambiental bien podrían ser obra de algunas de las luminarias electrónicas de los tiempos modernos. Y sin forzar, los hermanos Hartnoll con sus gafas-led son quizá los más fieles a la escena que les vio nacer. Las comparaciones con sus contemporáneos The Prodigy, que tocarían al día siguiente, estaban servidas de antemano.



Orbital FOTO: Tom Hagen

 

Por su parte Kiasmos, con una fama ya de "el proyecto de Olafur Arnalds para echarse una pachanga" hicieron más o menos lo esperado. Salieron con sus cacharros, pero la sensación de piloto automático fue constante durante todo el show. La pareja le puso más enfasis en alzar las manos, echarse unos bailes y poner poses de estar tocando pads y faders que en realmente hacer que aquello sonara diferente a lo que es pincharte el disco a volumen alto. Pero así han llegado con sólo un disco (acaban de lanzar un continuista EP, que también sonó) a lo más alto de la electrónica hype. Sus canciones lo merecen pero como "live" son un poco los David Guetta del Pitchfork.

Y hasta aquí podemos leer del viernes, una jornada muy cómoda merced a los cerca de 8000 asistentes, parte de los cuales empezarían a desfilar a casa una vez las propuestas de guitarras iban terminando.

 


VER SÁBADO: Exquirla, Melange, The Prodigy, IDLES...