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Niño de Elche – Bilbao (17/03/2017)

Niño de Elche, Raúl Cantizano, Darío del Moral
8.0
Kafe Antzokia, Medio lleno
Precio: 15 / 18

Niño de Elche regresaba a Bilbao para un concierto fuera de gira que, nos imaginamos, será parte de los últimos coletazos de la presentación de su «Voces del Extremo», disco que se encontrara entre lo más estimulante del panorama musical de 2015. El inquieto artista ha hecho otros trabajos en lo musical desde entonces, e incluso su actualidad ahora mismo pasa por esa exitosa confluencia con Toundra en los terrenos del rock progresivo más épico de Exquirla. Pero como parece que va a costar ver a Niño de Elche dentro de esa encarnación musical por el norte, nos conformamos y bien a gusto con volver a verle junto a Raúl Cantizano (guitarra) y Darío del Moral (bajo, teclados), dando cuenta de ese tratado político-musical aclamado por la crítica.

¿Y el público que dice? Pues que, pese a no registrar un sold out en Kafe Antzokia, éste arrojó un notable lleno para un concierto sin telonero y a un precio tampoco muy popular. Podríamos decir, dada la complicidad que se notaba entre los asistentes, que había una mayoría de repetidores y conocedores del denso universo de Francisco Contreras, el nombre de pila que se oculta tras ese cantaor desquiciado que es Niño de Elche.

Hay que estar muy seguro de tu propuesta y de esa citada complicidad para comenzar un concierto con la droneante «Canción del Levantado – Notificaciones», recitando versos libro en mano, dando la primera muestra de la importancia de la gestualidad, casi tanto como la voz yo diría, en su propuesta. El progreso del músico en terrenos experimentales ha sido geométrico y su convicción es envidiable. Y es que Niño de Elche aunque bromista, no es un showman, pero cuenta con una personalidad magnética y unas tablas en las que se nota sus pinitos en el mundo escénico extramusical.

Niño de Elche - Bilbao (17/03/2017) - Niño de Elche

Como ligero apunte negativo, el entusiasmo del músico por los juegos vocales llega a eclipsar el ímpetu más clásico de sus cuerdas vocales. Dicho de otro modo, si en disco hay un tema como «Nadie», dedicado casi exclusivamente a este juguetón y esquizofrénico aspecto vocal, el directo deriva muy a menudo hacia esos recursos, haciendo que pierdan impacto. Igualmente y siendo la segunda vez que esta gira recalaba en Bilbao, se hubiera agradecido alguna sorpresa mayor en el repertorio, algún rescate a «Sí a Miguel Hernández», algún guiño a «Raverdial» o a otros tantos proyectos en los que el músico está involucrado.

No podemos sin embargo objetar nada a ese tecno-cañí de «Estrategias de Distracción», al tropicalismo globalizador de «Mercados» o al machacón ambiente de rave espacial de «Miénteme», que algún día echaremos de menos. Eso por la parte más lúdica. Por la solemne, no se puede sino destacar esa «Canción de Corro de Niño Palestino», absolutamente escalofriante pulso en el que Raúl Cantizano brilla como nunca, creando atmósferas dignas de banda sonora.

Dejó para el final el amor-odio a ritmo de motorik de «Que os follen», dedicada a las buenas para unos y a las malas para otros. Regresó con el arrebato de «Canción de Amor de San Sebastián» en la que se entregó a fondo y culminó con una sorprendente «Quiero ser un Oso Polar», versión de la banda de post-punk suiza Grauzone. Por líricamente naif (al menos en apariencia) y en las antípodas del resto de su repertorio, resulta una elección curiosa, quizá algo rara para cerrar el repertorio en un tono eminentemente lúdico.

 

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17 de marzo de 2017